El Cascanueces del Ballet del Teatro Nacional de Praga


 

Un tradicional y mágico espectáculo de danza, fusión de dos clásicas historias navideñas, El cascanueces de Piotr I. Tchaikovsky y la Canción de Navidad de Charles Dickens, llega al Liceu de la mano de la compañía checa de danza clásica más prestigiosa y antigua.

El coreógrafo Youri Vámos despierta el espíritu de Navidad fusionando en un solo ballet dos de las historias que en Europa presentan como marco escenográfico la mágica noche navideña. Dos grandes cuentos enlazados a través de la potente partitura de Txaikovsky, sensitiva en su remarcable componente melódico y rica de contrastes harmónicos. Un espectáculo que apunta de lleno al público familiar.

Resumen argumental
Acto I
Desde hace ya semanas que los habitantes de un pequeño lugar en las afueras de Londres esperan con ilusión la Navidad. Ha nevado y hace un tremendo frío, pero no parece afectar a nadie en la calle. Mientras se encienden las luces de Navidad, las personas terminan con buen humor los últimos preparativos y los niños juegan con alegría en la plaza. Solo una persona no se deja contagiar por el alegre espíritu navideño Scrooge, el tacaño y desalmado prestamista. Desde la muerte de su socio comercial, Marley, es el único propietario del negocio que aún lleva el nombre de Scrooge & Marley. Lo único que le interesa a Scrooge es el dinero. Es un chantajista y un usurero, un ruin y un avaro. Apenas habla y jamás ríe. ¿De qué se iba a reír? No le interesa la gente y le da igual no gustarle a nadie. Cuando reclama el dinero que ha prestado, se muestra muy frío. No acepta excusas, ruegos ni súplicas. La gente comienza a temblar cuando saca de su bolso el cuaderno donde anota todas las deudas. No duda en absoluto en tal día festivo ir a recordar a su vecino la deuda pendiente.

Su contable, Bob Cratchit, ha intentado sin éxito pedir libre la tarde de Nochebuena; Scrooge no se muestra sensible. Para él, el día de Navidad es un día como otro cualquiera. Al menos, Bob tiene una sorpresa: una nueva bicicleta que muestra orgulloso a su esposa y a su pequeña hija Clara. Además, los tres esperan con ilusión el pavo navideño que los carniceros les habían enseñado. En ese momento aparece Scrooge y empieza a protestar, porque Bob llega de nuevo tarde al trabajo. Para contentar un poco a Scrooge, Bob le regala una guirnalda de adviento. Es la gota que colma el vaso. Lleno de ira, Scrooge lanza la guirnalda al suelo y grita: «¡Al diablo con la feliz Navidad!».

Tras desaparecer ambos en la casa, se oye la marcha de los soldados. Ellos también están hoy de mejor humor, saludan a los habitantes y les desean feliz Navidad. Los niños siempre se alegran ante la llegada de los soldados y sueñan con poder desfilar algún día llevando uniforme. En cualquier caso, ya han visto el saludo y desfilan y bailan en la plaza del pueblo. Pronto los más mayores participan en la danza. La alegría de los niños aumenta cuando el juguetero Drosselmeier abre su tienda. A los niños se les abren los ojos como platos cuando Drosselmeier les enseña los juguetes, un hada de la Navidad y finalmente un cascanueces, que únicamente le gusta a la pequeña Clara. Le hubiera encantado llevárselo.

Scrooge, que ha escuchado el jaleo frente a la tienda de juguetes, se dirige hacia el pobre Drosselmeier. Le echa en cara que debería vender sus juguetes, en vez de enseñárselos a los niños. Así podría pagarle las cuentas pendientes. Furiosamente, el prestamista desaparece de nuevo en su comercio. Bob consuela a Drosselmeier y se ríe de Scrooge. Inicia un baile como si tuviera bolsas de dinero. Con las bolsas de la castañera imita a Scrooge, como si besara su dinero. El juego tiene un final rápido. Scrooge ha aparecido sin ser visto. Agarra con furia a Bob, lo introduce en la casa para despedirlo de inmediato y lo lanza a la calle. El sueño del pavo de Navidad se ha desvanecido.

El carnicero le ofrece un pavo famélico y se toma la bicicleta como pago. La familia inicia con tristeza su vuelta a casa. La pequeña Clara está especialmente triste, porque el regalo de Navidad tan anhelado, el cascanueces, se ha esfumado. De forma desconsolada, Clara le pide al viejo Scrooge que le compre el cascanueces. Pero Scrooge no es la persona adecuada. Con ira, Scrooge destruye el cascanueces. Entonces aparece detrás de la ventana de su oficina su socio muerto. Parece como si Marley regresara del infierno. Scrooge duda un momento y le devuelve a Clara el cascanueces destruido. Los habitantes se encuentran aturdidos y desconcertados ante el viejo hombre. Incluso el policía no puede ayudar, porque también tiene deudas con Scrooge. No hay nada que hacer.

Acto II
Al llegar a casa, Scrooge se deja caer en el sillón y dormita un poco. Grita furioso a los niños que se acercan a su ventana a cantar villancicos navideños. Tampoco ellos consiguen contagiarle el espíritu de la Navidad. Con gran cuidado cierra el armario repleto de dinero y se marcha a dormir. Pero no podrá pasar una noche tranquila. Ya desde el comienzo tiene pesadillas: Marley camina por su habitación y de su armario repleto de dinero comienzan a saltar espíritus que van a devastar su habitación. Desordenan salvajemente los muebles, los vestidos y la ropa de cama y el asustado Scrooge se encoge lleno de dudas en su cama. Finalmente lo arrastran junto con su cama al infierno. Allí, los espíritus lo conducen directamente ante el diablo en persona, y este quiere castigar a Scrooge por sus malas acciones. Cuando el tembloroso prestamista ya lo había dado todo por perdido, aparece el buen Espíritu de la Navidad. Esto no le gusta nada al diablo, porque no tiene ningún poder contra él y desaparece ofendido.

El Espíritu de la Navidad, que ha liberado a Scrooge del infierno, le ayuda a reparar todas sus acciones. Lo primero que hace Scrooge es arreglar el cascanueces y regalárselo a la pequeña Clara. Cuando coge el regalo entre sus brazos, el cascanueces se transforma en príncipe. Scrooge mira conmovido lo afortunados que marchan ambos, tan felices que hasta los copos de nieve empiezan a bailar. Scrooge también quiere hacer regalos al resto de los niños. El Espíritu de la Navidad le ayuda a transportar un trineo lleno de regalos. Proceden de todos los países y los niños también bailan con alegría en torno a Scrooge. Este se siente rebosante de gozo.

De repente, se levanta y comprende que todo era un sueño. Pero está decidido a ser otro hombre, no solo en sus sueños, sino también en la realidad. Se viste con rapidez y pide a tres niños de la calle que entren en su habitación. Da a cada uno algo de dinero y pide al primero que vaya a por el pavo de Navidad, al segundo que vuelva a comprar la bicicleta al carnicero para Bob. Al tercero, lo envía a la tienda de Drosselmeier, para comprar el cascanueces y cumplir el deseo de la pequeña Clara. Los tres chicos llevan los regalos a la familia Cratchit. Clara apenas puede creer lo que tiene entre las manos. Scrooge pasea por la plaza del pueblo y lanza a lo lejos ante los asombrados ojos de los habitantes la libreta con todas las deudas pendientes. Así que al final hay una fiesta de Navidad muy feliz, y ahora todos están felices, incluso Scrooge. Ballet del Teatro Nacional de Praga

Nutcracker – A Christmas Carol – Nikola Márová and students of The National theatre Ballet Prepa

 ©2012 Danza Ballet

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