¿Qué encontramos en la danza contemporánea que simple y sencillamente no existe en las otras danzas?
El bailarín de danza contemporánea, el ejecutante, se convierte en un alquimista del tiempo, que lo desgrana a medida que su cuerpo traza las historias que deba ejecutar en el escenario.
Y si es únicamente una sola, tan sólo un pretexto, más meritorio: La danza como contemplación de la vida.
¿Por qué nos gusta la danza contemporánea? La respuesta es difícil, hábil para deslizarse como agua entre los labios: Ya sólo deletrear la palabra d-a-n-z-a-, con todos los movimientos que la lengua debe hacer, implica cierta inquietud. ¿Qué encontramos en la danza contemporánea que simple y sencillamente no existe en las otras danzas (después de todo, no nos escandalicemos, pues en el fondo de esa pregunta habita una sola pulsión, un ímpetu, lo largo de una exhalación)? Quién sabe, pero lo cierto es que para nuestras inevitables necesidades ha sido más que útil: Prioritaria. La vida es fascinante cuando nos detenemos, con la vista aleteando, frente a un cuerpo que aparece y desaparece, que se hace y se deshace, ante la mera presencia de ese invitado permanente que es el tiempo. La danza nos permite atisbos menos rígidos hacia otras latitudes, otros espacios, distintos trazos. El bailarín de danza contemporánea, el ejecutante, se convierte en un alquimista del tiempo, que lo desgrana a medida que su cuerpo traza las historias que deba ejecutar en el escenario. Y si es únicamente una sola, tan sólo un pretexto, más meritorio: La danza como contemplación de la vida.
Por tal motivo, quienes hemos disfrutado de la danza contemporánea desde ese privilegiado lugar que otorga el ser espectador debemos congratularnos por lo que hay…pero también ya es necesario exigir más. Los ejecutantes, coreógrafos y demás involucrados en el quehacer dancístico deben digerir que su arte ya no es nada más disfrutado por sus pares o similares: La danza contemporánea ha ganado público, si bien es cierto que no todavía el que merece. Hay que aceptar, también, que los medios de comunicación no han sabido estar a la altura o, para decirlo de otra manera, no han facilitado la difusión y divulgación de este arte por situaciones que, la neta, darían risa o enriquecerían el anecdotario del libro de los absurdos. Pese a ello, hay danza contemporánea.
Existen grupos y artistas cada vez más comprometidos e interesados en seguir rasgando las vetas de esta fascinante pared creativa e inagotable que es el cuerpo humano. Igualmente, cada vez son más los artistas de otras disciplinas -concretamente la fotografía, el video, el teatro, el cine, la literatura, la música y el sonido (whatever that means)- los que participan y se involucran en proyectos dancísticos, que terminan siendo auténticos performances multidisciplinarios, lo que aumenta las consecuencias y efectos de lo que es el mero acto de bailar. Fragmento de la nota publicada en El Informador