Limón Dance Company
La nobleza y el magnetismo de Limón podrían ser comparados con las de su colega y contemporáneo, Rudolf Nureyev, quien en sus últimos años bailó la obra de Limón inspirada en Otelo, The Moor’s Pavane.
Regresa el hijo pródigo
Antes de que el lenguaje mismo fuese inventado, el hombre sintió la necesidad supremamente instintiva y la capacidad de bailar. Hay una danza para cada experiencia humana. Todas las alegrías, penas, dudas, terrores e incertidumbres de la vida moderna son nuestra inspiración. Ahora, sabemos que no todo esto es placentero. Por consecuencia, con frecuencia tratamos temas serios y hasta trágicos. Para hacer esto, tuvimos que desarrollar un nuevo vocabulario de gesticulación y movimiento.
Esa voz fuerte y articulada le pertenece a José Limón, un hijo de Los Ángeles cuya carrera de 40 años como uno de los más importantes bailarines y coreógrafos de la danza moderna fue truncada por cáncer en 1972. La nobleza y el magnetismo de Limón podrían ser comparados con las de su colega y contemporáneo, Rudolf Nureyev, quien en sus últimos años bailó la obra de Limón inspirada en Otelo, The Moor’s Pavane. Como pionero de la coreografía de la danza moderna, Limón examinó sin titubeos los problemas más espinosos, utilizando un lenguaje muy corporal y visual para ilustrar los estados emocionales más intensos. Este tipo de arte dejó de estar en boga mientras Limón todavía estaba vivo, pero su compañía ha perdurado porque el humanismo trascendental de Limón todavía conecta con el público de hoy.
Los Ángeles puede recuperar a su hijo pródigo este fin de semana, con las actuaciones en el Music Center de la Limón Dance Company. La carrera de Limón ocurrió en la ciudad de Nueva York y —porque él fue extremadamente reacio, si no definitivamente vago, sobre su juventud en Los Ángeles— es poco sabido que este gran artista creció aquí y que se graduó con honores de la escuela secundaria Abraham Lincoln en 1926, y que estudió arte un año en UCLA.
Limón Dance Company in Psalm choreographed by Jose Limón. Photo by Beatriz Schiller.
El padre de José Limón, un músico, trajo a su familia al norte en busca de un ambiente estable alrededor de 1915. La Revolución Mexicana había hecho las cosas imposibles en su hogar en Culiacán, Sinaloa. Al llegar a Los Ángeles a los 6 años —veterano ya del caos, la violencia y la muerte— Limón era un alma tímida perdida en la gran ciudad. La familia se mudó varias veces en los vecindarios de inmigrantes. Su aislamiento aumentó cuando su querida madre murió en el parto de su decimotercer hijo (sólo seis sobrevivieron). Aislado de su padre y destruido por la pérdida de su madre, un Limón rebelde se embarcó en un viaje en solitario que duraría toda su vida.
En la secundaria Lincoln, Limón, un estudiante brillante, había mostrado talento para dibujar y pintar. Se movía en un círculo de hombres jóvenes, todos artistas autodidactas como él, que se identificaban con el izquierdismo bohemio del Este de Los Ángeles. Al acompañar a sus amigos a Nueva York a los 19 años, Limón rechazó a Los Angeles como una tierra culturalmente árida a la cual nunca regresaría. Posteriormente se reinventaría como un “José Limón mexicano”, prácticamente eliminando a Los Ángeles de su biografía. En un invierno particularmente duro en Manhattan, donde trabajaba de conserje, Limón desistió de su futuro como pintor. Un encuentro fortuito en 1929 con la danza moderna (una amiga le compró un boleto) cambió el mundo de Limón. El sensible pero reprimido joven se identificó tan poderosamente con la forma de expresión no verbal, que sintió que había encontrado su camino. Se inscribió en clases la semana siguiente y tres meses después hizo su debut profesional como bailarín.
Durante los siguientes 15 años Limón fue solista de la compañía de danza Humphrey-Weidman, en ese entonces uno de los principales grupos de Nueva York.
Limón Dance Company in The Unsung choreographed by Jose Limón.
Limón lidió con los retos de la danza moderna y no siempre exitosamente. Comenzó tarde, a los 19 años, y había sido corredor de distancia, lo cual le endureció los músculos de las piernas que, para la ejecución de la danza moderna, deben estar sueltos y flexibles. La solución fueron largas noches de ejercicios de estiramiento en estudios de danza sin calefacción.
El haber crecido en un hogar mexicano tradicional, con su modestia y formalidad, hacían traumática la exhibición de su cuerpo en las vestimentas ajustadas de la danza. Pero algo más fuerte lo impulsaba: el público de Nueva York nunca había visto algo como Limón —un bailarín masculino alto, fornido y apuesto con un toque exótico. La adoración del público ayudó a mitigar su sensibilidad. Producto de la cultura machista, Limón no solamente había escogido trabajar en un campo dominado por las mujeres sino que, además, era homosexual. Escogió también una carrera en la cual la pobreza era prácticamente una garantía y que no iba con su ética mexicana de trabajo: no podía contribuir con su salario al bienestar de su familia en Los Ángeles. Pero ninguno de estos contratiempos, conflictos o tormentos lograron despistarlo del baile… o de hacer bailes. Al regresar a Nueva York en 1946 tras el servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial, Limón lanzó su propia compañía con su mentora Doris Humphrey como directora artística. Desde esa plataforma Limón crea una obra de unos 70 bailes, incluyendo cuatro piezas maestras: The Moor’s Pavane, There Is a Time, A Choreographic Offering, y Missa Brevis (parte del programa que la compañía ofrece este fin de semana en el Music Center).
Es importante señalar que la primera danza para grupo que Limón creó para su compañía fue, en 1949, La Malinche, basada en la historia de la amante y traductora de Hernán Cortez. Con frecuencia Limón se inspiró en temas mexicanos, tratando de exponer y educar al público estadounidense sobre la historia y la cultura latinoamericana. Otras piezas similares fueron Danzas mexicanas (1939), Ritmo jondo (1953), y Carlota (1972). En 1951 el artista mexicano Miguel Covarrubias, entonces director de la Academia de la Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, invitó a Limón a Ciudad de México, donde fue recibido como un gran artista y pudo codearse con las más destacadas figuras del ámbito cultural mexicano. Hacía 35 años que había abandonado el país. En este período Limón creó varias danzas con música de Carlos Chávez y escenografía de Covarrubias; una de ellas se basó en Los cuatro soles, una pieza sinfónica masiva sobre el mito azteca de la creación. De estas piezas la única evidencia que existe es la fotográfica. Recordaré, una pieza nueva del coreógrafo angelino Lar Lubovitch, rinde homenaje a las piezas perdidas de este periodo de Limón en Ciudad de México.
“El alto nivel emotivo de José me habla directamente a mí”, dice Lubovitch, quien estudió danza moderna con Limón en la escuela Juilliard en los años 60. “Los sentimientos son mostrados como lo que son, sin las técnicas de ironía o cinismo, que distancian. La danza moderna hoy está sujeta por una ironía que, pienso yo, es sobreestimada”. El bailarín de San Diego Pablo Ruvalcaba hizo la secundaria en Tijuana y también estudió en Juilliard. El bailará el papel principal en la Missa Brevis de Limón este fin de semana en Los Ángeles. “Nadie está creando piezas con el contenido pasional de Missa”, dice Ruvalcaba. “La oportunidad de bailar el papel inolvidable del Forastero [The Outsider] en Missa es mi razón para quedarme en la compañía”, añade, refiriéndose a un solo conmovedor que es considerado un momento fundamental en la obra de José Limón.
Limón Dance Company in Psalm choreographed by Jose Limón. Photo by Beatriz Schiller.
Missa Brevis, puesta a música compuesta durante la ocupación nazi de Hungría por el compositor Zoltán Kodály, trata sobre la reconstrucción europea después de la guerra y fue inspirado por un viaje de Limón a Polonia. Pero Ruvalcaba dice: “Yo encuentro en ella un misticismo casi mexicano. Está en la humildad y el respeto, la aceptación de Dios, a la misma vez que el desafío sobre la condición humana”.
“José aceptaba su mexicanismo, lo absorbía y lo llevaba a otro nivel. Fue creador de obras que verdaderamente le hablan a toda la humanidad”. Carla Maxwell, antigua bailarina principal de Limón y ahora directora de la compañía, está de acuerdo: “José se veía a sí mismo absolutamente como un estadounidense. Sirvió en el ejército y creó un baile de protesta sobre los juicios de McCarthy, The Traitor (1950), mientras estaban sucediendo, no 50 años después”, dice. “La Limón Dance Company fue la primera en visitar Asia, Europa y Sudamérica como parte de un programa de intercambio cultural del Departamento de Estado. Representó a nuestro país en el más alto nivel y bailó en la Casa Blanca para el presidente Lyndon Johnson”.
“Por otro lado”, añade, “la obra de José Limón trasciende raza y nacionalidad. El coreografió sobre la humanidad en el nivel más profundo: el significado de estar afuera y ser un extranjero, el significado de contradecir su propio destino y lo que significa el no tener nada más que ofrecer al mundo que su propia autoestima como ser humano. Este tipo tuvo cualquier excusa y razón para abandonar la sociedad y cada día de su vida decidió hacer lo contrario. El contribuyó”.
Por Debra Levine www.laopinion.com
Jose Limón. Photo 1965 Martha Swope from Encyclopedia Britannica Online
en Danza Ballet