Serguei Diaghilev


Diaghilev, Serghei  (1872-1929) – La aventura del arte nuevo.

Diaghilev fundó los Ballets Rusos y se rodeó del talento de los más notables creadores de vanguardia. Pintores como Picasso, diseñadores como Leon Bakst y Alexander Benois,  compositores como Debussy, Ravel, Falla y Prokofieff, bailarines y coreógrafos como Vaslav Nijinsky,  Anna Pavlova y  Tamara Karsavina, coreógrafos como Fokine,  Balanchine y Massine, escritores como Jean Cocteau,  formaron parte de su equipo de trabajo.

Por Lisandro Otero*

Ricardo Wagner concibió una nueva forma de arte, síntesis de todas las demás. La ópera no era para él solamente un vehículo de expresión musical sino debía contener elementos dramáticos, históricos y filosóficos. El drama musical debía ser construido en torno a las emociones y debía transportar una exaltación de las impresiones sensibles que conmueven a los humanos. No era el único que opinaba así. Isadora Duncan realizó sus estudios de la estatuaria griega y así imaginó una nueva forma de arte mezcla del libre flujo del movimiento, unido a la poesía, a la música y al  ritmo teatral. Esas preocupaciones estaban en el propósito inventivo de  muchos  creadores al iniciarse el siglo XX. Quizás quien más avanzara en ese camino fue Serguei Diaghilev que unió a escritores, artistas, compositores y diseñadores en la creación de un nuevo género.

Encargó al compositor, Igor Stravinsky, la partitura de una  obra, /El pájaro de fuego,/  que tuvo su estreno el 25 de junio de 1910 en la Ópera de París. A los tres minutos de haber comenzado  el público comenzó a inquietarse y empezaron los gritos, silbidos y  carcajadas. El escándalo ascendente no arredró al director Pierre Monteux, quien se mantuvo batuta en mano conduciendo a la orquesta. El compositor Camille Saint Saens abandonó la sala protestando ruidosamente pero Maurice Ravel se puso de pie y comenzó a congratular al autor con gritos de “¡Genial, genial!” Mientras esto ocurría Diaghilev, en persona, comenzó a encender y apagar las luces del teatro en un esfuerzo por controlar la batahola y el propio Stravinsky, que se encontraba en el foso de la orquesta, abandonó la sala iracundo. Entre telones Nijinsky continuaba marcando el ritmo a gritos para que los bailarines no perdiesen el compás, ya que el escándalo apenas permitía escuchar a la orquesta.

Tras la protesta, los autores se reunieron en un restaurante y Stravinsky, aún colérico, escuchó con asombro que Diaghilev manifestaba a sus auditores que eso era precisamente lo que él, quería, la respuesta que estaba buscando. No andaba desencaminado. En los siguientes días los periódicos destrozaron la obra pero algunos vieron más allá del incidente y el crítico de /Le Figaro /adelantó que quizás la velada transcurrida marcaría un instante histórico en la historia de la cultura. Así fue. En siguientes representaciones un público más comprensivo se fue abriendo paso y el ballet terminó imponiéndose como uno de los hitos del arte nuevo.

Diaghilev fundó los Ballets Rusos y se rodeó del talento de los más notables creadores de vanguardia. Pintores como Picasso, diseñadores como Leon Bakst y Alexander Benois,  compositores como Debussy, Ravel, Falla y Prokofieff, bailarines y coreógrafos como Vaslav Nijinsky,  Anna Pavlova y  Tamara Karsavina, coreógrafos como Fokine,  Balanchine y Massine, escritores como Jean Cocteau,  formaron parte de su equipo de trabajo.

Su tarea fundamental fue revitalizar el ballet apartándolo de tradiciones, rituales fatigados y procedimientos arcaicos. Tras graduarse en la carrera de Leyes intentó ser compositor pero el propio Rimsky Korsakov lo disuadió de proseguir en un camino para el cual no estaba audiblemente dotado. Se le abrió la posibilidad de ser un mecenas, allegar voluntades, convertirse en un promotor. Editó una revista de arte, se convirtió en curador de exposiciones para museos, organizó conciertos. En 1908 obtuvo que la Ópera de París montara el Boris Godunov, de Moussorgsky, con Fiodor Chaliapin en el papel principal. Ello lo acreditó como empresario. Conoció a Fokine y a Leonid Massine quienes lo ayudaron a orientar sus capacidades organizativas hacia el ballet. Tras el golpe publicitario sensacional dado con /El pájaro de fuego /ya Diaghilev no tuvo mayores dificultades en obtener contratos y conseguir inversionistas. Llevó su compañía en giras por todo el mundo y ayudó a afianzar el arte nuevo.

Eran los años en que comenzaba el surrealismo en literatura y el cubismo en arte. El universo circundante ya no fue representando tal como era sino como lo veía el artista que lo interpretaba. Otro impacto significativo se produjo cuando el poeta Guillaume Apollinaire comenzó a mostrar piezas  de arte negro a sus amigos artistas. La visión deformante y creativa de la figuración  primitiva abrió otro capítulo de las posibilidades que se desplegaban ante  quienes estaban dispuestos a llevar adelante  la transformación de la apariencia.  Con la fundación del cubismo se produjo la auténtica revolución de las artes plásticas que marca  los últimos cien años. El surgimiento del surrealismo inició la exploración  del subconsciente y la creación automática.

En esa aventura de la creación la figura de Serguei Diaghilev ha quedado como uno de los fundadores de una nueva manera de expresar las emociones, de revestir la forma, de romper las usanzas anquilosadas y abrir nuevas vías a las manifestaciones artísticas.


*Escritor y periodista cubano. Director de la Academia Cubana de la Lengua.
Premio Nacional de Literatura.

 

Serguei Diaghilev

Serge Diaghilev, de Valentin Serov 

 

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