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Danza Ballet

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Ballet de la Ópera de París, La Bayadera

BECAS AIE - ABIERTO EL PLAZO PARA LA NUEVA CONVOCATORIA
Museo Universidad de Navarra - DOOUBLE BACH - Compañía Antonio Ruz
10 Marzo, 2012
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Isis Wirth
Nacionalidad: Cubana Ocupación: Crítica de ballet. Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza. Ver más información

La Bayadera: la magia de un nombramiento de étoile y la que le corresponde a la versión de Nureyev.

La temporada de “La Bayadera” de Rudolf Nureyev, veinte años después de su creación en 1992, se inició en la Ópera Bastille el 7 de marzo y se extenderá hasta el 15 de abril. Como ya se ha comunicado y escrito, en esta première fue nombrado danseur étoile Josua Hoffalt, intérprete de Solor. Junto a él, bailaron las danseuses étoiles Aurélie Dupont como Nikiya y Dorothée Gilbert como Gamzatti.

La versión de Nureyev de la obra de Marius Petipa, posee una significación especial tanto para el bailarín y coreógrafo de origen tártaro, como para el Ballet de la Ópera de París.

Fue en la primera gira a Occidente del Kírov de Leningrado, cuando en la primera función en la Ópera Garnier el 19 de mayo de 1961, Nureyev baila el acto de las Sombras… introduciendo la variación de “El Corsario”. (Konstantin Sergueiev, el director del Ballet Kírov, le había pedido a Nureyev esa misma noche que introdujera un solo antes de las variaciones de las tres Sombras y le dejaba que lo escogiera.) Más tarde, cuando la compañía retomó el acto de las Sombras en el Palacio de los Deportes, Nureyev volvió a la entrée de Solor que Vakhtang Chabukiani había agregado en su revisión de 1941.

Y con ese acto de las Sombras, el 19 de mayo de 1961, Occidente veía “La Bayadera” por la primera vez.

Como sabido, Nureyev pidió el asilo político en Francia cuando el Kírov partía en el aeropuerto de Le Bourget rumbo a Londres y él iba a ser enviado de vuelta a la Unión Soviética.

La primera versión coreográfica de Nureyev sobre Marius Petipa fue justo el tercer acto, el de las Sombras, presentada en 1963 para el Royal Ballet de Londres, con él como Solor junto a Margot Fonteyn. Luego, en 1974, esta versión se incorporó al repertorio del Ballet de la Ópera de París.

Y el último trabajo coreográfico de Nureyev fue la versión en tres actos de “La Bayadera”, estrenada en la Ópera Garnier el 8 de octubre de 1992. Fue la última vez que se le vió sobre una escena, cuando salió a saludar, visiblemente marcado por la enfermedad. Murió el siguiente mes de enero.

Le quiso legar al Ballet de la Ópera de París uno de sus sueños más caros, su visión de esta obra. Fue su regalo de adiós: contrariamente a otras versiones suyas, su “Bayadera” sólo puede ser bailada por la compañía parisina.

Es uno de los tesoros más preciados que se puedan poseer, pues Nureyev (asistido por Ninel Kurgapkina –su partenaire en Leningrado-, entre otros) retomó con fidelidad integral la bien guardada tradición en el Kírov.

Eso sí, en el acto de las Sombras Nureyev introdujo un solo para el personaje masculino, antes de las variaciones de las tres solistas. En realidad, este solo, con tours fouettés-attitudes en l’air, es un desplazamiento de una variación de Chabukiani en el segundo acto, que a su vez pertenecía originalmente a un pas d’action del cuarto acto. (Éste, el de las bodas de Gamzatti y Solor, en el que el templo se desploma producto de la ira de los dioses, dejó de representarse desde 1919. Por problemas técnicos y por los de salud de Nureyev, el coreógrafo lo desechó para su “Bayadera”. La “reconstrucción” de Serguei Vikharev para el Mariinski en 2002, sobre la notación en el sistema Stepanov, restituye el cuarto acto.)

También, en el acto de las Sombras, remplazó el vals del ensemble por otro, que encontró dentro de la propia obra; e invirtió el orden musical de las variaciones de las tres solistas. Introdujo una “danza de indios” y le “regaló” (como era su costumbre para “dar de comer” a los bailarines) a Solor un final con manège de tours de doubles assemblés…

De manera que los dos primeros actos siguen en la tradición del Kírov, en la línea de Petipa y los añadidos y versiones posteriores. Se encuentran: la danza de los puñales de los fakires en el primer acto; un adagio para Nikiya con un esclavo, agregado por Konstantin Sergueiev para Natalia Dudínskaya en el primer acto; la presencia de los “negritos”; las danzas de los abanicos y los loros; la danza “manu” y la “india”; la variación del Ídolo dorado en el segundo acto, coreografía de Nikolai Zubkovski en 1948; la coda de Nikiya con el cesto de flores.

(No obstante, creó baile para los amigos de Solor en el primer acto, donde el rajá, que antes eran sólo figurantes.)

Y mantuvo la “parafernalia” del elefante, el tigre que caza Solor, y los palanquines en los que arriban el rajá y su hija Gamzatti. ¿Puede alguien imaginarse a “La Bayadera” de Nureyev sin ese elefante enjoyado sobre ruedas, del que desciende Solor?

La escenografía de Ezio Frigerio y el vestuario de Franca Squarciapino son, como sabido, magníficos, suntuosos.

Nureyev regresó a la partitura y la orquestación originales de Ludwig Minkus, con el aumento de compases de enlace, compuestos por John Lanchbery. Nureyev aprovechó su vuelta al país natal en 1989 para buscar la partitura original. Faiçal Karoui, al frente de la Orquesta de la Ópera nacional de París, extrajo con suavidad pero no sin apasionamiento lo mejor que puede otorgar la partitura de Minkus.

-La magia de la noche.

Ya me referido en DanzaBallet, asi como fue comunicado por demás, que en la noche de la première Josua Hoffalt fue nombrado danseur étoile. El nombramiento de una étoile, es uno de los grandes momentos, solemnes, en el Ballet de la Ópera. Así, la noche permanecerá como mágica. También, porque la atmósfera respiraba el acontecimiento, a lo largo de los tres actos. Y otra suerte de magia habitó asimismo a la sala de la Bastille: la de palpar a la tradición de Petipa de la mano de un hijo glorioso del Kírov, Nureyev, en las piernas de la que, en definitiva, fue su compañía.

Una espiritualidad cierta –no tiene que ver con la metafísica del acto de las Sombras- emana siempre de “La Bayadera”, sea que se represente en Garnier o en Bastille. Será acaso porque está imantada por toda esa aura de las circunstancias de la obra en relación con Nureyev, París y el Ballet de la Ópera.

Pero esas vibraciones que se desprenden, no pudieran concretarse sin el desempeño de los intérpretes; last but not least, el del cuerpo de baile femenino, las 32 sombras sobre las que recae expresar ese más allá absoluto. Cuando comienza la primera sombra a descender la rampa, ya el silencio sagrado se ha instalado. Las 32 almas de las devadasis muertas (dejo para una próxima ocasión en la temporada el referirme a lo que “La bayadera” le debe a “Giselle”), fueron de una sincronización sin falla.

Tanto Yann Saiz como el Bramán y Stéphane Phavorin como el Rajá acusaron fuerte proyección teatral. A destacar al Fakir de Allister Madin, y al singular Emmanuel Thibault en el Ídolo dorado, cuidadosamente maquillado en consecuencia (pienso que necesita varias horas, previas a la representación, para que todo su cuerpo literalmente refulja): de esta manera, no hay Ídolo más “dorado” que él.

Los amigos de Solor estuvieron impecables. Menciono a Yannick Bittencourt, aun si merecen ser nombrados todos.

El peso que portaba sobre sí Josua Hoffalt era considerable. Sabía que podía ser nombrado étoile, pero nunca se sabe exactamente en qué espectáculo. Pudo haber sucedido en la temporada anterior de “Cendrillon”, pero se lesionó. Y, sobre todo, se trataba de su “prise du rol”, es decir, bailaba Solor por la primera vez.

Se impuso con elegancia, nobleza, virilidad, una autoridad natural. Sus elevación, su ballon, su bella línea, sus giros, hicieron el resto. Los augurios de la carrera de este danseur classique son inmejorables.

La danseuse étoile Dorothée Gilbert, virtuosa como Gamzatti arrancó no pocos aplausos (si bien el héroe de la noche fue Hoffalt), especialmente en el pas de deux con Solor en el segundo acto. En la coda, ejecutó fouettés en dedans para pasar a los en dehors, y cerró con doble.

Había pensado que su temperamento suave y “lírico” acaso no se avenía con Gamzatti, la determinada rival de la bayadera. No obstante, optó por mostrarse seductora y acusó la violencia requerida. Fue ciertamente la rival de Nikiya.

No dudo en calificar de diva a la danseuse étoile Aurélie Dupont, la Nikiya de Hoffalt. Sobre la escena, ostenta varias de las características que podemos decir, aun si intangibles, son la materia de la que están hechas las “divas” del ballet, una especie de sueño. La manera en que “despeja” una variación (aun si pareció fatigada en algunas), desplazamientos vibrátiles sobre las puntas, acentos en los pies, en cada flexión. Podría detener el tiempo con un port de bras, su intensidad plástica es notable. Posee la cualidad de que un gesto o una pose final se impriman en la memoria. Y en los portés, los lifts, parece deshacerse en el aire.

Uno de esos instantes que recordaré fue el de la muerte de Nikiya, tan similar a la de Giselle, a la que Dupont le insufló una particular espesura trágica.

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Josua Hoffalt
Ballet de la Ópera de París, La Bayadera ©Agathe Poupeney/ Opéra national de Paris

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Aurélie Dupont y Josua Hoffalt
Ballet de la Ópera de París, La Bayadera ©Agathe Poupeney/ Opéra national de Paris

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Ballet de la Ópera de París, La Bayadera ©Agathe Poupeney/ Opéra national de Paris

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Aurélie Dupont y Josua Hoffalt. Ballet de la Ópera de París, La Bayadera
©Agathe Poupeney/ Opéra national de Paris

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