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Danza Ballet

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Ballet de la Ópera de París


1 mayo, 2007
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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Lección de danza.

Si bien en los últimos años el Ballet de la Ópera de París optó por incorporar un lenguaje coreográfico de vanguardia que, en ocasiones, dio la impresión de que los bailarines estaban perdiendo su tiempo –y, sobre todo, su entrenamiento–, la última presentación de 2004 en la Ópera Garnier demostró todo lo contrario.

Si bien en los últimos años el Ballet de la Ópera de París optó por incorporar un lenguaje coreográfico de vanguardia que, en ocasiones, dio la impresión de que los bailarines estaban perdiendo su tiempo –y, sobre todo, su entrenamiento–, la última presentación de 2004 en la Ópera Garnier demostró todo lo contrario. Con apenas tres creadores (Francine Lancelot, Trisha Brown y William Forsythe), la compañía presentó una muestra de lo más valioso de la producción coreográfica actual, mejor puesta en valor por los contrastes de estilo de cada coreógrafo: el barroquismo posmodernista de Lancelot; la incesante renovación de Trisha Brown, “post-modern” una vez; el neoclasicismo fragmentario de Forsythe.

Interesante también, como estos contrastes son complementarios entre sí: un coreógrafo (Forsythe) que alguna vez se dijo vástago de Balanchine, pero que todavía halla en los bailarines clásicos a sus intérpretes ideales; una ” contemporánea” neta (Brown); una “arqueóloga” (Lancelot) de la danza barroca, origen del actual lenguaje clásico que Forsythe se complace en “deconstruir” y llevar a límites vertiginosos, aun si la visión con que Lancelot abordó los bailes cortesanos del siglo XVII fue doble, como un Janus de la danza que mirara al pasado y al futuro.

Fue la pasión de Francine Lancelot (1929-2003) por la historia de la danza y por los antiguos sistemas de notación coreográfica, la que hizo que redescubriera la danza barroca. Este hallazgo que Lancelot supo transmitir y que se convirtió en los años ’80 –en Francia– en la compañía Ris et danceries, es todavía hoy una referencia en la danza francesa de las últimas décadas.

La obra presentada en esta ocasión, “Bach-Suite” (sobre la “Suite N° 3 para violonchelo), se originó por un pedido de Rudolf Nureyev a Lancelot en 1984. Esta “Suite” –preludio, allemande, courante, sarabande, bourrée y gigue– fue coreografiada doblemente, pues cada uno de los movimientos constó de dos partes: la primera, debida a la propia Lancelot, al servicio de la escritura de Bach; la segunda, fue el dominio de Nureyev, quien improvisaba en un estilo libre o haciendo citas de la historia de la danza.

Cuando en 2003 la Ópera de París realizó un homenaje a Nureyev, Lancelot montó de nuevo “Bach-Suite” para Kader Belarbi, “danseur étoile” y coreógrafo, a su vez improvisando en cada segunda parte.

Sin dudas, el éxito de la “Suite” con Belarbi entonces, motivó el que se programó el año pasado a finales de diciembre. Propuesta que debería incluirse con más frecuencia en otras temporadas. Belarbi no es ni el epígono ni la evocación de Nureyev. Es grande por sí mismo. Sabio bailarín, no sólo demuestra una comprensión interior de la rigurosa danza barroca de Lancelot, sino que como coreógrafo evidencia lo que puede aportar a la “bella danza”, sin ruptura estilística abrupta con este baile altamente codificado, pero al mismo tiempo, muy contemporáneo.

De Trisha Brown, dos títulos. Uno, “Glacial Decoy”, completamente en silencio, para cinco bailarinas, con fotografías y diseños de escenografía y vestuario de Robert Rauschenberg, que creó para su compañía en 1979 y que la Ópera de París baila desde hace un año. La fluidez con que Brown une las frases, y el acento en líneas redondas y concéntricas, hacen que no se eche de menos a la música.

El segundo título, un estreno absoluto, solicitado por la Ópera, lo mismo que la música de este ballet, firmada por Laurie Anderson: “O zlozony/ O composite”, sobre el poema “Oda a un pájaro” del polaco Czeslaw Milosz, Nobel de Literatura (1980).

El poema, recitado en su lengua original, alude a la anatomía del ave en movimiento, descompuesta en secuencias. Ritmo poético que se tradujo al musical, el resto, para la coreógrafa, fue cuestión de seguir esta cadencia. Inteligencia coreográfica esencial, más allá del lenguaje. Y qué bien servida por tres intérpretes de lujo, todos “étoiles”: Manuel Legris, Nicolas Le Riche, Aurélie Dupont. Del mismo modo que los bailarines parecían elevarse, como aves míticas, a la estratosfera, los espectadores, de la mano de ellos, creían que alcanzaban el cielo, en cuanto a los sentidos se refiere.

¿Qué más se le puede pedir a una obra de arte?.

Al final del espectáculo, Brown recibió de manos del ministro de Cultura francés, Renaud Donnedieu de Vabres, las insignias de “Commandeur” de Artes y Letras de la Legión de Honor.

Después de este intermedio browniano, sin relación lingüística con la primera parte, barroca –pero válido por necesario, además de rotundamente logrado–, la presencia apabullante del creador que mejor parece comprender lo mismo el legado balletístico que el de la danza, a la luz de nuestro tiempo: William Forsythe. Con “Pas/parts”, sobre partitura de Thom Willems (compositor “oficial” de Forsythe), creado especialmente para la Ópera de París en 1999, se pueden ver en acción a todos los rangos del Ballet de la Ópera de París, desde las “étoiles” y “premiers danseurs”, hasta las “quadrilles”, pasando por los “sujets” y los corifeos.

Justo fue la intención del coreógrafo el hecho de transgredir la jerarquía tradicional de la compañía, y llevarlos a los límites de su –soberbia– técnica clásica. De la otra “Parts”, el estilo Forsythe más rico: el que trata con la lógica del código clásico, descomponiéndola y recomponiéndola, y ya no con los códigos del espectáculo. Apoteosis del lenguaje, que se aprecia con más plenitud en el curso de una noche gracias a la premonición de esta contemporaneidad tan cerebral: la danza barroca.

colaboradores  Ballet de la Ópera de París
“Glacial Decoy” de Trisha Brown – 2003 – Ballet de l’Opéra de Paris.

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