Ballet de la Ópera Estatal de Viena y de la Volksoper


Maravilloso “Sueño de una noche de verano”

No es, desde luego, la primera vez que la comedia “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare, con la partitura homónima para representación escénica de Felix Mendelssohn, se ha trasladado al ballet.

Por  Isis Wirth (Viena)

A recordar, por ejemplo, las versiones de George Balanchine y de John Neumeier. Pero incluso ya Marius Petipa habría acometido una puesta en escena, en el pequeño teatro de la residencia de verano de los zares, que semanas después adaptó al escenario del Mariinsky.

Para celebrar el bicentenario del nacimiento del compositor, el Ballet de la Ópera de Viena (dirigido por Gyula Harangozó; Manuel Legris lo hará a partir del próximo septiembre) ha invitado al finlandés Jorma Elo, coreógrafo residente en el Boston Ballet desde 2005, a estrenar su versión, en dos actos y dos horas de duración, casi coincidiendo con el natalicio de Mendelssohn, en febrero de 1809.

Uno de los coreógrafos más interesantes de la actualidad, las obras de Elo se encuentran en compañías norteamericanas, y algunas europeas, como los ballets nacionales de Finlandia, Noruega y Dinamarca, entre otras. El “talento a seguir”, como fue catalogado por una crítica de los Estados Unidos en 2004, confirmaría con este título creado para Viena, en la Staatsoper, que es acaso ya un “imprescindible” en el panorama coreográfico actual.

Elo recurrió no sólo al “Sueño de…” de Felix Mendelssohn- Bartholdy, sino a otras composiciones suyas, como “Ruy Blas”, la Sinfonía “Italiana” y el concierto para violín y orquesta op. 64


Irina Tsymbal (Titania) y Gabor Oberegger (Zettel). Das Ballett der Wiener Staatsoper und Volksoper. Foto: Barbara Zeininger.


Y recurrió también…a la pantomima, no sólo sin “prejuicio” sino con notable dominio de la misma, y acaso más teatral y clara que en una obra del repertorio denominado “clásico” que se tenga a bien citar. En un ballet donde, por el contrario, no se deja de bailar en prácticamente ningún minuto. Más aún, es el “baile” en sí quien “dice” la trama, todo el tiempo. Por efectiva que sea la mímica (e integrada con el movimiento), son los pasos y su estructuración en frases elocuentes quienes hacen “avanzar” la narración, sin necesidad de recurrir a las notas al programa para, de la otra parte, rememorar el conocido argumento de Shakespeare.


La musicalidad del coreógrafo le es de gran ayuda, pero sobremanera es su habilidad para subrayar con un paso (clásico, en no pocas ocasiones) en el momento preciso, como un acento, ya no el “carácter” de un personaje sino el desarrollo de la historia, lo que le confiere a este “Sueño…” un hálito raro en su cierta maravilla comunicativa, con la que el público deliró.

Tan “dramático” como cómico, Elo no deja de hacer trabajar las piernas, con predominio de los saltos; entre éstos, algunos con las rodillas flexionadas que otorgarían un “aire” particular. Hasta que los saltos son excesivos, sobre todo en el segundo acto por un efecto de saturación. No obstante, la armonía viene con los port-de-bras, incesantes, y quienes más contribuyen por su expresividad – y una inusitada capacidad netamente “narrativa” en este caso- a sellar un “estilo” Elo.

Con un (casi) idéntico pulso para los tempos rápidos, lo mismo en los solistas que en el cuerpo de baile, que para delicados pas de deux (aunque los arabesques en promenade utilizados en ciertos del segundo acto fueron decididamente banales), Elo hace que un “lenguaje clásico”, desde su convención, no parezca tal. Y no por cómo lo maneja, puesto que naturalmente, en tanto “contemporáneo”, lo adereza a su guisa, sino por una frescura “novedosa” que le insufla, como si nos “sorprendiera”: a estas alturas, ¿no es un “sueño” sino de verano, maravilloso?

En correspondencia con ese espíritu de “orden” vivaz y luminoso del coreógrafo, los diseños de escenografía y vestuario de Sandra Woodall tuvieron un similar sabor “clásico”, sin que tampoco se notara. ¿Tutús? No podía ser de otro modo. Pero no sólo hay tutús sino agradables luces para los pequeños elfos, y llamativas soluciones escénicas, como la rampa por la que se deslizan los integrantes de la corte del travieso Puck.

Éste, interpretado por Denys Cherevychko, fue pujante, y chispeante en la plenitud de esos saltos que ama Jorma Elo. La Titania de Irina Tsymbal, fue frágil, correcta. El Oberón de Kirill Kourlaev, elegante y equilibrado.

Pero la “estrella” es asimismo todo el ensemble, junto con los otros solistas. Se necesita un adecuado nivel para responder a las demandas exigidas ¡sin descanso! por el “Sueño…” de Jorma Elo.

Kirill Kourlaev (Oberon) y Denys Cherevychko (Puck). Das Ballett der Wiener Staatsoper und Volksoper. Foto: Barbara Zeininger.

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