Ballet Sylvia por el American Ballet Theatre


“SYLVIA”, EN MAGNÍFICA PRODUCCIÓN DEL ABT.

La historia de Aminta, el pastorcillo enamorado en silencio de la casta ninfa Sylvia, del séquito de Diana Cazadora, cobró vida como danza por vez primera en 1876, en coreografía de Louis Merante, sobre la hermosa música de Leo Delibes.

En 1952, el prolífico Frederic Ashton le diera nueva vida a la historia con su coreografía original, llena de momentos exquisitos que pudieran compararse con un tapete del mejor encaje. Esta versión es la que llega ahora a nosotros, gracias a la diligencia del American Ballet Theatre, que la estrenara hace exactamente cuatro años.

No importa que la trama sea bastante inverosímil: La coreografía de Ashton, la música de Delibes, así como la hermosa escenografía y elegante vestuario de Robin y Christopher Ironside, logran el triunfo. Cuando la cortina se abre,  el bosque mágico que aparece en escena alberga infinidad de seres fantásticos de la selva. Al sonido de  trompetas, surge un séquito de cazadoras, con  Sylvia al frente.  El baile de estas valientes doncellas es espectacular, terminando con múltiples vueltas.

Aminta ama a Sylvia, quien  rechaza sus amoríos. Creyendo  que la pasión del pastor es una travesura incitada por Eros — que aparece  como una estatua sobre su pedestal –, Sylvia dispara  una flecha contra Eros. Aminta, horrorizado, la intercepta, y cae muerto al suelo.  Sylvia logra revivirlo, mientras Eros, a su vez, enojado por la actitud de la ninfa, decide castigarla, y la hiere con una flecha propia, pero esta vez la herida solo causa que Sylvia se enamore de Aminta. Hay un tercer personaje en discordia llamado Orion, enamorado también de Sylvia,  quien logra secuestrarla y llevarla a su guarida en la selva. La ninfa logra escaparse, y al final,  los enamorados consiguen la aprobación de Diana, para celebrar la boda con gran pomposidad,  junto a infinidad de invitados que incluyen conocidos personajes míticos.
 

Paloma Herrera y Marcelo Gomes, en “Sylvia”, de Ashton/Delibes. Foto de Gene Schiavone, cortesía del ABT.


Sylvia es un ballet para la estrella femenina, quien constantemente aparece en escena.  La función a que asistimos, con Paloma Herrera como el pesonaje  titular,   fue dedicada por el ABT a la memoria de Clive Barnes, respetado crítico de danza de esta ciudad, fallecido hace pocos meses. Herrera, a quien la intrincada coreografía le viene como anillo al dedo, pone de relieve en el papel, una vez más, su impecable técnica  y poderosa seguridad interpretativa. El Pizziccato Polka de la escena final, es uno de los mejores exponentes de las delicadas filigranas que las sublimes inspiraciones de Ashton pueden encerrar, y esa noche, la hechizante brillantez de Herrera dio fe de ello.


Gomes,  como Aminta, con su atractivo físico y poderosa técnica danzaria, dio al personaje  una categoría especial, aunque el rol no demanda mucho del intérprete, como no sea su total apasionamiento por Sylvia, y al bailarín el ardor le sobra.

El role de Orion, a cargo de Alexander Hammoudi, fue logrado con fortaleza y virilidad, especialmente  en el segundo acto, donde intenta seducir a Sylvia. Arron Scott, como el gracioso Eros, es otro personaje de encanto seductor. El tableau final de la obra está  lleno de momentos de buena danza, especialmente en las variaciones encomendadas a Sarah Lane y Daniil Simkin, como los Cabritos, y a Maria Bystrova y Cory Stearns, como Terpsícore y Apolo. Las deliciosas melodías de Delibes nunca sonaron mejor que en esta ocasión,  bajo la batuta de David LaMarche.

Escena del primer acto de “Sylvia”, con Eros en su pedestal. Foto de MIRA, cortesía del ABT.


La temporada del ABT, que finaliza la próxima semana, con nueve funciones del aplaudido “Romeo y Julieta” de MacMillan, es una de las mejores de los últimos tiempos. Tanto los artistas principales, como los solistas, y el Corps de Ballet en general, han mostrado haber llegado a un perfeccionamiento interpretativo muy especial.

© 2009 Danza Ballet


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