Carlos Acosta: cómo escribí mi libro

“Comencé cómo tú estas ahora, con papeles, escribiendo a mano. Eso fue en diciembre de 1998. Entonces, no tenia computadora. Pero un día me doy cuenta que los papeles eran demasiado y me compré una computadora”, responde Carlos Acosta a mi pregunta de cómo escribió su autobiografía, “No way home”.

El día de su lanzamiento se vendieron 300 ejemplares, algo inusitado en un libro que remite a un tema de danza: suelen venderse ese día unos 20. La BBC lo seleccionó “el libro de la semana”, y la misma emisora ya lo ha transmitido en forma de narración. ´El bailarín que aquí veo, no tiene esa rara destreza de deshacer con la cabeza lo que hace con los pies´, me digo, parafraseando el versito –en el original, sin la partícula de negación- que se le atribuye a Nicolás Guillén, allá por los años 60.  Se aduce que Guillén, el malo, quiso referirse –también es parte de la leyenda- a alguien que hablaba. Acaso se debe a que los bailarines, al ser su medio de expresión lo non-verbal, no se destacan en lo contrario. Mucho menos, abundan los bailarines escritores como Acosta.

“Fuí a ver a algunos amigos escritores”, prosigue justo Carlos. “Me metí de lleno a leer: Hermann Hesse (‘El lobo estepario’, ‘Sidharta’), García Márquez, Rulfo. Empecé a entender cómo contar una historia, en qué consiste el factor sorpresa, y cómo hacer para que la escritura fuera lo menos predecible. Así, fuí viendo dentro de mi vida cuáles eran las historias relevantes y las fuí tejiendo”

Poseías, sin duda, una sensibilidad literaria desde el principio.

“Siempre me gustó la literatura, pero mi formación era un handicap. No tuve buenas notas en español. No me leí un libro hasta los 25 años”.

“A medida que fuí creando por medio de la escritura, fuí hallándome a mí mismo. Al inicio, quería ser barroco y todas esas cosas, pretensiones de los escritores que comienzan. No obstante, me dí cuenta que mi fuerza estaba en lo simple y lo directo. A medida que escribía, crecía. Desde luego, los editores pulieron y limpiaron. Después, se hizo la traducción al inglés, y aquí se editó y se limpió más. Lo que los editores me cortaron fue con el objetivo de protegerme, porque en algunos pasajes yo era demasiado gráfico. Y claro, los editores tienen la “maldad del oficio” tratándose del género autobiográficoáfico, o sea, hay otras personas involucradas”.

¿Y el título y la estructura del libro?

“Mi título original era ‘Leaving Julie’; fue la editorial quien otorgo el de ‘No way home’. Pero la estructura, los nombres de los capítulos –sobre los que reflexioné cuidadosamente-, todo eso es mio, como el libro. Nadie lo hizo por mí”.

¿Algunas preferencias?

“Rulfo, García Márquez, pero especialmente Rulfo. Es oscuro, es casi macabro, pero a mí me fascina. Ya te hablé de Hesse, pero también ahí están ‘El Gran Gatsby’ de Fitzgerald, y ‘El guardián en el trigal’, de Salinger.  En un lugar privilegiado, Jorge Luis Borges. No me canso de maravillarme con sus ‘Ficciones’. En la literatura cubana, Dulce María Loynaz, Carpentier, Lezama Lima, aun si lo ‘barroco’ no es mi favorito. Y por supuesto, Guillermo Cabrera Infante. ¿Sabes cómo lo encontré? Gracias a Plácido Domingo: estaba en una gala con él, y me dijo: ‘Ven, que el Maestro esta aquí’. En la literatura cubana actual, Zoé Valdés, Pedro Juan Gutiérrez. Y ahora me estoy leyendo ‘Todos se van’, de Wendy Guerra. Tiene garra”.

¿Cuál será el próximo libro?

“Quisiera probarme en la ficción. Me he inventado un barrio en Santiago de Cuba, que por supuesto es irreal. Es algo por completo fantástico. Hay una serie de personajes en ese barrio inventado que van desarrollándose y creciendo a partir de sí mismos. Salen para La Habana, al Rincón, y van a “La casa de la letra”, donde le leen el destino a la humanidad. El libro es todavía muy prematuro, pero lo estoy escribiendo”.

en Danza Ballet

Acosta en Londres

Nunca mirar atrás

Carlos Acosta presenta su libro

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