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Danza Ballet

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Danseurs Chorégraphes 2013. Ballet de la Ópera de París

1 marzo, 2013
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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Cada un par de años, más o menos, el Ballet de la Ópera de París presenta los espectáculos “Danseurs Chorégraphes”. En treinta años, trece citas han tenido lugar. La última fue hace dos años. La actual, la edición 14, se escenificó en el Anfiteatro de la Ópera Bastilla entre el 26 y el 28 de febrero.

Los bailarines de la compañía presentan sus creaciones coreográficas, interpretadas por los miembros del Ballet. Algunos entre ellos, han “atacado” con anterioridad a la coreografía, fuera o no del marco del Ballet. Otros, por el contrario, presentan su opera prima en estas citas.

Naturalmente, el objetivo es estimular la creación. No se puede pasar por alto la generosidad del Ballet de la Ópera, que pone a disposición de los incipientes coreógrafos sus recursos, sin contar el “recurso humano” de los bailarines. Con independencia de que el propósito que lo motiva a uno –y a todos- a asistir a estas representaciones sea el de “descubrir” nuevos talentos coreográficos, es en los bailarines donde se revela lo más atractivo de estas propuestas. Porque se entregan por completo, y uno los puede admirar –en una compañía donde todos son admirables – de una manera que no es dada en las funciones de la programación habitual. Entiéndase bien: no es que bailen mejor, ni tampoco peor, en los espectáculos de los “bailarines coreógrafos”. Es, simplemente, diferente. A ello contribuye la pasión de la entrega a la que me refería. También, las dimensiones notablemente más reducidas del anfiteatro, en relación con la imponente Ópera Bastille o hasta la Ópera Garnier: la atmósfera es más íntima. Por otra parte, bailarines del cuerpo de baile u otras jerarquías que no tienen roles de solista habitualmente, pasan a serlo. Uno puede extasiarse, en otro tipo de descubrimiento, con sus líneas, su destreza, la calidad de su interpretación, y, en definitiva, ¡la escuela francesa!

colaboradores  Danseurs Chorégraphes 2013. Ballet de la Ópera de París
“Premier cauchemar” de Samuel Murez, con Hugo Vigliotti.
Francette Levieux/ Opéra national de Paris

 

colaboradores  Danseurs Chorégraphes 2013. Ballet de la Ópera de París
“Deux à deux” de Maxime Thomas, con Letizia Galloni y Maxime Thomas.
Francette Levieux/ Opéra national de Paris

En esta edición, se presentaron siete piezas, todas en estreno. Curiosamente, la primera en el programa, es la que consideramos más lograda y madura: “Premier cauchemar” de Samuel Murez. Es en realidad el prólogo (8 minutos) de un ballet en construcción, “Le Rêveur”. La música, original, está firmada por Siegfried de Turckheim. Alfredo, “el soñador”, tiene pesadillas con una cohorte de burócratas (14, entre hombres y mujeres) que intentan imponerle su marcha y su rutina. Al final, lo “convierten” y Alfredo (el excelente Hugo Vigliotti) tiene que levantarse con el sonido del despertador, ponerse un traje, tomar el portafolio y salir a trabajar. El humor es preciso y eficaz, la coreografía es fluida, dinámica cuando se requiere, y acusa algunos acentos del “jazz”.

La segunda pieza fue más convencional, un pas de deux llamado “Deux à deux”, sobre el segundo movimiento del Concierto italiano de Johann Sebastian Bach. La firmó Maxime Thomas, quien también la interpretó junto a Letizia Galloni. Lo consabido: el adagio, el “lirismo”, algunas suaves reminiscencias de Béjart, punteadas por prácticas más contemporáneas. Thomas es también pianista y músico, además de bailarín. Una musicalidad que fue evidente en su pas de deux, de 5 minutos de duración. Y ambos intérpretes resplandecieron.

La tercera pieza en el programa fue un solo, “En attendant, l’ année dernière” (8 minutos), de Grégory Gaillard, sobre música (electrónica) original de Stéphane Jounot. La referencia literaria apunta a Marguerite Yourcenar: “Cuando uno ama la vida, ama el pasado porque es el presente tal y como ha sobrevivido en la memoria humana”. La bailarina, Lucie Fenwick, es bella, longilínea, diríase perfecta. (De nuevo, me digo, se trata de los bailarines.) Hay momentos de recogimiento, casi de detención, en los que la plástica de los brazos recuerda a Béjart. Pero el resto es Forsythe – ¿por qué no?- , no sin desdeñar un juego con las posiciones clásicas.

Le siguió, como cuarta pieza, la que fue acaso la menos lograda, “Kaléidoscope” de Allister Madin, sobre: “Requiem for a dream” de Kyle Landry, “Clubbed to death” de Cinematic Orchestra, y “A Pleno Sol” de Claude Lamothe, en tanto música.

En las notas de intención, Madin dice que quiso contrastar, en la búsqueda de una sinergía. Presenta la obra en dos partes, una mezcla de secuencias abstractas, “conectadas las unas y las otras por la luz”. Durante 16 minutos, 4 mujeres y 2 hombres (Madin entre ellos) se entregarán a una suerte de ejercicios, en los que no se vislumbra ese contraste querido, a no ser por los cambios de luces, que es lo que abarata a la pieza. Como también la cuerda que traen hacia el final, utilizada como barra. Las mujeres se agarran de ella para sus ejercicios, mientras los dos hombres la sostienen. Fue el único ballet de la noche que utilizó puntas, y fue el más “neoclásico”, con échappés y pas de bourré.

Le siguió otro pas de deux, “Smoke Alarm” (9 minutos) de Julien Meyzindi sobre “Handshake” de Cliff Martínez y “Six Ways to Sunday” de Landau, como música. La escritura es sobria, diríase que hasta sencilla, sin aspavientos. Lo fascinante, again, son los bailarines: la acaso “étoilisable” Alice Renavand, que ilumina todo lo que baila, y Alexandre Gasse, quien también se manifestó con brillantez.

La sexta pieza, “Songes du Douanier” (15 minutos), de Alexandre Carniato (con la colaboración de Morgane Dragon), sobre música original de S. Blanc y J. Levatois, es bastante más elaborada, o “inquietante”, u onírica. Se evoca al Aduanero Rousseau con su: “Cuando yo entro en los invernaderos del Jardín de las Plantas, y veo las extrañas plantas de los países exóticos, siento que penetro en un sueño”. Se divide este mundo del pintor “naïve” en tres escenas: el mundo animal estilizado, “lo humano sin perspectivas” y un “universo intemporal” que hace coincidir a la “jungla” con el hombre.

No es difícil sentir esas pulsaciones, ni tampoco que, además de evocar al Aduanero Rousseau, se perciba una determinada “estética” de la coreografía del siglo XX, tanto en el ballet como en lo “moderno” y lo “contemporáneo”: una suerte de mímesis con el mundo animal, o vegetal, con la naturaleza en general. Algo “natural” a la danza, en la que en ocasiones adviene pensar en algunos egregios bailarines como animales o insectos…Pero aquí no se trata de tal paralelismo dinámico sino de una evocación más sutil, como “poéticamente” subterránea.

Los intérpretes fueron remarcables, en particular Aurélien Houette, y el propio coreógrafo Carniato, asi como las dos mujeres, Charlotte Ranson y Letizia Galloni.

Por último, “Stratégie de l’ Hippocampe” (17 minutos), de Simon Valastro, sobre la Serenata para trío de cuerdas op.10 de Ernst von Dohnanyi, es de una notable ambición, más que aceptablemente alcanzada. Con probabilidad, fue la más ambiciosa de todas las piezas. La tensión creativa es elocuente. El tema es simple (aunque aureolado de referencias puntuales), el de los conflictos en el interior de una familia, compuesta del padre, la madre, el hermano, la hermana y el perro. Esos desgarramientos se sitúan en la Belle Époque, una decisión acertada desde el punto de vista “estilístico”, en el sentido de la intuición creadora. Es un ballet “expresivo”, teatral, con recurrencia a la pantomima y la gestualidad. La sombra de Mats Ek planea, pero sin molestia alguna; al contrario, es el vehículo que conduce a los aciertos. A destacar a la Madre, asumida por Éve Grinsztajn.

El ambiente, además, de estos espectáculos de “Bailarines Coreógrafos” es muy agradable, con los bailarines del Ballet de la Ópera que vienen a ver a sus colegas, y a estimularlos.

A nosotros sólo nos queda animar la savia creativa que se manifiesta en las filas de la compañía, a la espera de la próxima cita.

colaboradores  Danseurs Chorégraphes 2013. Ballet de la Ópera de París
“Smoke Alarm” de Julien Meyzindi, con Alice Renavand y Alexandre Gasse
Francette Levieux/ Opéra national de Paris

 

colaboradores  Danseurs Chorégraphes 2013. Ballet de la Ópera de París
“Songes du Douanier” de Alexandre Carniato, con Charlotte Ranson.
Francette Levieux/ Opéra national de Paris

 ©2013 Danza Ballet

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