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Demostraciones 2012 de la Escuela de Danza de la Ópera de París

14 diciembre, 2012
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Preámbulo para la celebración del tricentenario.

Las habituales demostraciones de la Escuela de Danza de la Ópera de París, que siempre tienen lugar en diciembre, correspondieron este año al 2, al 9 y al próximo 22 de diciembre. Son una creación (1977) de su ex- directora, Claude Bessy, tradición que mantiene la actual directora, Elisabeth Platel.

Siempre en el Palais Garnier, consisten en dos sesiones, en la mañana y la tarde de un domingo, en las que se muestran al público los avances de los alumnos de la escuela (situada en Nanterre, en las afueras de París), en todas sus divisiones (seis en total), y no solamente en danza clásica (desde luego, el objetivo per se), sino en otras materias como: danzas de carácter, folklore, mimo, expresión musical y danza contemporánea.

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Tercera división, muchachas, danzas de carácter. David Elofer/ Opéra national de Paris

Soy una “fan” de estas demostraciones, porque me gusta apreciar el trabajo de la escuela, justo en todo lo que revela de profundamente académico (hasta el punto que a veces estimo que vale más cualquier clase, de una gran escuela como la de la Ópera de París, que un buen número de coreografías, actuales o no, que se tenga a bien ver), y también por ese placer de tratar de discernir entre los alumnos, los “petits-rats”, quien ya despunta con algún toque especial.

Como “fan”, esto es, que trato de no perderme la demostración anual, puedo afirmar, por ser testigo, que el éxito de público es sostenidamente elocuente. No sólo porque los padres lleven a los niños (y a los amiguitos de sus hijos), esperando que pasen un buen rato o que se les despierte una vocación, sino por la cantidad de adultos (sin hijos) que disfrutan de cómo se les muestra el lenguaje, y más aún, cómo todo está concebido en tanto espectáculo.

El domingo en que fuí, el 9 (sólo en la sesión de la mañana), la Ópera Garnier estaba repleta hasta el “gallinero”.

Se comenzó con la sexta división (en la escuela, como en la enseñanza francesa en general, los números más altos son los primeros, en un orden decreciente) de muchachos, a cargo del profesor Bertrand Barena. Dégagés, relevés, pirouettes, tours en l’ air, el trabajo de los port-de-bras, la preparación para la pequeña batería, battements à la seconde, y, desde luego, el acabado sin falta (como debe ser) por las reverencias al final: al pianista, al profesor, al público.

Le siguió la sexta división de muchachas (profesora: Véronique Doisneau, la bailarina homónima del ballet de Jérôme Bel para la Ópera de París…), también con sus dégagés, sus tours, sus demi-tours, changement, sobresaut, entrechats, échappées, temps de valse, pas de bourré en tournant, grands-battements.

La quinta división de muchachos (profesor: Marc du Bouays) ya mostró arabesques en promenade, développés à la seconde, pirouettes, entrechats, assemblés, sissonnes tombés, ouverts, en tournant; asi como grands- battements y tours en l’ air.

La quinta división de muchachas (profesora: la remarcable Marie-José Redont) comenzó trabajando los sissonnes y los arabesques en la barra (anteriormente, el trabajo había sido en el centro), asi como los sissonnes battus, para luego pasar al centro, con más sissonnes.

La cuarta división de muchachos (profesor: Wilfried Romoli, ex- danseur étoile de la Ópera que hizo sus adioses en mayo de 2008), comenzó por los dégagés, para pasar al trabajo de adagio, con los développés, promenades, plié, à la seconde, arabesque, attitude. Y luego, tours à la seconde, con la insistencia, voceada cortésmente por Romoli, de que los épaulements fuesen “claros”, es decir, que se vieran.

La cuarta división de muchachas (profesora: Fanny Gaida, ex- danseuse étoile) ya incluye las puntas. Se comienza por ejercicios de puntas en la barra, remarcando los bellos épaulements, asi como grands-battements sur pointe en la barra. Luego, en el centro: dégagés, dégagés en tournant, glissades, tours en dedans et en dehors, piqués, temps-liés, asi como sissonnes passés assemblés.

Tras el entreacto, se abre con la clase de folklore (profesora y acordeonista: Marie Blaise), con los alumnos de ambos sexos de la sexta y la quinta división, asi como internos del primer año en “folklore”. Al inicio, un “sautillé”, es decir, una sucesión de temps levés, y luego una “danse de cotillon” (con música grabada). Caramba, me digo, éste es el “folklore europeo”. Si el “folklore danzario de los pueblos europeos” es la base (re-apropiada) de la técnica del ballet, como el discurso marxistoide (en Cuba, por ejemplo) preconizaba para legitimar al ballet como un “arte del pueblo”, y no el mero producto de las cortes de aristócratas y reyes durante los siglos XVI y XVII, ¿por qué entonces en la escuela de la Ópera de París, escuela que es la fundación del lenguaje del ballet, como nadie debe ignorar, lo enseñan por separado?

Lo curioso es que, por la primera vez desde que veo las demostraciones de la Escuela de danza, en la clase de folklore se incluye la “danza barroca”, con su peculiar trabajo de los brazos, sus posiciones, asi como la concepción “barroca” (de la “belle danse” en definitiva, distinción que es importante) del espacio. Se baila con la chacona de “Le bourgeois gentilhomme”, la comedia-ballet de Lully y Molière, asi como –para la reverencia- con una otra música de Lully, que no identifiqué nominalmente pero sí sé que se incluye en el filme “Le roi danse” de Gérard Corbiau.

Si el discurso marxistoide obligó a ensalzar la “base popular” de la técnica del ballet, la operación efectuada ahora, con la inclusión de la “danza barroca” en el folklore, es justo lo contrario. Una creación tan geométrica y artificial –y aristocrática- como la “danza barroca” (como no hay arte más artificial entre todos que el ballet), reclamada en tanto que folklore. ¿Por qué no, por otra parte? Se trata de un otro “estilo”, o un género que puede asimilarse de esa manera, en la enseñanza, para proporcionar más riqueza y complejidad. Pero valga ello para señalar la inconsistencia teórica de los reclamos ideológicos que pretendieron el origen “popular” de la técnica del ballet.

Tras la clase de folklore, lo que fue desde el punto de vista del espectáculo lo mejor de la sesión matinal: la danza contemporánea, a cargo de la profesora Claire Baulieu. Esta vez, las muchachas y muchachos de la segunda división (ya casi profesionales, o al menos bien crecidos) mostraron la técnica Horton. Fue un bello trabajo de estiramientos, coordinado en grupo, que arrancó aplausos y confirmó el nivel –ya artístico- que poseen los alumnos de la segunda división.

Si no, para terminar, esas tres clases que son siempre favoritas, por la capacidad de invención, la frescura, y el humor que esos niños son capaces de desplegar, asi como (en las danzas de carácter) el brío y la pasión con los que ya se destacan: mimo, muchachas y muchachos de la quinta división ( profesora: Yasmine Piletta); danzas de carácter, muchachas y muchachos de la cuarta división (profesora: la expresiva y fogosa Isabelle Hérouard); y expresión musical, muchachas y muchachos de la sexta y la quinta división, a cargo del profesor Scott Alan Prouty.

Estas demostraciones constituyen el preámbulo para la celebración del tricentenario de la Escuela de danza en 2013. Fue en 1713 cuando Louis XIV creó la escuela. Recuerdo que en 1661 (o el primer decreto de su gobierno) fundó la Academia Real de la Danza. En 1669, creó la Academia Real de Música, esto es, la Ópera (de ahí que el telón de la Ópera Garnier presente la fecha “1669” con la efigie solar del rey). Y dos años antes de morir, como si quisiera legar aún más y bien “amarrar las cosas”, Louis creó la escuela de la Academia Real de la Danza, para “proporcionarle sujetos educados y entrenados”.

Y pasó la Revolución francesa, y pasaron otras revoluciones en Francia, y uno se dispone a celebrar el tricentenario de una escuela que se le debe a Louis XIV, ejemplo que luego siguieron otros monarcas europeos, imitándolo. (Un tema más vasto, para otra ocasión, quiero decir el de la permanencia de Louis XIV, a pesar de las revoluciones.)

Los Espectáculos de la Escuela, el 17 y el 18 de abril de 2013 en el Palais Garnier, anuncian el estreno de “D’ores et déjà”, una coreografía a dos manos de Béatrice Massin y Nicolas Paul, sobre música de Jean-Philippe Rameau. Béatrice Massin, “ex” de Francine Lancelot, dirige la compañía barroca Fêtes Galantes. Nicolas Paul, coreógrafo y “sujet” de la Ópera, ha interpretado “Bach-Suite” (1984) de Francine Lancelot junto a Rudolf Nureyev, que interpretó el mismo Nureyev y luego Kader Belarbi. Se incluyen además las re-incorporaciones de “Ballet de Faust”, coreografía de Léo Staats, música de Charles Gounod; “Aunis”, música de Maurice Pacher, coreografía de Jacques Garnier; asi como “Péchés de jeunesse” de Jean-Guillaume Bart, sobre música de Gioacchino Rossini.

El tricentenario se celebrará con una función excepcional de gala el 15 de abril de 2013 en el Palais Garnier, con el desfile del Ballet, es decir, las étoiles, los premiers danseurs y el cuerpo de baile, y los alumnos de la Escuela de danza. Le seguirá: “D’ores et déjà”, “Ballet de Faust”, un estreno de Pierre Lacotte, más “Péchés de jeunesse” y “Aunis”.

El 20 de abril, también en el Palais Garnier, tendrá lugar asimismo una Gala de las Escuelas de Danza del Siglo XXI , con siete escuelas (¿cuáles serán?) extranjeras representadas, más “Ballet de Faust” y “Péchés de jeunesse”.

Cinco días después, el 25 de abril, otra gala por el tricentenario de la Escuela de Danza, pero esta vez en el lugar más cercano en espíritu físico a Louis XIV: la Ópera Real del Castillo de Versalles.

Louis XIV sin dudas “llama” para que el resultado de lo que visionariamente creó y fundó, se enmarque en el escenario más querido por él, en su Versalles. Pero, de la misma manera, cada demostración o función de la Escuela, o del Ballet de la Ópera en el Palais Garnier, hacen que uno alce la mirada hacia arriba, para alcanzar la efigie tutelar del Rey Sol. Especialmente, cuando se trata de la Escuela.

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Quinta división de muchachos. David Elofer/ Opéra national de Paris

 

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Mimo, quinta división y internos de primer año, muchachas y muchachos. David Elofer/ Opéra national de Paris

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