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Danza Ballet

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La danza y el ballet

“Don Quijote de Trocadero” de José Montalvo

3 febrero, 2013
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colaboradores  “Don Quijote de Trocadero” de José Montalvo

La danza como alegría de vivir.

Desde el pasado 11 de enero y hasta el próximo 8 de febrero, se presenta en el Teatro Nacional de Chaillot el “Don Quijote de Trocadero”, de José Montalvo.

Es una de las obras más estimulantes en la danza contemporánea que he visto en los últimos tiempos.

José Montalvo, figura bien conocida y exitosa en el panorama coreográfico francés, creó, por ejemplo, en 1999 “La risa de la lira” para los danseurs étoiles de la Ópera de París. Recibió en 2001 en Londres el premio Lawrence Olivier, junto a Dominique Hervieu, por “Jardin Io Io Ito Ito”, mejor espectáculo de danza del año.

Fue nombrado director de la danza del Teatro Nacional de Chaillot en 2000. En 2008, junto a su “cómplice” Dominique Hervieu (la compañía de ambos data de 1988), fue nombrado a la dirección del Teatro Nacional de Chaillot. La última creación conjunta de ambos fue en el otoño de 2010, “Good morning, Mr. Gershwin”. Hervieu partió a dirigir la Maison de la Danse y la Bienal de Lyon. Montalvo continúa como “artista permanente” del Teatro Nacional de Chaillot, junto a Didier Deschamps, su actual director.

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DON QUICHOTTE DU TROCADERO, Choregraphie, scenographie et conception video Jose Montalvo, Participation artistique Patrice Thibaud, Costumes Jose Montalvo, Siegrid Petit-Imbert, Collaborateurs artistiques video Pascal Minet, Sylvain Decay, Musique Leon Minkus, Arrangeur, compositeur Sayem, Lumieres Gilles Durand, Vincent Paoli, repetition TN Chaillot le 5 janvier 2013 © Patrick Berger

“Don Quijote de Trocadero” (por el emplazamiento de Chaillot, en la plaza de Trocadero) es una curiosa y desarmante “re-lectura” del “Don Quijote” de Marius Petipa. Afortunadamente: es suficiente que al españolizante de Petipa (aunque no fue el único, dicho sea) se le ocurrió llevar al ballet a la novela de Cervantes (santo Dios, su complejidad filosófica, ¡en puntas!), aun si en el tono jocoso que permitía sobre todo el episodio de “Las bodas de Camacho”. Quiero decir: no se trata de nada serio. Y esto es lo mejor, o más aún lo es la danza que estalla.

El mismo origen de este “Don Quijote” de Montalvo, que sólo pretende encantar por medio de la energía del baile y la risa, apunta a una “conversación amistosa y apasionada” de José Montalvo con el actor francés Patrice Thibaud (un poco el heredero de Louis de Funes) sobre “las diferencias y similitudes entre lo cómico de los gestos burlescos y la danza”. La elección de la obra de Cervantes, para plasmarlo sobre la escena, se apareció como una “evidencia”. El inefable Patrice Thibaud, todo un espectáculo en sí mismo, es Don Quijote, y una suerte de conductor y de “director de escena” de la danza, rodeado por 13 bailarines. Por medio de videos y de captación de imágenes, Don Quijote “parte al asalto” de las estaciones del metro parisino, para afirmar la alegría de vivir.

El punto de partida es el “Don Quijote” de Petipa, con la partitura de Ludwig Minkus, que es ampliamente utilizada, en los arreglos y algunos añadidos actuales de Sayem. Montalvo ha expresado que su “Don Quijote” es un “juego de de-construcción/reconstrucción” de una “obra maestra coreográfica histórica”, la de Petipa.

Las variaciones originales de Petipa fueron ensayadas por Carole Arbo, antigua danseuse étoile de la Ópera de París y hoy profesora de la escuela de la Ópera en Nanterre. El nivel clásico de las intérpretes, en estas variaciones, es remarcable, y hasta virtuoso en plenitud, aunque, desde luego, con su inevitable “desajuste” estilístico, un sello “post-modernista” que es la visión de Montalvo. Pero es irresistible que Patrice Thibaud profiera al observar las variaciones: “Esto, ¡esto es de Petipa! ¡Sí, es Petipa!”. Como, cual maître de ballet puntilloso, alabe las líneas y la corrección de las filas. Esta ironía es desarmante del todo cuando el blanco es la danza contemporánea. “Tantas verdades que se contradicen”, dice uno, y a continuación lo “ilustra” con unos pasos y gestos. Luego, mostrará, también del mismo modo, qué es “la certidumbre”. Patrice Thibaud le espeta: “Sí, muy bien, pero yo, yo no he entendido nada”.

Sin perder el hilo conductor del “Don Quijote” de Petipa-Minkus, salpimentado con las “escapadas” al metro de París por medio de los videos, junto al “ballet clásico” se presentan la danza contemporánea ( y no sólo ese sarcasmo, sino algunas de las prácticas que Montalvo desarrolló junto a Hervieu), el tap, el hip-hop (de un virtuosismo exacerbado) y el flamenco, y hasta la acrobacia.

Uno puede preguntarse cuál es la coherencia de un potaje similar, en el que se habría ido agregando todo ello en la olla para que se cociera junto, sin más distinción o elección de ser los únicos ingredientes que se tenían a mano. ¡Vale todo!

Sucede, sin embargo, que esta mezcla (como Montalvo aboga por una “estética mestiza”) funciona sobre la base de la lógica de la diferencia de cada una de las partes. Quienes interpretan las variaciones clásicas de Petipa lo hacen con “consciencia”, como están imbuidos de sí mismos los del hip-hop y la bailarina flamenca. Cada “práctica corporal” se basta a sí misma. Si se unen en un mismo espectáculo, es porque la voluntad “mestiza” de José Montalvo (y es un coreógrafo hábil construyendo frases ricas e inventivas) les permite, no obstante, a cada una, la libertad de su necesidad expresiva.

Cuando se quiere el “diálogo”, éste revela ser inmanente, sobre la base del ritmo, como en la “confrontación” en pas de deux del zapateado de la flamenca con el bailarín de tap. También, y aunque podía ser más peligroso, cuando una “clásica” salta en pasos académicos y casi a su lado, Sancho Panza se derrite en su “break-dance”.

Otras “confrontaciones” son más evidentes, como una de las “danzas de carácter” españolas del tercer acto de la obra de Petipa, asumida por la ardiente flamenca con castañuelas.

Si Montalvo se propuso indagar entre lo que une o desune a lo burlesco de la danza (una reflexión que teóricamente no se le ha escapado a otros), lo logró sin tacha, de la mano de Patrice Thibaud, quien literalmente mima a la danza de una manera tan iluminadora (uno pudo pensar que era en efecto un maître de ballet) como despatarrante.

Como no vamos a olvidar durante un buen tiempo a Patrice Thibaud increpando a los bailarines en la escena de los toreros: “¡La línea, la línea! ¡Guarden la línea!”

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DON QUICHOTTE DU TROCADERO, Choregraphie, scenographie et conception video Jose Montalvo, Participation artistique Patrice Thibaud, Costumes Jose Montalvo, Siegrid Petit-Imbert, Collaborateurs artistiques video Pascal Minet, Sylvain Decay, Musique Leon Minkus, Arrangeur, compositeur Sayem, Lumieres Gilles Durand, Vincent Paoli, repetition TN Chaillot le 5 janvier 2013 © Patrick Berger

 

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DON QUICHOTTE DU TROCADERO, Choregraphie, scenographie et conception video Jose Montalvo, Participation artistique Patrice Thibaud, Costumes Jose Montalvo, Siegrid Petit-Imbert, Collaborateurs artistiques video Pascal Minet, Sylvain Decay, Musique Leon Minkus, Arrangeur, compositeur Sayem, Lumieres Gilles Durand, Vincent Paoli, repetition TN Chaillot le 5 janvier 2013 © Patrick Berger

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