El renovado Ballet Bolshoi de Alexei Ratmansky

El coreógrafo Alexei Ratmansky tomó las riendas del prestigioso Teatro Bolshoi en el año 2004 y desde entonces trabaja intensamente no solo para atraer una nueva audiencia, sino para devolverle a la compañía de ballet un presente brillante, pleno de energía y virtuosismo, con miras a un futuro renovado.

Actualmente se encuentra en Londres y afirmó que el Covent Garden era su “escenario favorito, después del Bolshoi”.

Ratmansky (1963) explica que el ballet debe ser capaz de atraer la atención del público más joven, de ese que huyó despavorido de las salas del ballet porque no se sintió identificado con lo que ocurría sobre el escenario.

“Durante 10 años trabajé como solista en el Ballet Real de Dinamarca y era muy triste ver que solo los pensionados mayores de 60 nos visitaban. Lo que queremos además de conservar este público es atraer a nueva audiencia”.

El coreógrafo que salió muy joven de Rusia para crecer en países como Canadá y Dinamarca quiere redireccionar a la compañía más antigua del mundo reivindicando la figura de uno de los músicos que más sufrió el régimen soviético: Dimitri Shostakovich. En plazos récord puso en escena el ballet modernista ‘El arroyo luminoso’, con la música de Dmitry Shostakovich. También ofreció al público otro espectáculo inspirado en la música de Shostakovich (1906-1975), “Tornillo (o La tuerca)”

Estrenado en 1931, el mítico “Tornillo” sólo fue montado una vez en la URSS antes de desaparecer de los programas.

Sólo fue repuesto en Moscú en 2005. Desconocido fuera de Rusia, “Tornillo” es un ballet “constructivista”, cuenta su coreógrafo Alexei Ratmanski, orgulloso de haber reconstituido “el espíritu, los decorados y el vestuario” de los años 30. En una época en que la vanguardia era bien vista en la URSS, Shostakovich optó por un tema moderno para su ballet: un “saboteador”, enamorado de una joven “Komsomol” (miembro de las Juventudes Comunistas), quiere alejar a su rival y coloca secretamente un tornillo en su máquina de la fábrica.

Con sus cuerpos de ballet de obreras con pañuelos rojos en la cabeza, sus danzas de un Burócrata y de Oportunista y su desfile de “malvados capitalistas” en barcos de papel de diario, el espectáculo es “vivo, lógico y fácil de ver”, según los críticos rusos.

“Por mucho tiempo el Bolshoi fue un museo. Lo que quiero es redireccionar a la compañía y agregar algunos ballets modernos al repertorio”. Cuenta que dos terceras partes de su repertorio es clásico y que para los integrantes de la compañía es importante renovar su lenguaje. “Tener ballets mucho más dinámicos, plenos y llenos de vida. Lo que haremos es cambiar el estilo. Si antes la escuela del ballet ruso era hermética yo quiero traer a participar en nuestros ensayos a coreógrafos de la escuela francesa, americana y tal vez cubana quienes, por cierto, tienen una escuela muy fuerte”.

De hecho entre los proyectos del coreógrafo se encuentra contratar a jóvenes coreógrafos de Rusia para que ayuden a la compañía a dinamizar sus coreografías. Esto no significa que el Bolshoi se vaya a convertir en una compañía contemporánea pero sí renovarán su lenguaje dancístico con trabajos como la coreografía Romeo y Julieta , obra en la que se mezclan los lenguajes moderno y clásico.

“El ballet clásico ruso ha dado y da mucho al mundo. Una persona rusa sabe que nuestro ballet clásico continúa existiendo, y siempre sera uno de los mejores del mundo. El Mariinsky ha tenido ya su período de reforma de transformación; el Bolshoi ahora está pasando por el mismo proceso, pero aquí será aún más complicado. El Bolshoi se divide en dos porciones desiguales: muchos en la compañía de la más vieja generación no desean cambiar, pero los jóvenes que son la mayoría están ansiosos y preparados para los cambios. Los más viejos bailarines no saben comportarse en este nuevo ambiente, vienen a los ensayos y no entienden lo que tienen qué hacer. Los jóvenes no se sienten mal o asustados al admitir que no sepan hacer algo, no están asustados en aprender algo nuevo. Hay una cambio de mentalidad muy grande e importante y eso hará que todo cambie”.

La propuesta de Ratmansky ya causó polémica en diversos países. La puesta en escena de Romeo y Julieta que años atrás se presentó en el Barbican Center de Londres uno de los principales recintos artísticos de esa ciudad tuvo una mala recepción entre la crítica.

Ratmansky no desiste y explica: “Sí, habrá críticas pero vamos a luchar por ello. Atraer al ballet a los open mind , a quienes les gusta el drama, la pintura y las nuevas propuestas artísticas”.

Actualmente se encuentra en Londres con motivo de las presentaciones que la compañía esta brindando en el Coliseum y afirmó que el Covent Garden era su “escenario favorito, después del Bolshoi”.

Alexei Ratmansky es coreógrafo y director artístico del Teatro Bolshoi, nacido en S. Petersburgo y forjado en la Academia Estatal de Coreografía de Moscú.

Bailó para el Ballet de Kiev y fue bailarín principal y coreógrafo del Royal Danish Ballet, y trabajó también en el Royal Winnipeg Ballet de Canadá. Desde 2004, tiene en sus manos la gran tarea de devolver al Bolshoi sus raíces rusas más auténticas continuando con la representación de los clásicos, que por otra parte fueron -junto a la increíble capacidad de esfuerzo e implicación de los bailares y el equipo técnico y artístico- los que le dieron fama, pero también aportando nuevas estéticas o incluso recuperando algunos bailes de la época soviética.

Ratmansky (1963) explica que el ballet debe ser capaz de atraer la atención del público más joven, de ese que huyó despavorido de las salas del ballet porque no se sintió identificado con lo que ocurría sobre el escenario.

Alexei Ratmansky. Credit: John D. & Catherine T. MacArthur Foundation. 2013.

Alexei Ratmansky. Credit: John D. & Catherine T. MacArthur Foundation. 2013.