El Tokyo Ballet en Berlín

“The Kabuki”, la perfección llevada a la danza.

Belleza, precisión, entrega, colorido, el Tokyo Ballet, fundado en 1964, dió otra vez muestras de su bien ganado prestigio con de “The Kabuki, la historia de los 47 samurais”, coreografiada por Maurice Béjart en 1986, y presentada por primera vez este martes 6 de julio por el Staatsballett Berlin en la Deutsche Oper de la capital alemana.

La compañía ya había traído esta misma pieza en 1999 al escenario de la Staatsoper Unter den Linden. Pero es una obra tan fresca, sus imágenes (impresionistas) tan hermosas y su danza (clásica, con elementos modernos muy moderados) tan exquisita, de tan buen gusto que bien puede ser vista más de una vez sin un ápice de aburrimiento.

Los espectadores se extasían durante las dos horas y 50 minutos (con un intermedio) que dura este ballet, basado en “Chusingura – la historia de los 47 Ronin”, un cruento relato épico compilado en el 1700 y convertido en un clásico del teatro Kabuki, sobre el honor y la lealtad hasta la muerte entre hombres dedicados a la guerra.

 

The Tokyo Ballet, KABUKI – Haruo Goto & Mika Yoshioka & Hirano – Photo Kiyonori Hasegawa

Sobre esta epopeya se realizaron diversas versiones para Kabuki y para Bunraku (el popularísimo teatro de títeres) que siguen representándose hasta hoy en Japón. Dos películas, rodadas en 1962 y en 1994 dieron a conocer la historia en Europa. Y no es casualidad que un cosmopolita como Béjart, hijo del filósofo Gaston Berger, admirador de Asia y uno de los coreógrafos mejor formados de su época se inspirara en esta espeluznante historia para crear en 1986 esta coreografía para el Tokyo Ballet.

El Tokyo Ballet, integrado por 85 bailarines, tan grande como el Staatsballett Berlin, ha paseado esta pieza por todo el mundo, pero el hecho de que se mantenga tan fresca como el día de su estreno se debe no sólo al proceso interno de renovación de la compañía, sino a la atemporalidad con que Béjart ha sabido captar el espíritu de la obra original para llevarla a la danza.

Todo comienza con un grupo de jóvenes que se divierte practicando “street dance” ante un conjunto de pantallas de televisión. Uno de los chicos empuña una antigua espada de samurai que le presenta una figura vestida de negro y se retrotrae al pasado, asumiendo el papel de un guerrero que debe vengar a su señor, forzado a cometer suicidio (“Seppuku”). Con las manos cubiertas de sangre el joven emprende el camino del samurai…

Así queda introducida esta historia palaciega y trovadoresca con escenografía y vestuario de Nuno Corte-Real. Las geishas abren y drapean sus magníficos kimonos, levantan sus piernas hasta el cielo. Escenografías cambiantes y un bufón muy virtuoso y gracioso alivian entre cuadro y cuadro el complicado relato. El compositor japonés Toshiro Mayuzumi alterna magistralmente modernos sonidos electrónicos con la tradicional narración cantada, Gidayu-bushi, en el estilo dramático y expresivo utilizado por el teatro Kabuki y el Bunraku.

Pero el drama fluye realmente con la formación de los 46 samurais sobre el escenario. Las intervenciones solísticas de Haruo Goto (en el papel de Yuranosuke), Yuji Matsushita (Sadakuro) y Naoyoshi Nagase (Kampei) arrancan ovaciones del público. Los samurais saltan acrobáticamente y atraviesan paredes de papel, muestran su disposición al combate, hasta que concentradamente y en minucioso ritual terminan con sus vidas en un Seppuku colectivo. Todos acaban muertos, al mejor estilo de Shakespeare.

 


Juan Carlos Tellechea (Berlín)
Periodista y crítico, nació en Montevideo/Uruguay, se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo, reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, desde 1999 en Berlín) y colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.
 

 The Tokyo Ballet, KABUKI – Haruo Goto & Mika Yoshioka – Photo Kiyonori Hasegawa

 

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