Emil Nolde en Suiza

 

La montaña llama: el expresionista alemán Emil Nolde en Suiza

Suiza significó una brusca transformación en la vida del pintor expresionista alemán Emil Nolde   (1867-1956). Los años que pasó durante su juventud en la Confederación Helvética, entre 1892 y   1897, influyeron decisivamente en su obra.

Una exposición dedicada a este período y titulada La montaña llama – Emil Nolde y Suiza, se   realiza del 19 de octubre de 2012 al 14 de abril de 2013 en la dependencia de Berlín de la   Fundación Nolde, cuya dirección acaba de asumir la historiadora de arte alemana Christine   Hopfengart (Múnich, 1955).Hopfengart, especialista en arte moderno y concretamente en la obra de Paul Klee (1879-1940),  sucede en el  cargo al profesor Manfred Reuther, un experto en la vida y obra de Nolde, tras  cuarenta años de  actividad (20 de los cuales al frente de la Fundación Ada y Emil Nolde, de  Seebüll, norte de  Alemania, y Berlín). Reuther sigue, sin embargo, de cerca las actividades de la  fundación como  asesor especializado en el estudio e investigación de todos los temas  concernientes a la obra de  este artista expresionista alemán.

La muestra presenta una interesante selección de óleos, acuarelas y dibujos realizados por Nolde bajo la impresión de aquella primera estancia en Suiza. Más tarde regresaría al país alpino entre   1933 y 1945, antes y después de que los nazis le prohibieran toda actividad relacionada con su   arte en Alemania.

Nolde era miembro y simpatizante, en un comienzo, del Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler,   e incluso tenía inclinaciones antisemitas. Pero, para su sorpresa y horror a partir de 1938 su   obra (junto con la de otros artistas modernos de la época) fue proscrita por el régimen que la   declaró arte degenerado (entartete Kunst). A partir de entonces tuvo que pintar en la   clandestinidad hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

St. Gallen

Pero volvamos a su primera época. En 1892 llegó a Suiza para ocupar un puesto como profesor de   dibujo en el Museo de la Industria y de Artes y Oficios de St. Gallen. Había recibido formación   como dibujante técnico y tallador en madera y había trabajado en Múnich, Karlsruhe y Berlín. En   St. Gallen se encontraba por primera vez y además ejerciendo la docencia; enseñaba dibujo   ornamental y realizaba proyectos para la producción artesanal de muebles. Además era profesor   privado de pintura paisajística de quien más tarde sería el renombrado jurista suizo Hans Fehr   (profesor de historia del derecho y especialista en las relaciones entre el derecho y el arte) con   quien mantendría una amistad de casi 65 años.

La docencia no le satisfacía en absoluto. Nolde se sentía orgulloso del status social y de la   seguridad financiera de que gozaba como maestro. También le satisfacía la resonancia que tenía   entre sus alumnos. Pero, en definitiva, no le gustaba la actividad reglamentada como docente y   echaba de menos la vida independiente de un artista. Quería consagrarse por entero al dibujo y la   pintura. Viajó después a Múnich, pero no fue admitido en la Academia de Arte, por lo que tomó   clases privadas en Dachau (Baviera) y posteriormente en la Académie Julian de París.

También estudiaba arte en París por aquel entonces el bailarín y coreógrafo húngaro Rudolph Laban   antes de fundar en 1913 su célebre escuela de danza en Monte Verità (Ascona, Suiza) que contribuyó   decisivamente al desarrollo de la danza expresionista moderna (Labanotation) y que Nolde  recomendó  visitar a una buena amiga suya, Mary Wigman, una de las pioneras de la Ausdruckstanz.

Laban tomaría después contacto con el compositor y pedagogo suizo Emile Jaques-Dalcroze,  a quien   seguiría a Hellerau (cerca de Dresde, este de Alemania), donde éste había creado en 1911 el   Instituto de Formación de Música y Ritmo (hoy Casa de los Festivales de Hellerau, una de las sedes   de la compañía de danza moderna de William Forsythe) que atraía ya entonces a la vanguardia   europea. También allí proseguirían los contactos de Nolde y su esposa Ada (que fuera actriz de   teatro en Dinamarca) con el mundo artístico, en general,  y con el de la danza,  en particular.

Montaña

En su vida privada, a Nolde le encantaba estar en contacto con la naturaleza; aprendió montañismo   y era miembro del Club Suizo de Alpinismo. Obsesionado, escalaba las cimas más altas. En 1896   alcanzó la cumbre del Matterhorn, la más emblemática y una de las más elevadas de la Confederación   Helvética, a 4.478 metros de altitud. Le fascinaban las montañas. Eran para él un desafío, tanto   desde el punto de vista físico como psicológico. Nolde se interesaba además por la vida de los   montañeses y sus costumbres. Con el afán investigador de un etnólogo, el artista describía la  música y las danzas de estos  habitantes, así como la forma de celebrar sus festividades. La danza fue desde un principio un  tema central en la pintura de Nolde. Su interés estaba más bien centrado en la expresionista,  libre, natural y popular, no tanto en la de salón o de sociedad.

Obras

Las primeras y más importantes obras de esos años fueron sus postales con paisajes de montaña   pintados humorísticamente que creó entre 1894 y 1898. Estos pequeños trabajos respondían a la   expansión en aquel entonces de las postales como medio de comunicación y, en principio, eran sólo   mensajes dirigidos a sus amistades durante sus viajes.

Al advertir Nolde que sus postales tenían buena receptividad las mandó imprimir. El éxito fue   enorme y vendió en los primeros 10 días 100.000 ejemplares. La personificación risueña de las  montañas en  las postales era toda una innovación que de inmediato emularon también otros  artistas. Por primera  vez aparece en la obra de Nolde una tendencia hacia lo grotesco que se  reitera finalmente en sus  creaciones más tardías.

Más decisiva para el futuro de su vida artística fue sin embargo otra obra: Amanecer (1895) una   acuarela en la que Nolde recoge las fantásticas impresiones que recibió al admirar la aurora en   las montañas. “Nunca más me salió otro cuadro de este tipo”, confesaba Nolde tiempo más tarde en   su autobiografía. Efectivamente, Amanecer, con sus colores incandescentes, ardientes, gracias al   imponente influjo de la naturaleza en las montañas, parece haber sido el gérmen de su futura   pintura paisajística.

Suiza

Más tarde Nolde volvió a viajar reiteradamente a Suiza. Lo hizo en la década de 1920 y de nuevo en   la de 1930. Cultivaba su amistad con Fehr, quien vivía en Muri (cerca de Berna). Visitaba además  a  Paul Klee (pintor polifacético cuya obra se adscribe tanto al expresionismo como al  constructivismo, al  cubismo, al primitivismo y al surrealismo, miembro del grupo Blaue Reiter,  amigo de Wassily  Kandinsky, 1866-1944,  ex profesor de la escuela de arquitectura Bauhaus,  también  perseguido y proscrito por  los nazis) enfermo de esclerodermia y exiliado en Berna.

Nolde provechaba también su estancia en la Confederación Helvética para  recuperarse de sus   problemas de salud (había padecido de tuberculósis en 1901). Le gustaba ir a la montaña a pintar.   “Me enterraba allí con mis pinceles y acuarelas” relataba a menudo. Le fascinaban especialmente   las cumbres nevadas, su radiante claridad con tonalidades entre azul y blanco. De estos paisajes   logró exquisitas acuarelas por su ligereza y minimalismo.

Los lagos en medio de las montañas eran también un desafío para Nolde. El lago de Ginebra y el de   los Cuatro Cantones (o lago de Lucerna) son motivos reiterados en su obra. Al artista le   interesaban mucho los reflejos en el agua, los efectos de luz y sombra bajo el sol. Intentaba   captar los cambios de tonalidad a lo largo del día y bajo diferentes formaciones nubosas. Así creó   varias series de acuarelas tituladas Lago de montaña, unas con reflejos de nubes violetas y   marrones; otras con azul, amarillo y verde; y otras más con violeta y amarillo.

Cumbres y olas

Si analizamos la obra de Nolde con mayor detenimiento observaremos cómo aproxima en algunas de sus   pinturas paisajes tan extremos como la montaña y el mar. Así por ejemplo encontraremos acuarelas   con siluetas de montañas que parecen representaciones del mar agitado, batido. Y a la inversa,   algunos paisajes marinos (Mar, de 1947), con sus grandes olas, parecen evocar las formaciones de   la alta montaña. Para Nolde ambos paisajes desembocan en un lenguaje pictórico dramático y en una   naturaleza intensa, violenta.

Exposición

La muestra, realizada en cooperación con el Museo Ernst Ludwig Kirchner de Davos (cantón de los   Grisones) presenta obras que fueron pintadas por Nolde en Suiza, frente a frente a los paisajes   que más le impresionaron, o más tarde de memoria, evocando las sensaciones que quedaron   profundamente grabadas en su mente.

Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938), quien se exilió en Frauenkirch (cerca de Davos), donde se  suicidó, fue un pintor expresionista alemán,  cofundador del movimiento Die Brücke en 1905 en  Dresde, al que perteneció Nolde asimismo por un  breve período, y también proscrito por el régimen  hitleriano. Sin embargo, ambos artistas jamás se encontraron en Suiza, sólo mantenían contacto  espistolar y no muy abundante, debido a la personalidad extremadamente irritable de Kirchner.

La exhibición comienza con las postales de montaña de Nolde y los motivos grotescos de sus   primeros cuadros, y sigue con las imágenes de diferentes ciudades y paisajes. En otra sala se   presentan pinturas de menor formato, los denominados “cuadros no pintados” (entre 1938 y 1945)   que, durante la proscripción de su trabajo impuesta por los nazis, fueron realizados   clandestinamente en su taller de Seebüll (región de Schleswig-Holstein, norte de Alemania), donde   tienen hoy su sede central la Fundación Ada y Emil Nolde, así como el Museo Nolde.

La última parte está consagrada a la labor docente de Nolde en St. Gallen y muestra además algunos   interesante dibujos técnicos y proyectos de muebles de estilo clásico que había desarrollado   durante este período.

 

Emil Nolde, Das Matterhorn lächelt, Bergpostkarte, 1896 (C) Nolde. Stiftung Seebüll