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Danza Ballet

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Escuela de Ballet de la Ópera de París


17 abril, 2007
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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Ecole de l’Ópera de París. En el templo de la tradición.

Es la primera escuela de ballet académico del mundo. Creada por Luis XIV en 1713 como la École de danse de l’Académie Royale de Musique, en pleno siglo XXI aún mantiene intacto el nivel de excelencia.

Reza el primer artículo del reglamento de la Escuela de Ballet de la Ópera de París: “La Escuela de danza de la Ópera Nacional de París tiene por misión principal la enseñanza profesional de la danza académica clásica”. Como si hubiera querido asegurarle el futuro al género, Luis XIV fundó la École de danse de l’Académie Royale de Musique en 1713 –dos años antes de su muerte–, con el objetivo de formar bailarines para el Ballet de la Ópera de París. En tal acto fundacional, el monarca marcó la historia ulterior de la danza clásica como “danse d’école”, o “danse académique”, e hizo del francés el lenguaje y la terminología del ballet que perduran aún hoy. El prestigio de esta academia –sin contar el valor simbólico y emocional que posee– se vio engrandecido más recientemente por la labor de su directora, Claude Bessy (antigua “étoile” de la Ópera), entre 1973 y 2004, año de su retiro. En julio del pasado año, asumió el relevo de “Mademoiselle Bessy” otra ex “étoile”, Elisabeth Platel.

A la faena pedagógica de Claude Bessy se ha asociado el relumbre del ballet francés en las dos últimas décadas.

Una larga lista de alumnos forman parte de los cuadros de “celebridades”: Sylvie Guillem, Marie-Claude Pietragalla, Patrick Dupond, Manuel Legris, Laurent Hilaire, Kader Belarbi, Nicolas Le Riche, Agnès Letestu, Aurélie Dupont, por sólo mencionar a algunos entre las “étoiles”. No obstante, en esta larga historia de aprendizaje, aparecen otros nombres, más o menos famosos, que pertenecen a las restantes categorías del Ballet de la Ópera de París como los solistas o los miembros del cuerpo de baile.

Excelencia formativa, guiada por Bessy, y que Rudolf Nureyev como director de la troupe entre 1983 y 1990 supo bien poner en valor.

“Ella amaba particularmente a los que poseen una gran capacidad de trabajo –comenta Isabelle Hérouard, profesora de danzas de carácter en la Escuela, que trabajó con Bessy durante más de diez años–, y esto puede no gustar a los otros que no tienen ese don. Muchos no comprenden cuán duro va a costar devenir un bailarín clásico. Cuando piensan en el ballet, ven el glamour de formar parte, algún día, de la Ópera; lo lindo que uno se ve en puntas y en tutú. En vez de criticar perpetuamente a la Escuela, los padres y sus hijos deberían conocer otras escuelas de ballet en el mundo para que se den cuenta de cuán mimados son en París”.

Hérouard hace referencia, indirectamente, a cierta campaña en contra de Claude Bessy, tachada como demasiado dura, y acusada de emplear métodos de martirio con los alumnos. Crítica que llegó de parte de un sector de la prensa francesa, que malévolamente presentó como diabólico lo que constituye el oficio y el aprendizaje del ballet: la disciplina, la autoridad del maestro, el trabajo y el esfuerzo como reglas de vida. Asimismo, esta campaña, si bien se ensañó en Bessy como representante de “el poder a derrotar”, parecía estar dirigida en sentido general contra las disciplinas artísticas de alto nivel, como el ballet.

En los últimos 20 años, Francia tuvo una eclosión de compañías contemporáneas a las que el gobierno intenta sostenerlas como para “quitarle el polvo” al ballet clásico. Y los críticos han jugado un rol en esto. El ‘jeunisme’ (del francés ‘jeune’, joven) es una obsesión. Y a partir de los ’70, la demanda llegó de parte de ciertos bailarines.

Patrick Dupond fue uno de los primeros en hacer “moderno” con Béjart y en la Ópera.

“Es muy importante que haya personalidades que sepan transmitir la tradición, conservar el patrimonio –apunta Hérouard–. Y hay gente que aprecian poco o nada el patrimonio. Son como fenómenos de moda, que inducen ciertas preferencias. Con frecuencia, se confunde moda y modernismo. Estimo que debería haber una paridad igual entre lo clásico y lo contemporáneo”.

La escuela por dentro

La Escuela cuenta con 135 alumnos, 83 de ellos son mujeres y 52 varones. Para ser admitido, hay que tener entre 8 y 11 y medio años, y hasta 13 en el caso de los varones. Hay que ser de nacionalidad francesa o ciudadano de la Unión Europea. Los alumnos extranjeros pueden ser admitidos en razón de las plazas disponibles. Una vez en la escuela, y luego de un largo proceso de selección y de la etapa del “stage”, los alumnos son efectivamente mimados, vía el soberbio entrenamiento que reciben, extensivo a una educación artística cuyos frutos se observan después en la escena, y que, actualmente, distinguen a los bailarines franceses.

En la Escuela de la Ópera, la última división (la sexta), es la del inicio, y la primera, el último curso. Con anterioridad al ingreso en la sexta división, existe la fase previa, o el stage, que dura seis meses antes de la admisión definitiva.

Cada año, entre 250 y 300 aspirantes se presentan a las audiciones para ingresar al stage. La mayoría son niñas, pero en 2001, tras el éxito del filme “Billy Elliot”, 50 varones se postularon como aspirantes.

Entre las diversas disciplinas que integran el programa educativo, la llamada “chorale”, coral, o expresión musical, desarrolla en los alumnos su expresividad vocal, corporal y artística. También existe la propiamente denominada “danza contemporánea”, que se imparte en los dos últimos años, e instruye en otras técnicas ya históricas de la danza. La disciplina “mímica”, no se limita al lenguaje de la pantomima clásica sino a cómo expresar por medio de este sistema de signos cualquier situación dada.

La “Historia de la danza” se imparte en tres años, o “divisiones”: la cuarta, la tercera y la segunda división.

A notar, también, que están diferenciadas –y enriquecidas– la enseñanza de las danzas de carácter y la del folklore. El “caractère” de la danza clásica se imparte en la tercera y la cuarta división. El folklore insiste en las danzas populares francesas, o el acervo nacional, lo cual permite la familiarización con el espacio y sienta las bases del ritmo, indispensables al futuro bailarín.

Fue Claude Bessy, quien introdujo en el programa de estudios la “chorale”, el folklore, la mímica y el contemporáneo. Otra idea de Bessy fue llevar la institución al exterior, exponerla al público a través de demostraciones.

“Un país como Francia, cuna del ballet, de la danza académica –afirma Hérouard–, debe mantener una escuela pública de danza ligada al Ballet de la Ópera de París. Por otra parte, y sin desligarnos de la tradición, sabemos aprovechar la oportunidad de poder invitar a coreógrafos de otros países y de los más diversos estilos. Es necesario asimilar para poder reescribir dentro de la propia personalidad. Transmitir y bien guardar el patrimonio, bien servirse de él para pasar a otra cosa, pero que se conserve esa personalidad que caracteriza a la escuela”.

En la actualidad, la Escuela tiene su sede en Nanterre, en las afueras de París, sin embargo, hasta 1987 se hallaba en la Ópera Garnier, ya no en el soberbio edificio Segundo Imperio que ostenta relación física con los tiempos del Rey Sol. Pero es el gesto del padre del ballet el que continúa presente, en obra y espíritu, más allá de la piedra cambiante y perecedera.

Como entrar

Las niñas que tienen entre 8 y 10 años y medio, y los niños que tienen entre 8 y 11 años, son convocados para las audiciones en diciembre. Si los aceptan en la audición, siguen un stage que dura 6 meses, entre enero y junio. Después de este stage previo, se decide su admisión final en la escuela. Las niñas de más de 10 años y los varones que pasan de los 11 años, deben seguir un stage de un año, entre septiembre y junio.

Los candidatos que hayan pasado dos veces el stage sin ser admitidos definitivamente a la Escuela, no se pueden presentar una tercera vez al stage. La admisión al stage descansa en el criterio de la directora de la Escuela, asistida por dos profesores.

Se hace, en primer lugar, un examen de aptitud física, fundamentalmente morfológica. Los que pasen este examen, luego son convocados a otro, más profundo, donde se trata de movimientos técnicos y de ejercicios de danza. Luego del stage, se entra en la sexta división. Hay 6 divisiones, de niñas y niños, por separado. Al final de cada año escolar, los alumnos pasan un examen que determina su entrada en la próxima división, o los mantiene, por el contrario, en la misma.

El examen de fin de año es obligatorio para todos hasta la segunda división. No obstante, para presentarse al examen, los alumnos de la segunda división deben obligatoriamente haber obtenido certificados de aptitud, de parte de sus profesores, concernientes a las disciplinas: formación musical, historia de la danza, y anatomía aplicada a la danza.

Los exámenes son constituidos por la presentación de un adagio, una variación y una coda, según la selección de la directora de la Escuela o los profesores, y se les comunican a los alumnos con 10 días de antelación. El jurado de estos exámenes anuales está compuesto por: la directora de la Escuela (presidenta), el director de la danza de la Ópera de París o su representante, dos profesores de la Escuela, elegidos por el claustro, y dos bailarines de la Ópera, que ostenten al menos el rango de “sujet”.

Las decisiones son tomadas por unanimidad.

La clase de “caractère”, de Mademoiselle Hérouard

“Si uno no asimila bien desde la escuela cuál es la esencia de las danzas de carácter, más allá de sus peculiaridades estilísticas, se está perdiendo un enriquecimiento como bailarín clásico, porque la vitalidad del caractère, que está en el origen de tantas formas de la danza, expresa el propio ser. O sea, un sentimiento; uno no puede bailar sin sentir. Y este sentido es el que trato de transmitir a mis alumnos”, dice Hérouard.

“Mademoiselle Hérouard” es sobre todo una especialista en la mazurca. Según la maestra, la mazurca es la forma en la cual los franceses entendieron el correcto polaco ‘mazurki’, el plural de ‘mazur’, pues hay tres tipos: la “mazur” propiamente dicha, el “oberek” y el “kuttawiak”. Una apasionada de Polonia y su espíritu eslavo, que tanto otorgaron a la danza clásica, de una manera o de otra, así como a la cultura europea. Como especialista en el baile de carácter, formada en la danza clásica desde los 6 años, Hérouard tuvo la opción de elegir su campo más afín. Hay quienes optan por la propia Francia, o España, pero en su caso, fue Polonia. “Porque todo esto forma parte del patrimonio clásico, en definitiva.

El bailarín que no asimila en su propio cuerpo esta herencia perderá mucho en su desarrollo artístico”, afirma.

Patrimonio del cual el ballet francés, por medio de la Escuela y la compañía –el Ballet de la Ópera de París–, se revela como un celoso guardián, para provecho del resto del mundo del ballet.

colaboradores  Escuela de Ballet de la Ópera de París
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colaboradores  Escuela de Ballet de la Ópera de París
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