Filarmónica de Berlín con Claudio Abbado

Mahler y Abbado extraordinarios

La convocatoria es sumamente atrayente. Un concierto adicional de Claudio Abbado en la tarde de este miércoles 18 de mayo, tras la serie que dirigiera brillantemente desde la semana pasada con obras de Gustav Mahler, para conmemorar el centenario del fallecimiento del compositor austríaco, ocurrido precisamente un día como hoy en 1911. La gran sala auditorio está abarrotada de público, con entradas agotadas desde hace meses.

El programa se abre con la “Sinfonía nro. 10”, inconclusa (en la versión del musicólogo británico Deryck Cooke), con el único movimiento que Mahler pudo terminar, el “Adagio”, en una interpretación sumamente profunda, misteriosa, lírica en la que se destacan de forma especial las cuerdas, los vientos y las maderas de la Orquesta Filarmónica de Berlín.

La segunda parte, sin interludio, fue consagrada a “La canción de la tierra”, un ciclo sinfónico de seis canciones (con textos de los poetas chinos Chang Tsi, Li-Tai-Po, Mong Kao-Yen y Wang Wei, del siglo VIII de nuestra era), compuesto entre 1907 y 1909 por Mahler. Anne Sofie von Otter (mezzosoprano) y Jonas Kaufmann (tenor) interpretan estas letras traducidas y reunidas en “La flauta china” por el poeta alemán Hans Bethge (1876-1946).

En el primer movimiento, “Das Trinklied vom Jammer der Erde: Allegro pesante”, es vibrante la interpretación de Kaufmann cuando dirigiéndose al “¡Señor de esta casa!” alaba la prodigalidad de sus caldos: “¡Tu bodega atesora la abundancia de vino dorado! (…) ¡Una buena copa de vino en el momento justo / vale más que todos los reinos de esta tierra!”, dice en sus versos Li-Tai-Po (701-762).

Las cuerdas y las maderas de la orquesta acompañan su canto, y desempeñan un papel clave en esta música imbuida de profunda espíritualidad oriental .

En el segundo movimiento (“Der Einsame im Herbst: Etwas schleichend. Ermüdet”), es von Otter, quien con voz muy delicada evoca junto con el poeta Chang Tsi (765?-830?) cómo “Las nieblas otoñales ondean, azules, sobre el mar; / toda la hierba se cubre de escarcha; / se diría que un artista ha extendido polvo de jade / sobre los delicados pétalos. // El dulce perfume de las flores se ha esfumado; / un viento frío dobla los tallos. / Pronto flotarán las mustias y doradas hojas / de las flores de loto sobre el agua.”

“De la juventud” trata el tercer tema (“Von der Jugend: Behaglich heiter”), dinámico, enérgico, juguetón, cantado por el tenor: “En el centro del pequeño estanque / hay un pabellón hecho de porcelana verde / y blanca. // Como el lomo de un tigre / se encorva el puente de jade / hasta el pabellón. // Dentro de la casita se sientan amigos, bellamente vestidos, beben, conversan; algunos apuntan versos. // (…) Sobre la tranquila superficie del agua del estanque se muestra todo maravillosamente como una imagen especular”, medita Li-Tai-Po en sus versos.

De este mismo poeta son las estrofas “De la belleza”, (“Von der Schönheit: Comodo. Dolcissimo”), el siguiente movimiento, cantado por la mezzosoprano, con pasajes muy sensibles: “Gold’ne Sonne webt um die Gestalten, / Spiegelt sie im blanken Wasser wider” (“El sol dorado se mueve en torno a las imágenes, las refleja sobre el agua resplandeciente”, y más adelante muy expresivos: “Y la más bella de las jovencitas le dirige / largas miradas de ardiente anhelo. / Su actitud orgullosa es sólo disimulo: / en lo fulgurante de sus grandes ojos, / en la oscuridad de su mirada ardorosa / se agita todavía atribulada la excitación de su corazón”.

El quinto movimiento (“Der Trunkene im Frühling: Allegro”, “El borracho en primavera”), también de Li-Tai-Po, es interpretado con enorme fuerza por Kaufmann: “Si la vida es sólo un sueño, / ¿para qué, entonces, el esfuerzo y la pena? / Bebo hasta que ya no puedo más, / ¡todo, el santo día! // Y cuando ya no puedo beber más / porque el gaznate y el alma están llenos, / entonces camino vacilante hasta mi puerta / y duermo maravillosamente.”

En “La despedida” (“Der Abschied: Schwer”), con rimas de Mong Kao-Yen y Wang Wei (701-761), von Otte capta el ocaso de la vida de forma muy dulce y reflexiva (se destacan las intervenciones solísticas del flautista suizo Emmanuel Pahud y del oboista alemán Albrecht Meyer, ambos miembros de la Orquesta Filarmónica de Berlín): “¡Oh, mira! Como una argéntea barca, / levita hacia lo alto la luna en el mar celestial. / ¡Siento cómo sopla un suave viento / tras los oscuros abetos!”. Pero con la esperanza de que la vida siempre vencerá a la muerte: (…) “Mi corazón está tranquilo y espera su hora // ¡La amada tierra florece por doquier / en primavera y reverdece! / ¡Por doquier y eternamente resplandece de azul la lejanía! / Eternamente… eternamente…”

El homenaje a Mahler concluye con un profundo silencio, mantenido con veneración durante varios segundos por Abbado. Estos instantes de respiración contenida llevan a una sutil reflexión a la platea, a un mayor recogimiento todavía, antes de que los atronadores aplausos y aclamaciones inunden la sala.

En el sitio de internet de la Filarmónica de Berlín www.digitalconcerthall.com  puede ser visto el vídeo de este memorable concierto en toda su extensión.


Berlín, 18/05/2011
Gran sala auditorio de la Filarmónica de Berlín.
Concierto extraordinario con motivo del 100º aniversario del fallecimiento de Gustav Mahler.
Anne Sofie von Otter (mezzosoprano). Jonas Kaufmann (tenor).
Director invitado Claudio Abbado.
Orquesta Filarmónica de Berlín. “Sinfonía nro. 10”, versión de Deryck Cooke; y “Das Lied der Erde”, de Gustav Mahler (1860-1911). 100% del aforo.
 

Gustav Mahler (1892) from Hofphotograph Leonhard Berlin-Bieber (1841–1931)

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