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Danza Ballet

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Giselle, por el Ballet de la Ópera de París

13 octubre, 2009
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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No deja de ser emotivo el ver “Giselle” por el Ballet de la Ópera de París, quien lo dió al mundo, en 1841, cambiando la estética del género hasta el día de hoy.

Naturalmente, la línea de transmisión desde 1841 hasta la actualidad no es directa, pues “Giselle” partió en exilio de Francia en 1868 hacia Rusia, donde se representaba desde 1848, en puesta en escena del propio Jules Perrot –a quien con bastante probabilidad se le debe más en la coreografía original que a Jean Coralli- , y con Fanny Elssler y Marius Petipa, quien años más tarde, sucesivamente en 1884, 1887 y 1899, la remonta.

Como se sabe, es a Petipa a quien se le “debe” la imagen que hemos recibido de “Giselle”, aunque él permaneció fiel al espíritu de Jules Perrot, y había sido su asistente de montaje en la puesta de 1850 en el Mariinsky.

Fue en Rusia donde “Giselle” no dejaría de representarse.

A la Ópera de París retornaría en 1910, con Diaghilev, y Karsavina y Nijinsky, en versión arreglada por Mijail Fokine que seguía muy de cerca la de Marius Petipa.

En 1924, la Ópera de París presenta su propia versión, firmada por Nicolas Sergueiev, quien se había traído desde el Mariinsky las partituras anotadas con el sistema Stepanov, el “escribano” de los principales ballets de Petipa.

Esta línea de transmisión es así la más “fiel”. En Londres, en 1932, Sergueiev presenta su versión, bailada por Spessítseva y Anton Dolin, quien en 1940 la montaría para el Ballet Theatre de New York, un “origen” de la versión cubana de Alicia Alonso, aunque ésta también remite a la inglesa Mary Skeaping, heredera asimismo de la tradición Sergueiev-Stepanov.

Serge Lifar, a partir de 1941, renueva para la Ópera de París su propia herencia de “Giselle”. Él, enamorado del ballet, formará a esas grandes Giselles francesas, comenzando por Yvette Chauviré, y Lycette Darsonval, Solange Schwarz, Nina Vyroubova, Liane Daydé.

Rudolf Nureyev, un continuador iluminado de Lifar desde el punto de vista de la importancia otorgada a Albrecht, retoma como director del Ballet de la Ópera la versión de Mary Skeaping, en 1985.

La actual versión, firmada por Patrice Bart (heredero de Mary Skeaping) y Eugène Polyakov (un “ex” del Bolshoi), data de 1991. Entonces, los decorados fueron de inspiración bretona, pero desde 1998 se han asumido los diseños de escenografía y vestuario de Alexandre Benois, realizados para la versión de 1924.

Nada se aparta pues aquí, de la gran tradición. Si bien la línea que remite a la Skeaping es ostensible, la genealogía rusa, de la mano de Polyakov, es evidente estilísticamente sobre todo en el segundo acto. Bertha (Christine Peltzer), la madre de Giselle, hace la pantomima en el primer acto donde expresa su temor de que su hija se convierta en una Willi.

Bathilde (Béatrice Martel), enfatiza en la dramaturgia su relación con Albrecht, apunta más a su condición de mujer que a la previa simpatía con Giselle.

Hilarión (Nicolas Paul), provoca lástima. Pierde a Giselle, doblemente, y luego pierde su vida, como sabemos, mientras que Albrecht la salva, gracias a esa misma Giselle. Se subraya más el aspecto amoroso del celoso guardabosques. Por cierto, el programa de mano, al consignar la asunción de la versión de Alicia Alonso por la Ópera de París en 1972, anota que en la misma “Hilarión es un héroe positivo que representa al pueblo”. (sic).

Agnès Letestu como Giselle fue un dechado de sensibilidad, tan característica en ella. Por momentos, y son varios (como en el deshojar la margarita), tiene los destellos diáfanos de las grandes.

Probablemente, su primer acto es mejor que el segundo, aunque a éste no le falta ni la vulnerabilidad de la Willi –siempre aérea- ni el escalofriante hieratismo del espectro, que sin embargo se consume aún en la pasión por Albrecht.

Ciertos detalles, evidentemente trabajados con un cuidado preciosista, que a veces recuerdan a Chauviré, especialmente en la peligrosa escena de la locura, como el que su mirada desvaríe ya aún antes de volverse en efecto loca, pusieron de manifiesto no sólo a una Giselle conmovedora sino habitada por su verdadero espíritu, que en definitiva permanece “en casa”.

Sorteó todas las variaciones con brillantez; a recordar sus saltos en punta en el primer acto, sus piruetas en attitude, y más tarde, subirse a la punta en la iniciación.

Maravillosa Agnès, fina, llena de luz.

Junto a ella, el Albrecht de José Martínez, también de excepción, en un acoplamiento que hace de ambos una gran “Giselle”, integral.

El afinamiento expresivo de estos dos étoiles es irresistible.

Martínez, además de sus bellos grand-jetés y sus altos entrechat-six en la célebre coda, despliega en el llamado “duque de Silesia” la personalidad que acaso mejor le aviene: la del seductor elegante, un aristócrata altivo, de “ensueño” (con respecto a estos roles que demanda el ballet “clásico”). Sin embargo, le insufla la riqueza de las contradicciones de Albrecht, en una entrega compleja y hasta desgarradora, que no dejaría de ser paradigmática.

Inolvidable su entrada en el segundo acto, misteriosa…Sí, remite a Nureyev, pero ello no explica por sí sólo ese poder de sobrecogimiento que produjo Martínez, manejando la (ya) célebre capa.

Señalo por último al “amigo” del pas de deux del primer acto, Grégory Gaillard, y al cuerpo de baile, muy coordinado y preciso, en el segundo acto.

Al salir de la Ópera Garnier, con la avenida de la Ópera enfrente, y los bulevares a los lados, creo me hubiera sentido más bien en la calle Le Peletier, donde en 1841 estaba la Ópera. Théophile Gautier, autor del libreto de “Giselle”, le escribía a su inspirador Heinrich Heine, tras el estreno del ballet: “Las Willis han recibido el derecho de cuidadanía en la poco fantástica calle Le Peletier”.

La Ópera de París mantiene su poder intacto, y renovado.

colaboradores  Giselle, por el Ballet de la Ópera de París
Giselle. Libretto, Théophile Gautier, Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges. Music, Adolphe Adam.

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