Hacia arriba

Danza Ballet

#
La danza y el ballet

Giselle por el Ballet Nacional de Cuba en París

8 agosto, 2007
Imprimir

colaboradores  Giselle por el Ballet Nacional de Cuba en París

Bailar en casa del trompo.

“She is Giselle”. Todavía oigo el típico inglés enfático de Arnold Haskell en unas declaraciones en Cuba, en 1967, a propósito de Alicia Alonso en el ballet homónimo. Los elogios a la gran bailarina cubana en ese rol nunca han sido comedidos. “¿Cómo puedes bailar Giselle si Giselle eres tú?”, le dijo el chileno Fernando Emery.

U otro inglés, Peter Williams, juiciosamente hiperbólico: “La más grande interpretación que el mundo haya conocido jamás”.


¿Por qué, para referirme a la presentación de Giselle por el Ballet Nacional de Cuba en  la tercera edición del festival Les Étés de la danse de París,  en el Grand Palais, entre el 17 de julio y el 3 de agosto, escojo para comenzar la referencia a una bailarina que ya no baila?. ¿No es injusto, en  alguna medida, con las bailarinas que en efecto lo interpretaron y sobre las que deberé -con tanto placer, de la otra parte- comentar para los lectores?.

Porque Alicia Alonso continúa siendo ineludible, especialmente si se trata,  como en este caso, de explicar el éxito de Giselle en las piernas de los cubanos. En el ballet, la tradición que lo cimenta y lo perpetúa descansa en pilares que son al mismo tiempo colectivos como individuales: los últimos explican a los primeros. Pero hay diferencias, debidas a prosapias  temporales disímiles. En compañías como el Ballet de la Ópera de París -la más antigua de todas, es sabido-, el Bolshoi o el Kirov, por ejemplo, los índices colectivos suelen sobrepasar los individuales.

En el Ballet Nacional de Cuba, una compañía que sólo cumplirá 60 años en 2008, la tradición tuvo desde el principio el nombre de Alicia Alonso. Más aún, el que se ella se apropiara tan cómodamente de la tradición (y la sintetizara) que le  precediera. Sin ninguna explicación “colectiva”posible, tan sólo “individual”.

Acaso por ello el indicador del Ballet Nacional de Cuba es aún el de ella, y lo será por un tiempo considerable. Lo cual no  significa, ¡desde luego!, que ya varias generaciones de bailarines cubanos no constituyan también la tradición viva de la compañía.

Y si todavía oigo a Haskell, aún más veo a la Alonso en Giselle.
 

Ninguna “escena de la locura” como la de ella, donde el misterio del teatro -ese hacernos olvidar, aun si en apenas un instante, que estábamos en una representación convenida para hacer de ésta la vida- se revelaba. Ningunos pies como los de ella, en sus célebres entrechat-quatre del segundo acto,  donde la velocidad los hacía rodar en cámara rápida. A veces, ni se lograban ver. Ninguna “salida de la tumba” como la de ella: sí,otras pueden hoy, como Alonso, subirse a la punta después de las vueltas en attitude, pero el sentido aéreo con que lo hacía irreal no ha sido superado, en mi opinión.

Ningún adagio del segundo acto como el de ella: en los brazos de su Albrecht, que la elevaba y la depositaba en el suelo, pesaba menos que una pluma. Emprendía el vuelo con los brazos hacia abajo, y descendía con ellos hacia arriba. Contrarios filosóficos  en acción.

Como María Callas, Alonso nos ha impedido luego el disfrute total de muchos de los roles que interpretó: la imagen que resta es demasiado perfecta. Sin embargo, en su otro rol de repositora de los grandes clásicos, sobre todo Giselle, su ballet “fetiche”, ha logrado que muchas también de las virtudes interpretativas y coreográficas que la identificaron como bailarina se hayan trasuntado en un camino de continuidad. Ésta es la otra grandeza de su personalidad artística.

Giselle es el epítome del romanticismo francés, que es decir una suma -una- de lo “francés” en el ballet, que es decir casi todo. En otras palabras: ahí llegaron los cubanitos a bailar en casa del trompo, literalmente. Pero la conquista, como ya hemos sugerido, la efectuó en su momento Alicia Alonso.

Con Giselle, acaparó los premios del Festival Internacional de la Danza de París, en 1966 y en 1970. Más tarde, el montaje de su versión para el Ballet de la Ópera de París, la institución en la que nació la obra. “Les enfants” del ballet cubano no tenían que esforzarse mucho para “épater” al público parisino.

La versión de Alonso es una de las mejores puestas de este título,sino la más convincente y eficaz. Respecto de otras producciones, las ventajas de la cubana son, sobre todo, la claridad dramatúrgica y estilística.

Sólo que el ballet es un arte escénico: un escenario improvisado, aun si bajo la estructura arquitectónica del Grand Palais, no permite esa magia sin la cual Giselle es menos que fuegos fatuos. Por cierto, éstos se intentan representar al inicio del segundo acto con lucecitas intermitentes como en un árbol de Navidad. O a los parisinos les recordaría la decoración con bombillos de la estación del Sena desde donde parten los “bateaux-mouches”.

Peor aún, si algo podría ser peor que tal iluminación, la dizque celebrada capa verde entre las otras blancas en el tutú de las Willis. El color verde intenta aludir al moho de la tumba. Pretendido realismo fantasmagórico, que desvirtúa al ballet blanc : si no fuera por la excelencia coreográfica de la versión, este segundo acto sería algo demasiado musgoso. Aun con las limitaciones impuestas por el lugar de la representación, es innegable que la escenografía aportada es vacilante, como el vestuario. La  producción necesita ser revisada. Pese a que las líneas dramáticas en el primer acto de la versión cubana permanecen en el ballet mundial entre las más expeditas y contundentes, en contraposición con el segundo acto, soberbiamente delineado y sobrio, el primero muestra signos de decadencia.

El arte del ballet envejece tan rápidamente como el cine. Lo que hasta sólo diez años atrás era espléndido, hoy puede ser sobreactuado.


No hay ningún segundo acto como el del BNC. ¡Estilo, estilo y más estilo!. La inclinación del torso, la colocación de los hombros, de la cabeza, el acento en el baile, los port de bras, la manera en que se “atacan” los pasos: esta diferencia es esa en la que consiste el ballet. El resto es técnica.


A Alicia Alonso, entendedora como pocas, le corresponde buena parte del mérito.

A destacar la pujanza masculina de la compañía. En el pas de dix del primer acto, cuatro bravos: Taras Domitro -mi preferido-, Raúl Mazorra, Alejandro Sené y Dayron Vera. El delicioso Joel Carreno -sí, perteneciente a la dinastía del mismo nombre- como Albrecht el 28 de julio, es el trágico duque, habitado por el espíritu de la época. Carreño posee esa cualidad sutil que separa un excelente bailarín de una gran compañía -llámese BNC o Bolshoi- de uno que brillaría por sí mismo dondequiera.

No tan maduro interpretativamente, Rómel Frómeta (Albrecht, el 29), no obstante su prestancia y su capacidad para los roles nobles. La Giselle de Carreño fue Anette Delgado, bailarina sensible y destinada a volar. La emoción que despliega es más seductora que impositiva. En tanto actriz, el control de su mirada es admirable.

Viengsay Valdés (Giselle, el 29) es rotunda, pero metamorfosea su poder en delicadeza.  Más bella y afilada desde la última vez que la vi, en 2004, sus rasgos acusan ahora autoridad. Es una Giselle plenamente romántica.
© 2005 Danza Ballet

Nostalgias de amor, armonía y buen humor Que el ballet puede interpretarse haciendo gala de muy buen humor es algo que nos ha legado desde hace seis decenios el coreógrafo estadounidense Jerome Robbins (1918 – 1998) con su pieza “The Concert or the Perils of Everybody“, estrenada por el New...
Plagio: Pro-Arte Musical y su divulgación de cultura en Cuba   CARTA ABIERTA Nueva York, octubre 8, 2011 Ediciones La Memoria - Centro Cutural Pablo de la Torriente Brau La Habana. Estimados señores/señoras: Ha llegado a mis manos el libro titulado “La Sociedad Pro-Arte Musical Testimonio de su tiemp...
Camerata Aragón debuta con gran éxito en la Filarmónica de Berlín La Camerata Aragón, dirigida por el argentino Rolando Prusak, se presenta por primera vez esta tarde del sábado 7 de mayo de 2011 en la sala de música de cámara de la Filarmónica de Berlín, en un concierto benéfico por los damnificados tras la catást...
Chaikovski y la Deutsche Symphonie Orchester Berlin Hermosa velada con Chaikovski y la Deutsche Symphonie Orchester Berlin. Maravilloso. Un concierto de la Deutsche Symphonie Orchester Berlin bajo la batuta de Christoph Eschenbach íntegramente dedicado a Chaikovski, este domingo 12 de diciembre en la...
UN ESTRENO POCO SATISFACTORIO Muchos galardones ha ganado Christopher Wheeldon a través de su corta carrera como coreógrafo. Y decimos corta, porque  el afamado y reconocido Wheeldon solo cuenta 34 años de edad. Con 15 obras en su haber, compuestas par...
Ballet El Corsario por el American Ballet Theatre LOS CORSARIOS NO PIERDEN VIGENCIA ...Según como lo cuenta el argumento, no todos los corsarios son  maleantes, y el Conrado de esta fábula, personificado por Gennadi Saveliev una vez más,  conoce bien su trabajo, al que...

Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies y Google Analitycs para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas, y de nuestra política de cookies, privacidad y RGPD ACEPTAR

Aviso de cookies
Conozca TLM