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Ha muerto Roland Petit

10 julio, 2011
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colaboradores  Ha muerto Roland Petit

Uno de los màs grandes coréografos del siglo XX, ha muerto a los 87 años.

Adonde quiera que haya partido, Petit podrà conversar con Marius Petipa (“Petit pas”), su compatriota, nacido en Marsella, ciudad a la que luego se asociarìa con Petit. Tales fueron las “intermitencias” del espìritu francés de la danza.

Acabo de recibir este triste email de la Opéra de Paris:

“L’Opéra national de Paris a la tristesse d’apprendre le décès de Roland Petit, danseur et chorégraphe, survenu à Genève le 10 juillet 2011.”

Uno de los màs grandes coréografos del siglo XX, ha muerto a los 87 años.

Nacido el 14 de enero 1924 en Villemomble, en 1933 entrò a la escuela del Ballet de la Opéra de Paris. Se uniò al cuerpo de baile de la compañìa en 1940, para irse cuatro años màs tarde. Pero, en realidad, Petit nunca abandonò a la Opéra de Paris…

Desde 1942, habìa ya presentado sus primeras coreografìas en el Teatro Sarah Bernhardt (hoy Teatro de la Ville de Paris). Fue con la creaciòn, no obstante, de los Ballets de Champs-Elysées en 1945, donde el talento -siempre teatral- de Petit saltò a la fama, con obras como “Les Forains” -no hace mucho la pude ver en el Ballet de la Opéra de Paris y mantiene su frescura intacta- y la singular “Le Jeune Homme et la Mort”, libreto de Jean Cocteau, con Jean Babilée. Este ballet “existencialista” conociò un éxito que reverdece siempre. (Hace algunos años, visité en Paris a Jean Babilée en su apartamento. Comprendì entonces, como el mismo Babilée lo sugerìa, de dònde provenìa la creaciòn de Petit.)

En 1948, el coreògrafo funda otra compañìa, “Les Ballets de Paris”, en el Teatro Marigny. El año siguiente, es el del estreno de otro clàsico, “Carmen” -que luego inspirarìa hasta a Alberto Alonso en su ballet homònimo-, con Renée Jeanmaire que devendrìa Zizi…

La década de los 50, lo encuentra en Londres, colaborando, por la primera vez, con Margot Fonteyn, con Ninette de Valois y el Royal Ballet, e incluso con Orson Welles en “The Lady on the Ice”.

De Londres parte a Hollywood… Cito tan sòlo uno de sus filmes: “Daddy long legs” (1954), de Jean Negulesco, con Fred Astaire y Leslie Caron. (Luego harìa otras comedias musicales y espectàculos afines al género en la propia Francia.)

En 1970, es nombrado director del Ballet de la Opéra de Paris, pero dimitiò al cabo de seis meses. Sin embargo, habìa creado para la instituciòn parisina “Notre Dame de Paris” en 1965, otro de sus clàsicos.

En 1972, fue invitado a dirigir los Ballets de Marseille, que cambiò su nombre en 1981 por “Ballet Nacional de Marsella-Roland Petit”. Sòlo partirìa de esta compañìa que fue su faro y emblema, en marzo de 1998. Para ella creò varias de sus obras maestras, como “La rose malade” (1973), “L’ Arlésienne” (1974), “Proust o las intermitencias del corazòn” (1974), “Coppélia” (1975), “El murciélago” (1979, mùsica de Johann Strauss). En estos años, Loipa Araùjo, entonces primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, fue su artista invitada. Araùjo se convertirìa, de cierta manera, en una bailarina “petitiana”.

Para el Ballet de la Opéra de Paris, crearìa en octubre de 1999 el denso pero atractivo “Clavigo”, con Nicolas Le Riche.

Reclamado sin cesar por las màs importantes agrupaciones del mundo, a lo largo de toda su carrera, Roland Petit fue hecho Commandeur de la Légion d’ Honneur en 2004.

Suele catalogarse estilìsticamente a Petit -junto a otros- como un coréografo “neoclàsico”, denominaciòn que es imprecisa e incorrecta, pues alude en definitiva a un lenguaje, el clàsico, que siempre es nuevo y nunca “neo” porque es eterno. Esto fue lo que demostrò Petit, en su forma (muchas veces) teatral, pero profundamente permeada de una sensibilidad finìsima: acaso lo que la definirìa es el haber encontrado en el movimiento en su junciòn sobre la escena, esas “les intermittences du coeur”, el tìtulo de una de las secciones de “Sodoma y Gomorra” en “La Recherche”.

Y es ahora el corazòn de Roland Petit el que ha dejado de latir, para siempre.
 

Nacido para el movimiento.

Como recordaba Ariane Bavelier en Le Figaro, con menos de cuatro años le petit Petit bailaba al sonido de la fanfarria. La familia se trasladò desde Villemomble (Seine-Saint-Denis) para les Halles, el tradicional barrio de Parìs dedicado al comercio de carnes y otros alimentos. Su padre, Edmond, abriò un restaurant. Intentaron hacerle olvidar la pasiòn por el baile. En vano. Vencido, el padre lo inscribiò en el concurso para entrar a la escuela de la Opéra de Paris. La suerte estaba echada, y con ella, la de los padres que se convirtieron a la pasiòn del hijo. Fue Edmond quien pagò de su bolsillo a la orquesta de la salle Pleyel para que presentara sus primeras coreografìas. E invitò, ya que el pùblico podìa ser escaso para un creador tan joven y absolutamente desconocido, a todos los carniceros y verduleros de les Halles. Mientras tanto, la madre, Rosa Repetto (nacida en Milàn), habìa abierto en la rue de la Paix la tienda de zapatillas de punta que todavìa ostenta su nombre.

De cierta manera, Petit bebiò de la impronta de Diaghilev, al buscar la colaboraciòn de mùsicos de renombre (Georges Auric, Maurice Jarre, Darius Milhaud, Henri Dutilleux…), poetas y escritores (Jean Cocteau, Raymond Queneau, Jean Genet, Jean Anouilh, Jacques Prévert), artistas plàsticos y diseñadores como Pablo Picasso ( a quien no dudò en tocarle a la puerta cuando tenìa 19 años…), Yves Saint-Laurent, Leonor Fini, Paul Delvaux, Antoni Clavé…

Inspirado por su inseparable Renée-Zizi Jeanmaire (se conocìan ya antes de entrar a la escuela de la Opéra), que actuaba y cantaba, ademàs de distinguirse por su temperamento escénico y sus piernas infinitas, Petit renovò el género de la revista musical en Francia (todavìa se recuerda su "Mon truc a plumes", 1961), desde las tablas del Casino de Parìs. También firmò shows para Broadway y el Alhambra. Se pasaje por Hollywood (o un "francés en América") tiene, no obstante, que haberlo influido. A los que le sugerìan que se trataba de un "género menor", les respondìa que él no era un "intelectual". Quienes eso le sugerìan, se olvidaban de un tal Jerome Robbins o incluso, de Georges Balanchine.

Ariane Bavelier trae a colaciòn una frase de Petit que acaso resume su ars choregraphica: "C' est fait avec rien, ce rien qui est tout. Pour moi, c' est cela, la chorégraphie". "Se hace con nada, nada que es todo. Para mì, la coreografìa es eso".

No se trata, desde luego, de minimalismo alguno, ni de vocabulario y sintaxis limitados y pobres, sino de la profunda comprensiòn de que lo màs insignificante o elemental en apariencia es, sin embargo, el resorte que construye el "edificio". Que ese todo, era lo que habitaba dentro de la mente del coreògrafo.
 

Blog Isis Wirth
http://isiswirth.wordpress.com
 

 
Le jeune homme et la mort 1 – Nureyev/Jeanmaire – Roland Petit
   
 
 
Le jeune homme et la mort 2 – Nureyev/Jeanmaire – Roland Petit
 
 
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