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Hamburg Ballett: En busca de Parzival


9 abril, 2007
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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John Neumeier regresa a los grandes mitos con el estreno en Hamburgo de “Parzival. Episoden und Echo”. La obra se inscribe en la tradición del Grial, una de las piedras de toque de la cultura occidental.

Casi como un anticipo de este nuevo estreno, el coreógrafo, en octubre del año pasado hizo la “revival” de “Artus-Sage”, como si se tratara de la preparación para el posterior “Parzival”, ya que ambos mitos forman parte del ciclo “Arturiano”. Neumeier regresa a los grandes mitos con el estreno en Hamburgo de “Parzival. Episoden und Echo”. La obra se inscribe en la tradición del Grial, una de las piedras de toque de la cultura occidental.

Todavía con el aún fresco premio Nijinsky a la trayectoria otorgado en el Forum de la Danza de Mónaco en diciembre de 2006, John Neumeier presentó en su sede (la Staatsoper) de Hamburgo su creación más reciente, “Parzival. Episoden und Echo”. Sin embargo, ya lo había estrenado a finales de noviembre, con su compañía, el Hamburg Ballett, en esa Festspielhaus de Baden-Baden. Casi como un anticipo de este nuevo estreno, el coreógrafo, en octubre del año pasado hizo la “revival” de “Artus-Sage”, como si se tratara de la preparación para el posterior “Parzival”, ya que ambos mitos forman parte del ciclo “Arturiano”.

En definitiva, nada más coherente tratándose de Neumeier, quien siempre ha mostrado obsesión por los grandes mitos, sean estos legendarios o culturales. Coreógrafo de sensibilidad literaria, cuando no musical, el norteamericano radicado en Alemania es de esos creadores que convierten en sustancia teatral todo lo que tocan.

La leyenda

La leyenda de Parsifal, como la del rey Arturo, se inscribe en la tradición del Grial, una de las piedras de toque de la cultura occidental, mantenida y refrescada a lo largo de mil años de historia por diversas interpretaciones y asunciones. La búsqueda del Grial, de la que tanto Arturo como Parsifal participan, puede ser entendida como el encuentro con el Dios interior, o la necesidad (herética) de trascenderlo. Dicho en otras palabras: nadie supo nunca a ciencia cierta qué cosa era el Santo Grial. Una de las aproximaciones más en boga ahora –aun si tiene que haber sido al mismo tiempo de las más antiguas– es la popularizada por Dan Brown en su novela de marras: un secreto esotérico que concierne a los orígenes del cristianismo.

En lo que se refiere estrictamente a Sin embargo, ya antes del estreno de su ballet Neumeier advertía: “Qué pena que no exista una pastilla que se le pueda dar al espectador para que temporalmente olvide el Parsifal de Wagner mientras esté viendo el mío” En efecto, la historia de Neumeier está contada en forma diferente de la de Wagner. Aun si el material de partida es el mismo: lo producido por Chrétien de Troyes (1135-1183) y Wolfram von Eschenbach (1170-1220). Como Wagner hizo entonces su libreto, Neumeier ha hecho el suyo.

Dos versiones

Mientras Wagner mezcló espiritualidad cristiana y tradición esotérica universal –que el nazismo interpretó a su guisa–, Neumeier se concentra en el aspecto psicológico más profundo (el que no intenta conocer su destino no puede escapar de él), aunque desde luego la compasión cristiana es ineludible. Parsifal comprende el dolor de los otros y el que él ha causado. Concluye también que sus victorias están vacías de sentido, que su carrera guerrera ha sido una falacia. Su inocencia –a lo “loco de Dios”– y su primitivismo “rousseauniano” le han pasado la cuenta, aun si está cubierto de gloria.

“He leído metros de libros sobre el Grial, sobre Parsifal, sobre Tristán, no sólo para este ballet sino ya en conexión cuando hice ‘Artus-Sage’ –dijo Neumeier–. He leído cada artículo sobre el tema y quise, como había hecho en ‘Artus-Sage’, llevar todo eso a la escena, todo lo que yo sabía”. De Wagner permaneció, no obstante, el preludio de la ópera, pero que sólo se presenta en dos ocasiones, después del principio y antes del final. Es de John Adams todo el resto de la música empleada, con la excepción de “Para Alina” de Arvo Pärt que se usa dos veces en el ballet de dos actos, y dos horas y media exactas de duración.

“Hacía mucho tiempo que quería coreografiar una obra sobre música de Adams. Encuentro que su música es muy teatral –expresó el coreógrafo–. Ella provoca y exige movimiento. Al principio uno creería que es muy reducida, ‘minimalista’, naif. En realidad, es infinitamente refinada en su estructura rítmica”.

La selección comprende partituras de Adams compuestas entre 1973 y 1991, y se incluye por completo “Harmonielehre” (cuya parte intermedia es justo “The Anfortas Wound”); en tanto se cierra el ballet con ese magnífico “The Wound-Dresser”, sobre el poema de Whitman, para barítono y orquesta.

Parsifal: crítica

Neumeier sabe narrar, y con la ayuda de las luces que él mismo concibió, la atmósfera está garantizada. Del mismo modo, por la escenografía elocuentemente sobria de Peter Schmidt. Y si se agrega a ello la habilidad para servirse dramáticamente de la música, no hay gran cosa que lamentar. Mucho menos si de Parsifal se trata, interpretado por el bellísimo Edvin Revazov, resplandeciente en su hermosura pero atinadamente sensible. La experimentada Anna Polikarpova fue Herzeloyde, la madre de Parsifal, en tanto el misterioso Amílcar Moret González (sí, el hijo de Ofelia González, a quien los lectores cubanos deben recordar) fue Gahmuret, el padre del héroe. El carismático Carsten Jung, como el rey pescador, siempre encuentra cómo hacer que el público sólo se fije en él.

Pero si se busca movimiento, o mucho movimiento para mayor precisión, este no es el ballet indicado. Las escenas de los pájaros (¡no podía ser de otro modo!) son las más movidas, junto con algunos duetos, ciertos “brisés” de Parsifal, de pronto una pirueta…, en fin, acentos de movimiento cuando el coreógrafo los consideró necesarios. Se usan los “pliés” en una manera que recuerda a “Sylvia”, aunque aquí se camina más con ellos. Muy poco movimiento, en función de enfatizar una dimensión “poética”.

Si de “puesta en el espacio” se trata, sea de una idea “poética” –y ciertamente la que emana del mito de Parsifal es una de las más profundas– o de una narrativa contenida en la música, la obra es excelente.

colaboradores  Hamburg Ballett: En busca de Parzival
La leyenda de Parsifal, popularizada por Richard Wagner con la ópera del mismo nombre, llega bajo la mirada de John Neumeier en “Parzival. Episoden und Echo”. Fotos: Holger Badekow,
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Neumeier apunta al aspecto psicológico más profundo del personaje y no escapa a la compasión marcada por el cristianismo. Fotos: Holger Badekow

   

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