Homenaje a los Ballets Rusos en el Ballet de Hamburgo


Para cerrar sus “Jornadas de la danza” , y la temporada, el Ballet de Hamburgo que dirige John Neumeier, además de su tradicional “Gala Nijinsky” (de las que nos ocuparemos en próxima ocasión) lo hizo con un “Hommage aux Ballets Russes”, otro más entre los que han punteado varias compañías europeas en el 100. aniversario del debut de la troupe de Diaghilev en París.

En el programa, en la Ópera de Hamburgo, “El hijo pródigo” de Georges Balanchine; “Le Sacre du Printemps”, en la coreografía de Millicent Hodson de 1987 para el Joffrey Ballet, inspirada en la “original” de Nijinsky –que ahora el Ballet de Hamburgo incorporaba a su repertorio, lo mismo que “El hijo pródigo”-, y con los diseños originales de Nicolas Roerich reconstruidos por Kenneth Archer; y el estreno de la coreografía de Neumeier de “Le Pavillon d’ Armide”.

“Le Pavillon d’Armide” estuvo en el programa inaugural de Diaghilev, el 19 de mayo de  1909 en Châtelet. “Le Pavillon…” de la “cosecha” de Neumeier, mantuvo la música original de Tcherepnin, y como parte de los decorados un cuadro de Alexandre Benois  (quien firmó los diseños del ballet coreografiado entonces por Mijail Fokine) sobre la obra. Neumeier se ha inspirado en este Benois (también autor del libreto), y no en Fokine, aunque, y es una absoluta delicia, se incluye un pas de trois (interpretado en 1909 por Tamara Karsavina, Alexandra Baldina y Vaslav Nijinsky) que remite a la “reconstrucción” de Alexandra Danilova para la primera “Gala Nijinsky” en 1975. Más la “Danza siamesa” de “Les Orientales” (1910), otro “ícono” nijinskiano.
 

Le Pavillon d’ Armide Dario Franconi, Patricia Tichy, Stephanie Minler, Otto Bubenícek, Ivan Urban.

Neumeier “convierte” le pavillon (d’Armide) en el pabellón, y el parque aledaño, del sanatorio “Bellevue” en Kreuzlingen, Suiza, donde estuvo internado Nijinsky. “Le Pavillon de… Nijinsky” pues, es el tercer ballet que Neumeier hace sobre la vida y la personalidad del gran artista, tras “Vaslav” (1979) y “Nijinsky” (2000). Menos “completo” que éste último, “Le Pavillon…” viaja, en la mente de Nijinsky, entre su presente del sanatorio y su pasado  con los Ballets Rusos y también en la escuela de ballet en San Petersburgo. ¿Sentimental? ¿”Nostálgico”? Sin dudas, conduce a la emoción, en lo que Neumeier suele ser maestro con unos pocos pasos y gestos, como si sus bailarines (poderoso Otto Bubenicek en tanto Nijinsky; sutil Joelle Boulogne como Romola y también “Anna Pávlova” de pasmosa resemblanza física; “retorcido” Ivan Urban en tanto el “Médico” y Diaghilev, más un virtuoso Yohan Stegli en la  “Danza Siamesa”, y un bien maravilloso Alexandre Riabko en el “Nijinsky” del pas de trois) respondieran al llamado expresivo y dramático cual instrumentos de una afinación inusitada. Es el “sello” Neumeier.

¿Es un “divertimento” este “Pavillon” respecto del anterior “Nijinsky”? Lo importante es que la narrativa funciona, los “flashbacks” al pasado encuentran su lógica, sino en el “presente”, en los propios meandros del “enigma” artístico y existencial que  fue el bailarín. Habría que agradecerle a Neumeier estos destellos psicológicos – donde él trasunta lo “literario” en expresión teatral, y también danzaria- de su “obsesión Nijinsky”.

The Prodigal Son – Alexandr Trusch, Hélène Bouchet

Por lo demás, nada a señalar en el conocido “El hijo pródigo” (1929) de Balanchine, a no ser al joven Alexandr Trustch como “el hijo”, una revelación. Aunque es pequeño, su dominio y aptitud  son idóneos para liderear en la escena.

Nada “nuevo”, tampoco, en “Le Sacre de Printemps” (1987) de Millicent Hodson. Como se sabe, a partir de un riguroso trabajo de investigación, que incluyó las consultas de anotaciones y entrevistas a quienes recordaban la coreografía de Nijinsky, Hodson presentó una faz estilística del mítico original de Nijinsky bastante creíble, diríase. Al menos, es absolutamente creíble, con esta obra de Hodson, que la “Sacre” nijinskiana fuera tan incomprendida  y execrada: Nijinsky se había adelantado unos 60 años a su época,  según se puede colegir de su “filosofía” del movimiento aquí, especialmente con respecto a cierto Merce Cunningham, que hélas ha muerto hace poco. Sí señalaría que el contraste, en el programa, entre la depurada estructura de Balanchine, y la teatralidad suficiente en el movimiento de Neumeier (salpicada por el rancio clasicismo de la “reconstrucción” de Danilova del pas de trois), con los furiosos “en dedans” de “Le Sacre…” y los 123 saltos en la vertical de su Virgen Electa, podrían apuntar, con pocas dudas, a que lo más “moderno” sería, ¿aún?, ese diz que Nijinsky.

Le Sacre du printemps – Ensemble

© 2009 Danza Ballet

00034