La danza de Isadora Duncan (1877- 1927)

La bailarina estadounidense Isadora Duncan (1877- 1927), cuya innovadora técnica en su ejecución que se caracterizó por movimientos libres, fluidos y cargados de pasión, dieron fin a la rigidez del ballet clásico y han sido las bases para la danza contemporánea del siglo XX.

Su estilo de danza era completamente nuevo y rompía con la rigidez del ballet clásico, además de utilizar música de concierto, que originalmente no había sido compuesta para ser bailada. Isadora, fue pionera en su ramo y alcanzó la perfección siendo su propio maestro, en el que para ella, el cuerpo debía ser translúcido para proyectar el alma y el espíritu. Sus enseñanzas y personalidad son ahora parte importante del desarrollo de la danza.

Photo by Henri Manual, Paris

Dora Angela Duncan, su verdadero nombre, nació el 26 de mayo de 1877 en San Francisco, California. Según sus biógrafos, su espíritu bailarín se asomó desde muy temprana edad, pues con sólo 10 años de edad abandonó la escuela para impartir clases de danza y contribuir a los gastos de la familia. De padres divorciados, la madre de Duncan debió ser una figura extravagante para la época por independiente, aferrada a los hijos y sin fe religiosa.
Aborrecía los convencionalismos. Eligió el feminismo entre la presión calvinista y el credo católico.

Cuando Isadora llegó a la adolescencia, la familia se mudó a Chicago, donde Duncan estudió danza clásica. En un incendio, la familia perdió todo y se mudó nuevamente a Nueva York, donde ingresó a la compañía de teatro del dramaturgo Augustin Daly y posteriormente estudió arte en el Museo Británico de Londres.

Su primer debut profesional fue en 1899 en Chicago, al que le siguieron giras por Europa y Estados Unidos. Daba recitales de danza y estableció escuelas cerca de Berlín (1904), París (1914) y Moscú (1921). El baile de Duncan se caracterizaba por movimientos libres y fluidos enmarcados en la máxima expresión emocional interna. Isadora estaba convencida de que no era su cuerpo el que bailaba, sino su esencia, su alma, su interior.

Era amante de los cánones de belleza de la antigua Grecia, de tal modo que en sus actuaciones se vestía con una túnica transparente, con los pies, brazos y piernas desnudos, y con su largo cabello suelto. A pesar de que los críticos no soportaban ver a una mujer irreverente que bailaba descalza, con una túnica y sin maquillaje, admitían que en su danza había un arte original y apasionado.

Su estilo de danza era completamente nuevo y rompía con la rigidez del ballet clásico, además de utilizar música de concierto, que originalmente no había sido compuesta para ser bailada. Debido a su rechazo por las técnicas formales y a la utilización de los movimientos naturales, la danza de Duncan parecía una constante improvisación. A través de la ejecución de su baile suscitó en el coreógrafo ruso Mijáil Fokine, una enorme influencia en el ballet del siglo XX, así como a coreógrafos estadounidenses como Ruth St Denis y Ted Shawn. La escuela pronto se extendió y fundó compañías de danza en varios países europeas, incluyendo Alemania, Francia y Rusia.

Su vida personal no fue del todo afortunada.

Tuvo una hija con el escenógrafo británico Gordon Craig y un hijo con el magnate de las máquinas de coser Paris Singer; ambos murieron en un accidente automovilístico (1913). En 1922 contrajo matrimonio con el poeta ruso Sergei Esenin, de quien se separó más tarde.

Su última y dramática aparición en los escenarios fue en la ciudad parisina. Otras fuentes señalan que Isadora era bisexual y una de las relaciones que están más documentadas es la que mantuvo con la escritora Mercedes de Acosta.

Su muerte fue una verdadera tragedia.

Mientras conducía su automóvil, el extremo del pañuelo que adornaba su cuello se enredó en una de las llantas y le quitó la vida el 14 de septiembre de 1927 en Niza, Francia. En ese mismo año publicaron su autobiografía titulada ‘Mi vida’.

Photo by Paul Berger, Paris

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