Hacia arriba

Danza Ballet

#
La danza y el ballet

Las Saisons Russes del siglo XXI (cuarta edición)

3 julio, 2012
Imprimir

the ballet russes colaboradores  Las Saisons Russes del siglo XXI (cuarta edición)

Una “Cleopatra” nueva de Patrick de Bana, junto a dos obras de Michael Fokine.

Entre el 28 de junio y el 1 de julio pasados, el Teatro de los Campos Elíseos de París acogió la cuarta edición de las Saisons Russes del siglo XXI, que presenta la Fundación Maris Liepa (lidereada por sus hijos Andris e Ilze), SAV Entertainment y los Ballets del Kremlin bajo la dirección artística de Andrei Petrov.

Ya se han hecho tradición esperada estos encuentros franco-rusos en el coliseo art-déco de la avenida Montaigne (que en 2013 celebrará su centenario; también el de “Le sacre du printemps”, estrenado ahí), los cuales retoman las míticas temporadas parisinas de los Ballets Rusos de Serguei de Diaghilev.

Por la primera vez, las Saisons Russes presentaban un ballet, “Cleopatra-Ida Rubinstein”, que no es una reconstrucción –o asunción- de un título diaghileviano, sino una creación coreográfica, firmada por Patrick de Bana.

El resto del programa se completó con dos obras de Michael Fokine, “El espectro de la rosa” (“Invitación al vals” de Karl Maria von Weber) y “El pájaro de fuego” (Igor Stravinsky).

La première en París de la “Cleopatra” de Fokine tuvo lugar el 2 de junio de 1909 en el Teatro de Châtelet. El coreógrafo había logrado imponer a la singular Ida Rubinstein –quien no era una bailarina profesional- como la intérprete titular. El propio Fokine encarnó a Amón. Anna Pávlova fue Tahor, en tanto Vaslav Nijinsky y Olga Preobrajenska fueron los esclavos preferidos de Cleopatra.

Con la escenografía de León Bakst (y un “pot-pourri” de diversas partituras…), el ballet sedujo, propiciando el “exotismo” y el “orientalismo” subsiguientes no sólo de la compañía de Diaghilev sino de la danza moderna americana.

La bella Ida Rubinstein (a quien se le deben, como es conocido, el “Bolero” de Maurice Ravel y “El martirio de San Sebastián” de Claude Debussy), con su “plástica egipcia” particular a su cuerpo (era grande y delgada, de largas y finas piernas), se convirtió con “Cleopatra” en la encarnación del ideal de la época, entre decadente y lejana, y en la reina del “tout-Paris”.

El ballet de Patrick de Bana, según idea de Andris Liepa y libreto de Jean-François Vazelle, es una evocación de la Rubinstein, en la que no falta la de la propia creación de la “Cleopatra” de Fokine, pero que de ninguna manera es una “reconstrucción”. “¿Quién soy yo para tocar a Fokine?”, decía Patrick de Bana en la conferencia de prensa previa al espectáculo, meses atrás.

Los personajes que acompañan a Ida (Ilze Liepa) son el conde Robert de Montesquioux (Artem Yachmenikov, del Bolshoi), su gran amigo y guía; Fokine (Mijail Lobujin, del Bolshoi); Monsieur G. (Ilya Kuznetsov, del Mariinsky), una alusión “ideal” a Walter Guinnes –conocido por otras razones que no es el caso traer aquí-, amante y patrocinador de Rubinstein; Diaghilev; Pávlova (Alexandra Timofeieva, del Ballet del Kremlin); Nijinsky (Mijail Martynyuk, del Ballet del Kremlin); Karsavina (Natalia Balakhnitcheva, Ballet del Kremlin); y Bronislava Nijinska (Veronika Vernovskaya, Ballet del Kremlin).

Nijinsky, quien es para Ida en el ballet quien la “hace pasar del sueño a la realidad”, volvió a bailar luego con ella en “Sheherazada”.

En tanto su hermana Bronislava fue la coreógrafa de su compañía, la cual pretendía rivalizar con la de Diaghilev.

Durante nueve escenas, a lo largo de una hora y quince minutos, se va desde la casa de Ida en Vence (en el sur de Francia, donde se retiró tras 1945) al estudio de danza donde Fokine la entrena, a fastuosos bailes mundanos y a la escena del Châtelet, el día del ensayo general de “Cleopatra”.

De este “viaje al pasado”, Ida “regresa” a su casa de Vence, aun de la mano de Nijinsky, la clave de la eternidad, quien se desmorona a sus pies.

No de manera muy diferente a la “Cleopatra” de Fokine para Diaghilev, Patrick de Bana recurre a un “pot-pourri” musical:  Stravinsky, Rimsky-Korsakov, Glazunov, Massenet, Ravel, Gabriel Fauré, y el contemporáneo turco Omar Faruk Tekbilek, un compositor que se inscribe en los estilos “ney” y sufí. De hecho, la partitura suya utilizada por Patrick de Bana es “Derviches giradores”, circunscrita a la escena “egipcia”, es decir, la que remite al ballet “Cleopatra”.

No hay  desentono alguno entre la miríada de compositores usados y el estilo tan diferente de Omar Faruk Tekbilek. El “secreto” debe residir en la sensibilidad del coreógrafo: la única música posible para el “ballet egipcio” dentro de la obra, tenía que ser la de alguien proveniente de la región (la madre del compositor es egipcia) y de su cultura.

La escenografía de Pavel Kaplevich incorpora a los atlantes de San Petersburgo, una solución acertada por su majestuosidad que apunta a la egipcia, aun si en la escena del ballet “Cleopatra” ello se hace más explícito (lo que no era necesario) por un telón de fondo en consonancia.

El vestuario de Ekaterina Kotova es realmente magnífico, especialmente en los trajes despampanantes de Ida Rubinstein, varios de ellos deslumbran hasta el ensueño.

Es un ballet denso. Ya el lector habrá podido colegirlo, con la descripción más arriba de sus personajes y la relación entre ellos.

Varios momentos pueden ser memorables, no obstante, como el de los dúos de Ilze Liepa, especialmente con el brillante Ilya Kuznetsov, o el mercurial Nijinsky de Mijail Martynyuk, sobre todo en la danza final, antes de caer al piso, a los pies de Ida.

Contrariamente a su “Marie-Antoinette” para el Ballet Estatal de Viena, Patrick de Bana no mezcla aquí en la misma frase lo “clásico” con lo “contemporáneo”, sino que más bien privilegia lo “neoclásico”. Y si en “Marie-Antoinette” no usó puntas –lo que en mi opinión la coreografía pedía-, aquí sí están presentes, pero solamente en la “escena egipcia”, lo que hace sentido, aunque no lo parezca, en tanto expresión de un espíritu que viene de lejos, lo cual refuerza la delicada y metafísica música de Omar Faruk Tekbilek.

¿Puede pensarse en que la “escena egipcia”, al tratarse de un ballet, sí, tan largo y complicado, se presente en otras ocasiones como un cuadro separado? Si no, la gestualidad y la plástica, “egipcia” o no, alcanzaron cuotas distinguidas.

Es un ballet para el despliegue de Ilze Liepa, no menos particular de lo que fue Ida Rubinstein. Su languidez, sus propias líneas alargadas, parecieron fundirse en la memoria plástica (de fotos y pinturas) que se posee con la de Ida Rubinstein.

“El espectro de la rosa”, como anunció –siempre encantador y caluroso- Andris Liepa ante el telón,  se bailó en la versión que su padre, Maris, montó en la entonces URSS en 1967, por la primera vez. Estuvo a cargo de Mariana Ryzhkina y Dmitry Gudanov, ambos del Bolshoi. Ella posee lindos y suaves brazos. Él, en acertada interpretación –en la que predomina lo potente y lo masculino, aunque con el romanticismo estilístico necesario-, gira y salta con bravura sostenida.

Para cerrar, “El pájaro de fuego”, en una reconstrucción de la escenografía original de Alexander Golovine, que luego Diaghilev remplazó por la de Natalia Gontcharova al ser pesada la primera.

Si no fuera por la música de Stravinsky (su primer ballet, recuerdo), y si no fuera por la escritura per se para el “pájaro de fuego” asi como para el zarevich Iván, y los dúos entre ambos, este ballet es una antigualla, lo que no es el caso de “El espectro de la rosa” ni de “La muerte del cisne” ni de “Las sílfides”, es decir, los ballets “neorrománticos” de Fokine.

Mientras veía esos movimientos y gestos tan antiguos –en las configuraciones de los ensembles, situados sea de frente o en contraposición de filas-, me asaltó la reflexión de que, sí, han pasado 103 años desde su creación.

Pensé en que, por ejemplo, en 1944 un “clásico” como “Giselle” (creado en 1841) era, sin dudas, recibido de otra manera. ¿Se debe a que la coreografía original fue, como sabemos, re-trabajada una y otra vez, según era la costumbre entonces, y con mayor éxito que nadie por Marius Petipa?  En cambio, los quehaceres coreográficos del siglo XX acusaron de otro “respeto” con los originales.

También, sin dudas, el cine y la posibilidad de mayor reproducción  fotográfica en el pasado siglo XX, han contribuido por medio de propiciar mejor transmisión, a que uno, cuando ve un ballet hoy en día como este de Fokine, tenga la sensación de que es irremediablemente viejo –“reconstrucciones” que se reclaman, aparte. En otras palabras: porque casi no ha sido tocado puede resultar inaguantable, con las excepciones ya mencionadas. (No es casualidad que estas excepciones sean las de escritura más clásica)

Fuera esto, fue el vehículo para que se alzaran con palmas esas estrellas que son Ekaterina Kondaurova (el “pájaro”) e Ilya Kuznetsov, ambos del Mariinsky. (Junto a  Balachnitcheva como la “princesa” e Igor Pivorovich como “Kachtchei el inmortal”.) Dramática, expresiva y portentosa en sus saltos, asi como en extensiones, es un “pájaro” imponente y bello. El arrollador Kuznetsov no es menos imponente, con su carisma y su presencia escénica tan rusas. Constituyeron una pareja maravillosa.

Mientras tanto, esperamos por la quinta edición de las Saisons Russes, que traerá la ópera-ballet “El gallo de oro” de Rimsky-Korsakov, de nuevo en el Teatro de los Campos Elíseos en julio de 2013.

the ballet russes colaboradores  Las Saisons Russes del siglo XXI (cuarta edición)
Ilse Liepa in the role of Ida Rubinstein as Cleopatra. Credit Valeria Komissarova
the ballet russes colaboradores  Las Saisons Russes del siglo XXI (cuarta edición)
Ida Rubinstein in costume for ‘‘Semiramis’’ in Paris in May 1934. Credit Boris Lipnitzki/Roger-Viollet
the ballet russes colaboradores  Las Saisons Russes del siglo XXI (cuarta edición)
Ilze Liepa as Cleopatra – Ida Rubinstein

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Los Ballets Rusos y los pintores de la Vanguardia Europea Hasta el s.XIX la escenografía y el vestuario de las artes espectaculares habían sido realizados por artesanos cuyo trabajo consistía en llevar a cabo las órdenes y normas establecidas desde el s.XVI, donde la ‘perspectiva’ era el elemento clave para...
Ida Rubinstein (1885-1960) A Rubinstein nunca se le confirió la importancia de ser una bailarina de primera línea, ya que había comenzado sus estudios a una edad tardía, sin embargo, tenía una enorme presencia fuera y dentro de la escena, y un talento para crear y conjugar dan...

Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies y Google Analitycs para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas, y de nuestra política de cookies, privacidad y RGPD ACEPTAR

Aviso de cookies
Conozca TLM