Le Corsaire y la Gala Terpsícore

Bayerisches Staatsballett: Entre Le Corsaire y una Gala esplendorosa.

La  Ballett Festwoche de este año del Bayerisches Staatsballett, que abrió con el estreno de Zugvögel, ya previamente reseñado, incluyó, entre otras representaciones, Le Corsaire, con la invitada Ekaterina Krysanova, del Ballet Bolshoi, y una esplendorosa Gala Terpsícore, dedicada al “mundo de los Ballets Rusos”, en el centenario de su debut en París.

Por  Isis Wirth (Munich)

La versión del Corsario de Munich data de enero de 2007, es una “reconstrucción” sobre el original de Marius Petipa, firmada por el norteamericano  Doug Fullington, más coreografía de Ivan Liska, director del Ballet de Baviera. Fue poco después que el Ballet Bolshoi hizo su “reconstrucción”, por Yuri Burlaka. En la puesta en escena de Munich se privilegia notablemente la coherencia musical del ballet, y en especial el célebre “Jardin animé”, asi como el “Pas de odalisques”, bien pudieran ser “idénticos” al de Petipa.

Pero Ekaterina Krysanova, figura en ascenso en el Bolshoi, no había bailado allí el rol de Medora. Vino a estrenarse en él a Munich.

Joven, musical, coordinada, suave, ligera pero fuerte, con controlados fouettés aunque virtuosos, se desliza con cierta luz desde que apenas aparece en el escenario. Su elevación natural contribuye a ello.  Su Conrad, Lukas Slavicky, brilló como de costumbre, pleno de comprensión artística, que contrastó con la entrega más aquietada de la rusa al personaje. El esclavo Alí de Tigran Mikayelyan conquistó más que nunca. Este bailarín de origen armenio ya no es una “promesa”. Dueño de un gran poderío técnico, arrojado, de una capacidad expresiva que le suele bien servir, cada día baila mejor.

La Gala Terpsícore (la número VIII, es una tradición anualmente en Munich) reunió a las estrellas del ballet bávaro con otras invitadas de diversas compañías. Fue la noche de “La siesta de un fauno”, ya que se ofrecieron tres versiones de este ballet: la coreografía original (1912) de Vaslav Nijinsky, en reconstrucción de Ann Hutchinson-Guest; la de Jerome Robbins (1953); y la de John Neumeier (1996).

El Fauno de Nijinsky fue Mikayelyan, con el Bayerisches Staatsballett. La versión de Neumeier, algo innecesaria, fue interpretada por Hélène Bouchet, Otto Bubenicek y el bello Edvin Revazov, del Hamburg Ballett. Y acaso mejor que la del propio Nijinsky, la de Robbins, asumida  con una sensibilidad inigualable por Vladimir Malakhov y Polina Semionova, del Staatsballett Berlin, en lo que quizás fue el momento culminante de la larga noche.



Afternoon of a Faun: Polina Semionova and Vladimir Malakhov


El otro momento, el Apollo de Balanchine, con Alexander Sergeyev, Jana Selina, Anastasia Nikitina y Ekaterina Osmolkina, del Kírov de San Petersburgo. Sergeyev nos recordó, aunque no físicamente, al joven Baryshnikov. Entre las Musas, Selina fue de una exquisitez acendrada, manifiesta anteriormente en El espectro de la rosa junto a un pujante Igor Kolb (también del Kírov), un conocido “Espectro” que alía armónicamente virilidad y…nada más para este rol. Pero esta asunción de neta fortaleza -en la rosa evanescente- es válida y encantadora.


Del resto del programa “histórico”, el constatar que cualquier tiempo pasado fue…peor. De un interés solamente museístico, Parade (1917), de Leonide Massine, con música de Erik Satie, libreto de Jean Cocteau, diseños de Pablo Picasso, a cargo de la Donlon Dance Company, con sede en el Saarländisches Staatstheater de Saarbrücken, en Alemania. De Fokine, El pájaro de fuego, con música de Igor Stravinsky, a cargo de Mara Galeazzi y Thiago Soares, del Royal Ballet de Londres. (Casi) más de lo mismo, con la excepción, naturalmente de El espectro de la rosa, también de Fokine.



L’après-midi d’un faune: Daria Sukhorukova and Tigran MIkayelyan


Sino, la “contribución” clásica al mundo de Diaghilev. Un pas de deux del Cisne negro, a cargo de Irina Dvorovenko y Maxim Beloserkovsky, del American Ballet Theatre, refulgente de fuegos pirotécnicos. Y el Adagio de la Rosa de La bella durmiente, con una siempre correcta Lisa-Maree Cullum (la Gulnara del Corsaire) y el Bayerisches Staatsballett.


Por último en el programa, la escena sexta (“Clasicismo sinfónico”) del aún reciente estreno (7 de diciembre de 2008) de la compañía de Munich, Once Upon An Ever After, de Terence Kohler, con música de Chaikovsky, que aquí corresponde al tercer movimiento de la Sinfonía Patética. Ya nos habíamos ocupado en DanzaBallet de esta obra, bastante lograda, luego de su première en un programa asimismo dedicado al centenario de los Ballets Rusos. Es un homenaje profundo al “clasicismo eterno”, desenvuelto y chispeante, que revela a un coreógrafo con notoria habilidad para la composición de grupos, y al mismo tiempo para hacer brillar a los solistas. Fue el cierre perfecto para la gala, pero no creo que le hubiese gustado a Diaghilev, por la preponderancia que le otorga a la técnica, al baile. Tanto mejor, distinguido e inmortal Serguei de Diaghilev.



Parade: Donlon Dance Company


© 2006 – 2009 Danza Ballet

00034