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Los celos de Mary Wigman con Anna Pávlova


13 julio, 2012
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La alemana Mary Wigman fue una de las bailarinas y coreógrafas representativas de la danza expresionista, la Ausdruckstanz, que para los alemanes fue su danza moderna en tanto -entre otras cosas- contraria a la académica, o sea, el ballet.


En esas primeras décadas del siglo XX, el enfrentamiento entre “modernos” y “clásicos” podía ser colorido, especialmente por parte de los primeros que iniciaban la ofensiva, con frecuencia desvalorizando para intentar afirmarse, o venderse al menos.


En “Danser avec le IIIe Reich” -un libro extraordinario, y muy incómodo-, su autora Laure Guilbert me informa de los celos de Wigman (nacida Wiegmann) con Anna Pávlova.
Como ya había tenido éxito, a principios de 1920 nombran a Wigman directora del Ballet de la Ópera de Dresden, cargo al que, sin embargo, no se opuso.

Pero los bailarines sí, quienes presionaron al ministro alemán de cultura, Seyfert, para que Wigman no entrara en funciones, alegando que no provenía de la danza clásica.
No accedió pues al cargo y se resignó abriendo una escuela y un grupo independientes.

Quizás este primer fracaso la llenó de amargura para agarrárselas con la Pávlova, entonces la diosa suprema del olimpo clásico.
En la segunda mitad de los años 20, la Pávlova se presentó en Dresden. Sedujo al público, como en cualquier lugar del mundo en que bailaba. Wigman no lo soportó, y tras asistir a una función de la rusa, le dirigió una carta ficticia, en la que invectiva a la Pávlova por interpretar a un arte “muerto”, por no ser sino una “marioneta humana”, contraria a la “danza del hombre”. Le escribiò Wigman a la pobre Pávlova que tuvo que aguantar esta violencia sólo porque bailaba bien: “Entre tú y yo, hay un foso sin puente que nos separa. Jamás no he amado tanto las tinieblas, la sombra profunda de la noche, jamás no he llevado sobre mis espaldas un peso tan pesado como tú, Anna Pávlova”.
Qué furia incontenible le entró a Wigman, quien fue lo suficientemente malvada para mejor atacar a Pávlova justo en la cualidad como bailarina que más se le ensalzaba: la de su ligereza y su evanescencia. Aun si metafóricamente, Wigman la acusa de todo lo contrario.

Y dicho sea, la Pávlova no hizo nada para arreglar las cosas. Curiosa, se hizo invitar a una clase de la escuela de Wigman, ah, el santuario de la “danza absoluta”. La gran rusa declaró que sólo había visto “gesticulaciones desencadenadas”.

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Bundesarchiv Berlin, Mary Wigman Studio

©2012 Danza Ballet

 

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