Reportaje a Carolina de Pedro en Vogue España

BEAUTY & ART

Coordinación, elegancia, postura correcta, musculación armónica…
Esta temporada te proponemos una nueva práctica para estar en forma: el ballet.

En París o en Nueva York puedes acudir a una clase de ballet incluso un domingo por la tarde, ya que la danza clásica está indisolublemente incorporada a la vida cultural de la sociedad, como un bien adquirido para la educación. Si ya estás aburrida de hacer minutos corriendo en la cinta o pedaleando al son de la música disco del gimnasio, y te apetece algo más artístico pruba el ballet. “Es lo que llamamos también danza académica, desarrollada directamente a partir de la corte del Rey Luis XIV de Francia. Por esa razón se emplea la terminología en francés en el mundo entero, explica Carmina Ocaña. Directora de la Escuela que lleva su nombre.

Y es que fue el Rey Sol, en 1713, quien creó L’Ecole de Danse de l’académie Royale de Musique, donde se formaban los bailarines que posteriormente constituirían el Ballet de la Ópera de París.

Si lo tienes relacionado con las actividades extraescolares del colegio, o piensas que es cosa de niñas, estás equivocada. Si te gusta el mundo del ballet y tienes claro que cumplidas las ocho primaveras ya no podrás convertirte en bailarina profesional, es un ejercicio muy recomendable. “Transforma y mejora el cuerpo, desarrollando cualidades como la gracia, buena postura, elegancia, fluidez, flexibilidad, etc. Siempre da excelentes resultados”, afirma Carolina de Pedro Pascual, editora de Danza Ballet® y profesora de danza clásica en Barcelona.  Además, gracias al trabajo coordinado de todo el cuerpo, proporciona un mayor control y evita que unas partes se ejerciten y musculen más que otras. ¿Otro plus? Lo enriquecedora que resulta esta actividad por el acompañamiento musical que conlleva y, por si fuera poco, también favorece las relaciones personales al practicarse en clases colectivas: “Está demostrado que los alumnos de clases de ballet son capaces de desarrollar un gran respeto entre sus compañeros y de involucrarse con más facilidad en proyectos de grupo”, apunta Carmina Ocaña.

¿Qué me pongo?
La ropa, el calzado… quizá sea más específica aquí que en otras actividades. Las expertas nos aconsejan sobre el equipo básico. Carmina Ocaña enumera: “Maillot, medias y zapatillas de ballet -llamadas ‘de media punta’ en comparación a las de ‘punta’ que utilizan las bailarinas para elvarse sobre los dedos de los pies-. El empleo de las puntas requiere un nivel avanzado de colocación y ejercicio, y sólo deben usarse cuando el profesor considere”.

Carolina de Pedro simplifica más: “Yo exijo sólo dos cosas: zapatillas de media punta y el cabello recofigo en un moño. Por lo demás, pueden traer ropa cómoda y apta para bailar. Pero es tan grande el entusiasmo con las clases que, poco a poco, van cambiando su estilo porque su cuerpo se estiliza, cambia su forma de vestir, de caminar, de pensar… Cambia su imagen, porque se convierten en lo que quizá siempre desearon ser”.

FOTOS : PAOLA KUDACKI/TRUNKARCHIVE.COM/CONTACTO

Pero para obtener todos estos beneficios, alumno y profesor deben poner de su parte: “Es muy importante que la gente adulta (de 30 a 60 años) conozca sus capacidades y limitaciones y esté bien dirigida y acompañada por su profesor”, advierte Carolina de Pedro. “No obstante, también es fundamental que en estas clases se enseñe la técnica del ballet, con la misma seriedad, calidad y responsabilidad con que se le enseña a un niño o a un joven que desea hacer carrera”.

Otro punto a favor para que te animes a practicar ballet es que no hay que tener una figura determinada ni una preparación física especial: “Eso se va adquiriendo con el devenir de las clases. Las aptitudes más importantes para iniciarse en esta actividad paradójicamente no son físicas, sino disciplina, empeño, perseverancia, respeto hacia el trabajo que se está realizando, hacia el maestro y también hacia los compañeros”, apunta Carolina que destaca como el más importante de todos los requisitos que nos guste el ballet: “Tienes que amarlo y sentirlo como parte indisoluble de tu vida, como una verdadera necesidad”.

Para acercarnos un poco más a este universo, las expertas nos explican que una clase de ballet bien impartida consta de barra y de centro. “Es muy aconsejable que haya un calentamiento previo con ejercicios de suelo para trabajar la elasticidad. Un maestro cualificado sabrá adecuar los contenidos de la clase a la edad y nivel del alumnado”, explica Carmina. Carolina de Pedro enseña con la técnica Vaganova, creada por la bailarina del Ballet Ruso Imperial, Agripina Vaganova: “Conjuga elementos y estilos de las escuelas francesa e italiana: líneas más alargadas, piernas más altas y donde se destaca el virtuosismo. Se le da mucha importancia al trabajo de la espalda, al uso de los brazos, la cabeza y los hombros. Es la que estudié desde los seis años y luego en Rusia y es, en mi opinión, la más completa, la más llena de elegancia y gracia”, afirma la editora de Danza Ballet® que también trabaja con sus alumnas la técnica de barra de suelo: “¡Yo adoro las clases de barre à terre! Hace dos años, no había nadie aquí en España que la enseñara y son un complemento perfecto de la clase típica de ballet. A mis alumnas les encanta. Consiste en hacer ejercicios de una clase de técnica clásica pero acostado en el suelo, donde el contacto directo con nuestra columna vertebral nos hace trabajar colocados en una correcta alineación y así los movimientos se extienden y realizan de manera fluida y suave logrando el fortalecimiento abdominal y el uso eficaz de la respiración. Además, conseguimos relajar las articulaciones y corregir dos males típicos de nuestra época: la mala postura y la rigidez”.

Ideal para el cuerpo “pero también para la mente y el espíritu”, apunta Carolina, es un ejercicio muy completo. Actividades como natación, yoga, Pilates o senderismo no están containdicadas pero Carmina desaconseja la equitación o el esquí “porque son muscularmente opuestas al trabajo del ballet” y Carolina, el aeróbic y las pesas, “dado que hacen la musculatura tosca y masiva, además de que pueden producir lesiones que impidan la práctica del ballet”. Y es que, más que a otras actividades deportivas, el ballet invita a abrirse a la cultura y el arte: “La misma práctica logra que los alumnos se interesen por la música clásica, asistir a funciones de ballet, de ópera, museos…”, afirma Carolina.

M. P.

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Vogue y Vogue Belleza. Edición impresa, número de Noviembre de 2010

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