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Danza Ballet

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Se equivocaba Isadora Duncan, se equivocaba

16 julio, 2012
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Por azar, releía recién algunas páginas de “La danza del futuro”, “La danse de l’ avenir” (1923), de Isadora Duncan.

En el origen del texto, se encuentra una conferencia dada en Leipzig en 1903 por la “yanqui chalada”, o “esa rebelde con una pizca de genio, nada más”, que fue publicada en el mismo año bajo el título “Der Tanz der Zukunft”.

Dice Duncan:
 “Trabajar en desacuerdo con la forma y el movimiento de la naturaleza, esforzarse – en vano- luchando contra la ley de la gravedad o contra la predisposición natural del individuo, como lo hace la escuela de ballet hoy, produce movimientos estériles, incapaces de engendrar otros movimientos, y que por el contrario mueren enseguida que se hacen”.

Pues esa “escuela de ballet“ de entonces permanece hoy, y más aun, ha florecido y se ha desarrollado la técnica la cual, sí, lucha contra la ley de la gravedad.

¿Quién puede decir hoy con certeza cómo rayos bailaba Isadora Duncan? ¿Cuál es su legado concreto (es posible que haya sido la gimnasia rítmica de los soviéticos, con cuyo régimen ella se entusiasmó, se declaró “roja” y murió como ciudadana soviética, mientras muchas de las bailarinas clásicas a las que atacaba tanto sin nombrarlas se exilaban o escapaban de la URSS), aparte de haber contribuido al nacimiento de la “danza moderna”?

Que antes de ella existió Loie Fuller…

Los “movimientos estériles, incapaces de engendrar otros movimientos, y que por el contrario mueren enseguida que se hacen”, no sólo permanecen, con un lenguaje que posee vocabulario, gramática y sintaxis, sino que dieron lugar desde los tiempos de Duncan y hasta el día de hoy a otros estilos y “dialectos” del lenguaje.

¿A qué estilo se puede uno remitir para trazar la impronta palpable de Isadora Duncan?

Casualmente veía también hace poco un video de una bailarina danesa de Bournonville, filmado en el mismo año (1903) en que Isadora Duncan profería esas, lo siento, sandeces que, en el mejor de los casos, revelaban una supina ignorancia y un ego sobredimensionado. No sólo la bailarina danesa sorprendía por la modernidad de su técnica, incluso su virtuosismo sobre todo en los entrechats, sino que lo ejecutado por ella se baila hoy casi de la misma manera, en lo esencial. ¿Qué se baila hoy de Duncan que haya sido coreografiado por ella?

Remitiré a otras sandeces de esa su “danza del futuro” que demuestran su diletantismo mal intencionado -con tal de imponerse y, sobre todo, llamar la atención- y, acaso, la inteligencia que poseía, si fuera cierta la anécdota -más bien, apócrifa- entre ella y George B. Shaw. Le habría dicho al escritor que tuvieran un hijo juntos, pues sería el bebé perfecto al heredar la inteligencia de Shaw y la belleza de ella. Shaw le respondió: “¿Y si sucede lo contrario, pues el bebé puede heredar mi belleza y la inteligencia suya?”…

Dice Duncan:
“La escuela de ballet moderno es una expresión de la degeneración, de la muerte en vida”. (…)

“Yo pienso que los movimientos fundamentales de la nueva escuela de danza deberían contener en ellos los principios a partir de los cuales evolucionarían todos los otros movimientos, cada uno dándole nacimiento a un otro en una secuencia sin fin, que vaya hacia una más alta y más grande expresión de los pensamientos y las ideas”.

¡Cuánta palabrería hueca! No está proponiendo nada de lo que realmente pueda derivar una técnica, un estilo incluso si perecedero.
“A todos esos que, a pesar de todo, por razones históricas o coreográficas, o por no importa cuál razón, se complacen en esos movimientos deformes (los del ballet), yo les digo: ‘Ustedes no ven más allá de las mallas, y bajo éstas, ustedes tienen músculos deformes”.

¡Cuánta maldad e ignorancia! la de Duncan; sabido es que la técnica del ballet, correctamente ejecutada, proporciona músculos bellos y largos.

Duncan, en cambio, se permitía bailar gorda y hasta embarazada; es la bailarina más pesada que jamás haya subido a un escenario.

Y Dice: “bajo los músculos, tienen huesos deformes, es un esqueleto deforme el que baila delante de ustedes si van a ver ballet” (¿y por qué a los niños y niñas con desviaciones de la columna vertebral les recomiendan clases de ballet?). “Esta deformación bajo un vestuario no adaptado, causada por un movimiento incorrecto (otra vez la ignorancia y en consecuencia el ataque gratuito: la técnica del ballet, por ser el producto sedimentado de los siglos, es la más científica que pueda concebirse en tales términos), es el resultado del entrenamiento que exige el ballet. ¡El ballet se condena a sí mismo al favorizar la deformación del bello cuerpo femenino!”

¿En qué consiste esta “deformación”, a no ser en que las caderas puedan gastarse por el endehors? La buena postura, la espina recta, los hombros estabilizados, las espaldas sólidas, las piernas delineadas: ¿son deformaciones?. Ninguna razón histórica ni coreográfica puede justificarlo.

Cuando Duncan alude en su intento de argumentación a “razones históricas y coreográficas” que justifican la “deformación” del ballet, se trata de que es un género artístico de la danza teatral legitimado por la historia de Occidente.

Lo “coreográfico”, remite a la eficacia de su lenguaje para, en definitiva, comunicar, lo cual le negaba categóricamente Duncan. Sus posibles argumentos no estaban desprovistos de astucia, al querer invalidar la razón de ser del ballet en tanto género artístico de la danza teatral en Occidente y lenguaje eficaz como “justificaciones inaceptables” para una “deformación del cuerpo”.

Habría que ver cómo era el cuerpo de Duncan, no porque haya estado deformado, esto desde luego que no, sino porque con seguridad no podía compararse en perfección de líneas, tono muscular y armonía al de una Pávlova, Karsavina, Spessítseva…o a cualquier bailarina del cuerpo de baile.

colaboradores  Se equivocaba Isadora Duncan,  se equivocaba
Detail of classic photo of the world famous dancer, Isadora Duncan, by Alfred Eisenstaedt (note the hyperextended left arm and extreme dorsal flexion of Isadora’s head and neck; copyright Life).

Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

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