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Swan de Luc Petton en el Teatro Nacional de Chaillot de París

11 junio, 2012
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colaboradores  Swan de Luc Petton en el Teatro Nacional de Chaillot de París

 

Y el mito se hizo carne y habitó entre nosotros.

Desde el pasado 6 de junio y hasta el próximo 14, el Teatro Nacional de Chaillot de París, en la sala Jean Vilar, presenta “Swan” de Luc Petton. Con cisnes sobre la escena, que interactúan con las bailarinas, este es el espectáculo que se estrena definitivamente.

En enero de este año, había tenido lugar como un “ensayo”, con la danseuse étoile de la Ópera de París, Marie-Agnès Gillot, y dos cisnes, Castor y Pollux. Gillot no participa ahora.

Luc Petton, junto a la argentina Marilén Iglesias-Breuker, firma una coreografía para siete cisnes (dos negros y cinco blancos; hay dos machos blancos y uno negro) y seis bailarinas: Anais Barthe, Delphine Berdiel, Aurore Castan-Ain, Aurore Godfroy, Katia Petrowick y Marie Sinnaeve.

No se trata de animales amaestrados, aun si los maestros pajareros (a lo Papageno) son indispensables: Julien Durdilly, François Coquet, Guillaume Habrias, Tristan Plot.

Esto no es circo, sino danza creada con cisnes. Podemos llamarle “poesía”, palabra que siempre evado en el menester de la danza, pero lo cierto es que la condensación de imágenes, recurrencias, alegorías y un intenso sedimento cultural, mítico y artístico, asi como las referencias inevitables (¿no es un homenaje a “El lago de los cisnes”?) apuntan a un hecho poético. De tanta fuerza y delicadeza, que es de esas creaciones artísticas cuya energía propulsa, transfigura, enriquece y revitaliza.

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“Swan” de Luc Petton, fotos gentileza Teatro Nacional de Chaillot de París

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 “Swan” de Luc Petton, fotos gentileza Teatro Nacional de Chaillot de París

Sí, pueden haber señalamientos. Por ejemplo, que una cosa es que los cisnes naden y otra que caminen sobre el suelo como vulgares patos. Lo primero, es majestuoso y noble. Lo segundo, francamente ridículo. ¿Pero no es este contraste entre gracia y pesadez lo que define y contiene la bipolaridad del propio cisne, que ha sido la sustancia de su mito? Tal ambigüedad del animal es sino la materia de “El lago de los cisnes”, declinado en Odette-la-blanca y Odile-la-negra. Como fue la idea de Marius Petipa que el doble rol se interpretase por la misma bailarina… Ambigüedad que a su vez es el núcleo de “Swan”, por medio de la androginia buscada y trabajada de su intérprete principal, la asombrosa Katia Petrowick, convincente y poderosa. En la primera mitad de la obra (dura una hora), estaba segura que era un hombre. (Aún no había leído con detenimiento los nombres de los intérpretes.) Luego, percibí que tenía senos. Y, por otra parte, Katia Petrowick es extraordinariamente femenina.

Otro señalamiento sería que sólo se consigue el trabajo de “interpretación” de los cisnes porque las bailarinas los atraen con comida, que les presentan en sus manos. ¿Se podía haber hecho de otro modo? Gracias a este método inevitable, se consiguen escenas como las de los cisnes blancos caminando más o menos alineados, como un “cuerpo de baile”: ¡el verdadero “Lago”! Por demás, quien haya observado los desplazamientos de los cisnes en un lago, habrá realizado que ellos en ocasiones hacen su propia “coreografía”. No es casual que la danza tienda a la identificación y/o la inspiración respecto del mundo animal. Balanchine recomendaba a sus bailarines que tuvieran gatos, para aprender de ellos. Anna Pávlova tenía cisnes en su casa de Londres. Una foto de ella la presenta con un cisne enroscado a su cuello. De imágenes similares a ésta, se encuentra pleno “Swan”.

Cuando los largos y flexibles cuellos de las aves (que comunican con el movimiento del cuello y las plumas), o la forma ovoide de su cuerpo, construyen figuraciones conjuntas con la plástica de las bailarinas, se corta el aliento. Especialmente, en la primera parte con los dos cisnes negros, juntos con la bailarina en una suerte, of course, de piscina hacia el frente del escenario. Como el “río” de 40 centímetros de profundidad que se encuentra al fondo. En él aparecerán los cisnes, y también las bailarinas. Aquí, hay reminiscencias de Escila y Caribdis, como en general de otros mitos griegos, como Orfeo y, claro está, Leda. Sobre ella, seducida por Zeus convertido en cisne, abundaremos luego.
-Cisnes con camerinos con piscina y transportados en limusinas.

El bretón Luc Petton, tras haberse iniciado en las artes marciales, descubrió la danza contemporánea. Partió en 1980 a estudiar con Alwin Nikolais en New York. Fundó junto a Marilén Iglesias- Breuker la compañía Icosaèdre. En 1994 crearon la actual compañía Le Guetteur, en Picardía. Ornitólogo aficionado, su “La confidence des oiseaux”, con pájaros, se presentó en la misma escena de Chaillot en mayo de 2010. “Swan” es la continuación de ese trabajo con aves.

Tras su faena, se encuentra el concepto de “zooesis”, neologismo por “zoe” (vivo) y “poiesis” (creación), acuñado por la investigadora neoyorquina Una Chaudhuri y que cuestiona la figura y el cuerpo animal en las artes y la escena. Por demás, la danza contemporánea ha solido, de un modo u otro, recurrir a los animales. Pero el signo de “Swan”, con “zooesis” o sin ella, es distinto porque ha expuesto la profundidad del mito y del símbolo. Apenas un detalle ínfimo como que las plumas de los cisnes blancos hayan caído sobre la escena, o que un animal despliegue sus alas con ímpetu, bastan para desencadenar la emoción de referencia: ¿cuántos “Lagos” se han visto donde las plumas del adorno de cabeza de Odette caen al piso, producto del esfuerzo del baile? ¡Ahora son verdaderas! ¿Por qué no disfrutar de estos arranques emotivos si uno ama el ballet? La imaginación que todo arte necesita se ha visto recompensada.

Las bailarinas, de un no desdeñable nivel, han sido seleccionadas tras audición y tienen menos de 25 años. Durante dos años, previos al espectáculo, han pasado por un proceso de impregnación con los cisnes. Antes de que rompieran el cascarón del huevo, ya ellas estaban ahí. La impregnación consiste en la estrecha familiarización de los cisnes con las bailarinas, quienes aprenden a conocer la evolución de su carácter, mientras que los cisnes aprenden a reconocerlas, individual (hay como un “partenariat”) y colectivamente. (Lingüísticamente, se puede hacer la asociación sobre esa base pura de que Zeus-el-cisne tuvo que, según el mito, haber impregnado a Leda.)

Los cisnes blancos y los negros tienen en el teatro camerinos con piscinas, separados unos de otros. Si no, se despedazarían a picotazos. Son transportados al teatro en limusinas especiales (leo en el reportaje de Ariane Bavelier para Le Figaro), sonorizadas, ventiladas y climatizadas. Para que la oscuridad de la sala no los asusten, se instalaron luces de neón que imitan la luz del día.

La música de Xavier Rosselle, que incluye solos de saxofón en vivo, es apropiada y eficaz.

Si bien hay referencias a nivel de port-de-bras y otras gestualidades al universo del “ballet-de-cisnes”, la escritura es contemporánea. Lo que es mejor aún, desde el punto de vista del resultado obtenido en tanto “búsqueda experimental”: el trabajo de impregnación ha producido asimismo que las bailarinas integren el movimiento de los cisnes en el suyo propio, con los medios más simples. Por ejemplo, el suave tremolo de un pie elevado en una flexión lateral de la pierna, un aleteo tan retenido y vibrátil como el de los cisnes que hemos visto. Decía Marie-Agnès Gillot que antes de trabajar con Castor y Pollux, extendía el brazo en “El lago de los cisnes” de una manera, pero que aprendió de sus “partenaires” a hacerlo de otra. Espero con impaciencia su próximo “Lago”.

Los lectores deben recordar las Ledas de Rubens y Corregio, ambas gráficas y pertubadoras. El índice plástico, traspuesto a lo palpable de la escena, y a una realidad poética, alcanzó en ese momento la belleza absoluta, con la que el tiempo se detuvo. ¿ Erotismo, sensualidad? Le oí decir a una espectadora al final que, al parecer, había un cisne “un poco perverso”. Lo significativo es lo que el mito transmite, y aquí los antiguos griegos no solían equivocarse. Son otras claves, que tampoco suelen ser literales, ya que remiten a la sexualidad en general que representa la construcción mitológica del cisne, como creo que intuyó Sigmund Freud.

“Swan” es un espectáculo fascinante y arrollador, al tocar y presentar así esa esencia de la vida.

Y el mito se hizo carne y habitó entre nosotros.

Lo único acaso innecesario es esa lluvia que cae al final, a lo Pina Bausch. No hacía falta esa referencia física al medio acuático de las aves.

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“Swan” de Luc Petton, fotos gentileza Teatro Nacional de Chaillot de París

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“Swan” de Luc Petton, fotos gentileza Teatro Nacional de Chaillot de París

©2012 Danza Ballet 

 

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