Sobre la película rusa Matilda

Por XAVIER COLÁS por Moscú (elmundo.es)

El zar encamado con una bailarina. Hilaridad en el Kremlin con el cuerpo de Stalin todavía presente. Son dos escenas con las que los siglos XIX y XX han vuelto a Rusia en forma de escándalo mientras la ciudadanía intentaba recordar su revolución en paz. La película rusa Matilda, que trata sobre la relación prematrimonial entre Nicolás II y una famosa bailarina, ha sido blanco de ataques de políticos y grupos ortodoxos radicales. Tanto, que su estreno oficial en el teatro Marinski de San Petersburgo se ha producido en medio de un fuerte dispositivo de seguridad. La elección del escenario no era casual: precisamente el Marinski catapultó a la fama a la protagonista de la cinta, Matilda Kshesinskaya, que a finales del siglo XIX tuvo su apasionada relación con quien pasaría luego a la historia como él último zar.

La película, que contiene secuencias de contenido ligeramente erótico entre el joven heredero y su amante de origen polaco, narra esos atribulados años del joven Romanov hasta su matrimonio con la princesa Alix de Hesse (Alejandra Fiodorovna para los rusos) en 1894 y su coronación dos años después. En el aire que respiran los personajes se percibe ya un aroma de fin de época del cual no son conscientes.

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