Una conversación con Pedro Pablo Peña

 

Pedro Pablo Peña, fundador y director del Festival Internacional de Ballet de Miami, el más importante de los Estados Unidos, y de la compañía Cuban Classical Ballet of Miami, fue uno de los primeros doce “parametrados”, lo cual le concede cierto destino apostólico.

Había bailado con el Ballet Nacional de Cuba, luego de estudiar con Anna Leontieva; y en la Academia de L y 19, con Joaquín Banegas, José Parés y Azari Plisetski.

Por  Isis Wirth (Munich)

También bailó con el Teatro Musical de La Habana, “antes de que comenzaran a priorizar a los bailarines formados por la Revolución”. Obtuvo becas para estudiar en la entonces Unión Soviética y República Democrática Alemana, pero nunca le permitieron salir de la isla.



“Si yo no me hubiese ido por el Mariel, estaría muerto. No hubiese salido nunca, nunca. Sólo se podía viajar con el Ballet Nacional de Cuba. Gané mi libertad no solamente artística, sino personal. Siempre estuve absolutamente negado al ‘sistema’. Comprendí, con mucho tiempo de anticipación, que ese sistema no iba a funcionar, para cualquiera que desease expresarse como artista y como ser humano: no era posible. Por ello, me ‘parametraron’. Y hoy el Festival Internacional de Ballet de Miami es el más notorio de los Estados Unidos”.



La decimotercera edición del Festival, celebrada este año entre el 6 y el 14 de septiembre, presentó al Ballet de la Ópera de Viena, al Ballet Estable del Teatro Colón, al Ballet Real de Flandes, al Ballet del Teatro Municipal de Río de Janeiro, a la Compañía Nós da Dança de Brasil, al Royal Winnipeg Ballet, al Ballet Clásico Nacional Dominicano, al Northern Ballet Theatre de Inglaterra, al Staatsballett de Berlín, al Stuttgart Ballet, al Ballet de la Ópera de Florencia, a la Compañía Nacional de Danza de México, al Ballet Nacional de la Ópera de Eslovenia, al Ballet Nacional de España, a la Compañía Nacional de Danza de Nacho Duato (España), al American Ballet Theatre, al Houston Ballet, al Kansas City Ballet, a la Martha Graham Dance Company, entre otras agrupaciones, y por supuesto, al Cuban Classical Ballet of Miami (que Peña dirige junto a Magaly Suárez), el cual bailó, junto a otros títulos de su repertorio, el segundo acto de Giselle.



El evento que organiza Pedro Pablo ha llegado a colocarse entre los festivales reconocidos en el mundo, y contrasta con el Festival Internacional de Ballet de La Habana, otrora representativo, y devenido hoy un adefesio decadente y abstruso, al que asisten muy pocos bailarines y compañías de renombre.



Peña, el antiguo “parametrado”, cree que su compañía recoge el legado del ballet cubano, con el añadido de la libertad, “la que busca cualquier artista, la de ser alguien, la de dar lo que puede, y no lo puedes dar si estás metido en un hoyo, en un sistema obsoleto”. “Nosotros les podemos ofrecer a esos artistas del ballet de la isla lo que proporciona la libertad. Están felices, aquí son personas. Mis puertas están abiertas para todo aquel artista cubano que quiera hacer algo, crear sin trabas, que busque la excelencia artística, la cual en la isla no se puede conseguir. Allá no hay nada más que hacer. Aquí hemos continuado la herencia del ballet cubano, en un nivel estructural, sin el obstáculo de que alguien te diga lo que tienes que hacer. Serían los mismos bailarines, pero con otras premisas, mejores, y, dentro de su misma cultura, su misma lengua, su mismo patrón estético.”


Además de Giselle, el CCB of Miami incluye entre sus títulos clásicos como El lago de los cisnes, el II Acto de La Bayadera, la versión completa de El Corsario, y próximamente estrenará Carmen, de Alberto Alonso: “Todos los honores que Alberto Alonso obtuvo al final de su carrera, fui yo, aquí, quien se los propició. Qué ironía, que fuese uno de los ‘parametrados’ quien así lo hiciera. Lo acogí, sin tomar en cuenta su ‘pasado’.”



“Los bailarines cubanos —opina Pedro Pablo— han estado toda su vida en un mundo de burbujas. Sin embargo, sienten que no han evolucionado artísticamente. Sin dudas, allá hay cierto talento (algunos), pero nada más. No es sino el estado en que se encuentra el país, que incidiría especialmente en el caso del ballet, al necesitar éste de tanto rigor. Nuestra responsabilidad en tanto artistas radica en mostrar, en hacer lo que ya hemos hecho. ¡Ya es hora para Cuba, para los cubanos, ya es hora!”.




en Danza Ballet

XIII International Ballet Festival of Miami 2008

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