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Danza Ballet

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VA Wölfl/Neuer Tanz en el Teatro de la Ville de París


16 enero, 2013
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Isis Wirth

Nacionalidad: Cubana
Ocupación:
Crítica de ballet.

Nacida en La Habana, en 1964, donde estudió Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Crítica de danza, durante diez años trabajó en el Ballet Nacional de Cuba, como escritora de danza.

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“Kurze Stücke”, un apocalipsis fallido con notas de humor.

La compañía alemana Neuer Tanz de VA Wölfl, presentó en estreno en Francia “Kurze Stücke”, entre el 8 y el 11 de enero pasados. Algunos meses antes, la obra se había estrenado en Düsseldorf, sede de la agrupación desde su fundación en 1985.

Pintor, fotógrafo y coreógrafo, VA Wölfl estudió pintura con Oskar Kokoschka en Salzburgo, y luego fotografía en la Folkwangschule de Essen. Como coreógrafo, ha trabajado previamente con Suzanne Linke y Youri Vamos, y es miembro de la Academia de las Artes de Berlín.

Durante más de dos horas, sin intermedio, se asiste a un espectáculo que acusa más de instalación y exposición que de “danza” (uno puede preguntarse qué es hoy la danza, más allá del concepto) propiamente dicha. Sobre todo, se diría es una suerte de concierto rock, con guitarras eléctricas incluidas (manipuladas por los bailarines), aunque las referencias musicales son variadas: van desde “My way” hasta la música atonal y Arnold Schönberg.

El “hilo conductor” es el del apocalipsis, se nos dice. ¿Se debe a ello la presencia de armas, que definen, junto a las guitarras eléctricas, el indicador visual de la instalación, junto con numerosas pelotas de tennis?

Los rifles descansan en el suelo, cada uno en un círculo que gira. Pueden los bailarines tomarlos, como luego, hacia el final, tres de ellos llevarán revólveres.

Las pelotas de tennis se disparan en una especie de lluvia interminable, con ayuda de unas máquinas.

Los fragmentos de silencio son múltiples, y largos, a través de la obra. Hay que tener aguante. En esos minutos de silencio, los bailarines están casi completamente inmóviles, o se mueven con una lentitud exasperante, en gestos milimétricos. ¡Suerte que se inicia la música electrónica de nuevo!

Mientras tanto, los rifles, en el suelo, no dejan de moverse. Aunque vienen los bailarines (nueve en total, entre ellos tres mujeres, delgadas y flexibles como bailarinas clásicas) para tomarlos y apuntar hacia arriba.

Un bailarín asiático habla en su idioma natal, muy rápidamente. ¿Chino, japonés, u otro? Desde luego, ello funciona como elemento humorístico, que es bienvenido.

Se vislumbran unas zapatillas de punta, por el brillo del raso. Una bailarina, la más interesante escénicamente de las tres, se las calza, y va a permanecer en puntas un sostenido momento. Aunque en posición casi estática durante todo ese transcurso, inclinándose hacia adelante de vez en cuando, la carga no deja de ser considerable. Se le comienza a notar el cansancio. ¿Cuánto tiempo lleva en puntas, casi inmóvil? Cambia la música; de nuevo, rock, atonal, y ruidos. Y ella sigue sobre las puntas. Extiende un brazo, eso sí.

Arriba alguien a dar latigazos, y se instala el ruido, que vuelve a ser bienvenido porque nos saca del sopor. Y ella sigue sobre las puntas. ¿O no? Al fin se las quita y abandona la escena. (También, algunos en el público han comenzado a abandonar la sala.)

Un caleidoscopio de luces, como en lluvia y la proyección de algunas imágenes (aunque no se pueden precisar: ¿estadios, edificios, gentes, dónde?), vienen a revitalizar lo que ya es definitivamente aburrido.

Le han agregado al vestuario de lentejuelas profusas unos sombreros. Continúan con los gestos sea congelados, o movidos al milímetro. De pronto, al unísono, se llevan la mano al sombrero, la bajan, se desplazan, mueven una pierna, se inclinan. En eso consiste la “frase” coreográfica, que van a repetir. (Y más tarde volverá a aparecer, la misma “frase”.) A veces, levantan un hombro.

Vuelve el silencio.

Lo rompe alguien, situado bien arriba, en la punta del teatro: “Público parisino: ¡reaccione!”. Hay que reírse. No se puede saber si ha sido espontáneo, o forma parte del espectáculo, sobre todo porque se ha producido un intercambio verbal con otros espectadores: ¿en contra o a favor del espectáculo?, no logro distinguir bien. (Luego sabré que fue del todo espontáneo.)

Súbitamente, los bailarines se van. Se aplaude. Pero no, era un falso final. Regresan con otro vestuario, aunque también de concierto, y se ponen a tocar las guitarras eléctricas.

El “chino” que hablaba “chino” ahora lo hace en alemán. Y vuelven a colocarse la mano en la frente, se inclinan hacia atrás, mueven los brazos y tiran las manos hacia abajo. Repiten varias veces tal “frase”.

Ya vamos por las dos horas. Vuelve un segundo falso final.

Tenemos todavía por una buena cantidad de minutos más. Una bailarina se ha puesto un “académico” completo en piel de color gris oscuro, sobre altos tacones. (Luego se desnudará, pero púdicamente.) Gira sobre un círculo. La música cambia a tonadas más rápidas. Menos mal. Como un técnico aparece para recoger las pelotas de tennis que han sido tiradas, es indudable que ahora sí se acabó. Pues no, es el tercer falso final. ¿Es que no va a terminar nunca? Le falta no mucho, no obstante. Dejan el ruido de las máquinas que habían lanzado las pelotas, y unos hilos metálicos que intrigan.

Esos tres falsos finales, más el espontáneo intercambio que se produjo en el público tras el grito de: “Público parisino: ¡reaccione¡”, han conseguido aportar una nota cálida, de humor y de complicidad, incluso, entre los espectadores y los bailarines. Lo que ha salvado la noche, y uno se va del teatro con cierta sonrisa. Con la sensación de que se participó en un juego.

El próximo espectáculo de danza del Teatro de la Ville de París será el estreno en Francia de “Oedipus/Bêt noir” de Wim Vandekeybus, con su compañía “Ultima vez”, entre el 28 de enero y el 3 de febrero.

colaboradores  VA Wölfl/Neuer Tanz en el Teatro de la Ville de París
Va Wölfl, Kürze Stücke

©2013 Danza Ballet

 

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