Van Gogh en el Hermitage de Amsterdam

 

Van Gogh, pintor de campesinos y pionero del arte moderno, en el Hermitage de Amsterdam.

“Si oyes una voz dentro de ti diciéndote ‘no sabes pintar’, pinta y la voz se callará”, escribía  en 1883, en una carta a su hermano Theo, el neerlandés Vincent van Gogh (1853-1890), un  autodidacta   que en el lapso de 10 años pasó de ser un mero aprendiz para convertirse, con  obsesiva entrega y   energía, en uno de los principales exponentes del postimpresionismo y uno de  los más grandes   pioneros del arte moderno del siglo XX.

A través de 75 óleos importantes, además de obra gráfica, una selección de sus cartas manuscritas,   así como algunos de sus objetos personales, se puede seguir la fascinante e incansable búsqueda   de  este genial creador hasta que alcanzó el estilo y la impronta que lo distinguen.

Van Gogh en el Hermitage de Amsterdam

 La habitación de Vincent en Arlés (1888) Museo van Gogh de Amsterdam

Emoción

El público admira encantado la intensidad emotiva de Girasoles (1889), Autorretrato con pipa y    sombrero de paja (1887), Puente bajo la lluvia (1887, inspirado en el maestro Utagawa Hiroshige,    1797-1858, dibujante, pintor y artista gráfico japonés), Manzanas (1887), El dormitorio (1888),    Campo con flores cerca de Arles (1888), La silla de Gauguin (1888).

Siempre ocupado con el uso del color para expresar un sentimiento o crear una atmósfera   determinada, van Gogh estudió sus diferentes gradaciones, por ejemplo en Membrillos, limones,   peras y uvas (1887) y en Girasoles, así como el diálogo entre las tonalidades en La silla de   Gauguin y en Lirios (1890).

Leer los originales de puño y letra de sus cartas, en francés y holandés, conmueve hasta las   lágrimas. Más de 800  epístolas escribió a familiares y amigos, 650 de ellas a su hermano Theo,   figura central en su  vida y quien de forma continua y desinteresada lo apoyaba financieramente.

Las dificultades económicas eran una tónica constante en la vida de van Gogh, quien a menudo  prefería dejar de comer para comprar materiales de pintura.

Su obra fue reconocida mucho tiempo después póstumamente. Más de una vez daba clases a cambio de  que sus alumnos le pagaran una comida o le trajeran utensilios de pintor. E incluso había testigos  que afirmaban de que repartía lo poco que tenía entre personas más necesitadas aún que él.

Asimismo impacta la fuerza premonitoria de Trigal bajo un cielo tormentoso, Trigal con cuervos,    Raíces de árbol, Almendro en flor, todos pintados en 1890, últimos testimonios en los que afloran    los sentimientos de van Gogh en medio de las depresiones, la angustia vital que padecía meses,    semanas antes de dispararse (intencional o accidentalmente, las versiones difieren) un tiro el 27    de julio de ese año cuando caminaba hacia un campo de trigo en Auvers-sur-Oise (35 kilómetros al  noroeste de París) y fallecer dos días más tarde en brazos de su hermano (atendido, además,  por  su amigo, el Dr. Paul Gachet).

Hay una nueva teoría ahora, publicada por dos investigadores estadounidenses, según la cual, un  joven que veraneaba en Auvers (René Secrétan, hijo de un boticario adinerado que vivía en París)  pudo haber sido el autor del disparo en el curso  de  una de las bromas pesadas que acostumbraba a  gastarle a van Gogh (solía disfrazarse de Buffalo Bill con su revólver calibre 38) . Todo quedó  cubierto por un manto de misterio. Nunca se hallaron pruebas ni hubo testigos de cómo se produjo  el hecho ni apareció el arma; tampoco aparecieron los utensilios ni el lienzo que llevaba el  pintor a cuestas y jamás se hizo una autopsia de su cuerpo.

Theo moriría seis meses después a consecuencia de una sífilis y sus restos yacen junto a los de  Vincent en el cementerio de esa misma localidad francesa.

Concepto

La muestra, de una concepción museística por demás atractiva, pedagógica y muy bien realizada,    parece anticiparnos ya el esplendor que promete tener la próxima exhibición, Van Gogh at work, que    inaugurará el 1 de mayo de 2013 el Museo van Gogh, cuando retorne a la céntrica explanada del    Museumplein, una vez terminados los trabajos de remozamiento del edificio de su sede principal.

¿Cómo convertirse en un artista a los 27 años de edad sin haber mostrado hasta entonces ningún    talento especial para el dibujo o la pintura? Esta era probablemente la interrogante que se    formulaba Vincent van Gogh cuando su hermano Theo le sugería en 1880 dibujar ilustraciones para    revistas de la época.  

Nadie hubiera sospechado entonces que Vincent, la oveja negra de los van Gogh, un joven frustrado    (hasta en el amor), sin trabajo fijo ni estudios terminados, en constante conflicto con su  familia   (la figura de su padre, Theodorus, un humilde y austero pastor protestante), se  convertiría una   década más tarde en uno de los artistas que más influenciaron a las corrientes  de comienzos del   siglo XX, especialmente a los expresionistas alemanes y los fauvistas  (expresionistas franceses),   primeros exponentes de las vanguardias históricas.

Un año antes se había ido de predicador protestante a la región carbonífera belga de Borinage.    Allí dibujaba a los mineros, obreros y habitantes de esta triste comunidad, al igual que lo había    hecho antes, cuando trabajaba (desde 1870) como aprendiz para la importante empresa Goupil & Cie.    (con asiento en París y filiales en los Países Bajos y otras ciudades europeas) que comerciaba  en   reproducciones de arte y de la que su tío Vincent van Gogh era socio. Tres años después  ingresaría   Theo a la firma, quien fue trasladado posteriormente a una sucursal en Francia.

Campesinos

Comedores de patatas (1885), una obra cumbre del período que vivió (tras dejar intempestivamente    Goupil) durante dos años en Nuenen (cerca de Eindhoven, adonde se habían mudado sus progenitores),    pintando a campesinos de los alrededores y numerosos bodegones (180 cuadros en total), impacta   por  su imagen casi mística. “Si digo que soy un pintor de campesinos, es que lo soy de verdad”,   decía Vincent, nacido el 30 de marzo de 1853 en Groot-Zundert, pequeña localidad rural de   Brabante,  emulando los pasos de Jean-François Millet (escuela de Barbizon que con sus paisajes y   estampas de la vida agraria influyó en los impresionistas). En la visión de van Gogh la vida de la   gente del campo estaba ligada con  la sencillez, la eternidad y la resurrección.

Fallecido su padre (1885), Vincent sentirá libre su espíritu, se trasladará a Amberes en noviembre    de ese mismo año para contemplar los retablos que Peter Paul Rubens pintó para la catedral y    después a París para completar su formación, experimentar con nuevas técnicas y depurar, con gran    empeño, algunas de sus  deficiencias.

“Siempre hago lo que aún no puedo para aprender a hacerlo”, escribe en 1885 a su amigo Anthon van    Rappard, a quien conoció un par de años antes en Bruselas.

Perfeccionarse

Poco después de instalarse con su hermano (trabajaba entonces en Boussod & Valadon, sucesora de    Goupil) en Montmartre, Vincent conoce y traba amistad con impresionistas (Camille Pissarro, Armand    Guillaumin, Paul Cézanne), puntillistas (George Pierre Seurat, Paul Signac) y postimpresionistas    franceses (Émile Bernard, Henri de Toulouse Lautrec, Paul Gauguin, Louis Anquetin), pioneros    asimismo de la pintura moderna.

Aquí utiliza por primera vez la pintura diluida (peinture à l’essence), como Montmartre: detrás    del molino de la Galette (1887), en la que deja entrever, sin embargo, una forma ya muy propia de    pintar.

Como muchos artistas de entonces, van Gogh admiraba el arte japonés (además de Hiroshige, sus    preferidos eran Katsushika Hokusai, 1760?-1849, y Kitagawa Utamaro, 1753-1806, también pintores y    artistas gráficos). Copiaba sus obras y se inspiraba en ellas para sus propios cuadros.

“Envidio a los japoneses por la increíble claridad de la que están impregnados todos sus trabajos.    Nunca resultan aburridos ni hacen el efecto de haberlos realizado deprisa…Su estilo es tan    sencillo como respirar. Son capaces de hacer una figura con sólo unos pocos trazos seguros que    hace que parezca tan facil como abrocharse el chaleco”, escribía Vincent a Theo desde Arles en    1888.

Luz meridional

Había viajado al sur de Francia en una misión encomendada por su hermano con destino a Marsella,    adonde nunca llegó. Primero se alojó temporalmente en un café. Después alquiló una casa de cuatro    habitaciones (La casa amarilla, 1888) en la que convivió tres meses con Paul Gauguin (sus fuertes    y controvertidas personalidades no se soportaron por más tiempo. Vincent acabó mutilándose el    lóbulo de su oreja izquierda). La idea original, frustrada al fin, era crear una pequeña colonia    de artistas.

Para recibir a Gauguin Vincent había decorado las paredes con paneles de girasoles y hasta había    instalado gas en la casa (la zanja que vemos en la escena es la que estaban abriendo los    trabajadores desde la estación del ferrocarril para tender la tubería). Detallista, pero sin    preciosismos, el cuadro evoca al arte naif (incluso la forma de pintar de los niños) con sus    amarillos azules y verdes en alegre armonía, pero con especial esmero por la luz (en las fachadas    laterales) y la sombra (en las frontales).    

Pablo Picasso (1881-1973) quedó impresionado, sobre todo a nivel psicológico, cuando vió por    primera vez en 1901 colgados en casa de su amigo, el galerista Ambroise Vollard, en París, varios    cuadros de van Gogh (fallecido 11 años antes). Entre estos óleos se hallaba La Berceuse (1889),  el   retrato de Augustine (la esposa del cartero Joseph Roulin, inmortalizado también por van  Gogh)   meciendo a su bebé (Marcelle), pintado en Arles.

“Lo que más me fascina de mi profesión, mucho más que todo lo demás, es el retrato, el retrato    moderno” ejecutado de forma muy expresiva, reflejando el espíritu de su época, escribía    posteriormente desde Auvers.

Trastornos

Sus problemas psíquicos (ataques repentinos de ira, manía persecutoria, alucinaciones, estados de   profunda  depresión) lo llevaron a internarse voluntariamente en varios manicomios, entre ellos en   el de  Saint-Rémy, donde también pintó, antes de mudarse a Auvers-sur-Oise en 1890.

Pero contrariamente a la imagen de creador impulsivo, trastornado, delirante que se suele tener de    van Gogh, éste era un artista que meditaba bien sobre sus pasos al buscar los temas de sus    cuadros, no los elegía al azar o espontáneamente, y los ejecutaba con completo control de sus    facultades mentales, coinciden diversos investigadores. Los últimos 30 meses de su vida fueron  sumamente   prolíficos en este sentido: pintó 500 cuadros (79 en los últimos 69 días).

El Hermitage de Amsterdam (Amstel 51) realiza simultáneamente con la exposición de van Gogh la    muestra Impresionismo: sensación e inspiración (del 16 de junio de 2012 al 13 de enero de 2013)    que permite una visión singular del arte pictórico del siglo XIX con obras de artistas   contemporáneos  de Vincent.

Sitios de internet:

www.vangoghmuseum.nl
www.hermitage.nl/en/

Van Gogh en el Hermitage de Amsterdam

 Museo van Gogh de Amsterdam

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