
Que la danza contemporánea se transforma constantemente es una premisa que tiene dos clases de valores: unos favorables que ponderan una mutación permanente como su rasgo esencia y que la justifica a ésta como medio expresivo de lo “contemporáneo”; otros desfavorables que la condenan por imprecisa en su propósito y evasiva de la contemporaneidad que pretende reflejar (una suerte de neo-romanticismo inverso) y de la cual dice ser parte.
Por Juan Izaguirre (HERMOSILLO, MÉXICO)*





