Amor y traición son los ejes sobre los que gira Giselle, una de las obras más emblemáticas del ballet romántico.
Por Carolina de Pedro — Fotos Dorothee Elfring
Barcelona, octubre de 2025
Quince años después de su última representación, y durante seis noches consecutivas, la compañía bávara Bayerisches Staatsballett interpretó el ballet romántico con coreografía de Peter Wright, de manera magistral.
Fueron seis noches de ovaciones aclamadas por parte de un público que llenó la sala, admirando a una de las compañías más importantes de Alemania.
Fundada en 1990, la compañía está dirigida por Laurent Hillaire, magnífico étoile de la Ópera de París, y está integrada por 62 bailarines de una veintena de nacionalidades.
En cada presentación se presentó un elenco diferente, y en todas ellas los bailarines demostraron una solidez escénica admirable. Sin primeras figuras ni estrellas, la homogeneidad del conjunto destacó por un trabajo grupal preciso, equilibrado y de gran elegancia artística.

Giselle es un ballet narrativo de casi dos horas y media, técnicamente sencillo en su primer acto, sin grandes retos, pero extremadamente exigente en el segundo, especialmente por su pas de deux, donde destacan el adagio y las variaciones de ambos protagonistas, Giselle y Albrecht.
En la tradición del ballet de finales del siglo XIX, los intérpretes no solo se enfrentan a desafíos técnicos, sino que también deben actuar, expresando la evolución emocional de los personajes con profundidad y sutileza.
La joven e inocente campesina Giselle vive con su madre y siente una profunda pasión por la danza.
Tras conocer a Albrecht —a veces escrito Albrecht o Albrecht, duque de Silesia—, un noble de alta posición social que oculta su identidad bajo el disfraz de campesino para cortejarla, le entrega su corazón, sin sospechar su engaño.
Aunque está comprometido con otra mujer, Albrecht la corteja, atrapado entre el deber y la pasión.
Cuando Giselle descubre la verdad, su alma se quiebra: la locura y la pena la conducen a la muerte.
Tras su partida, es acogida en el maravilloso reino espectral de las Willis, espíritus de novias que murieron antes de su boda y que —apasionadas por el baile—, guiadas por su reina Myrtha, obligan a los hombres que se adentran en el bosque a danzar hasta morir.
Las Willis, lideradas por su reina Myrtha, aparecen con sus tutús blancos transparentes, de longitud hasta la pantorrilla: el clásico tutú romántico que simboliza la ligereza y el mundo de lo inmaterial. Su presencia nos transporta a un plano entre lo terrenal y lo onírico. En ese mundo entre la vida y la muerte, Albrecht regresa para buscar a Giselle, encontrándose con un amor que trasciende la culpa y el tiempo.
El director lituano Robertas Šervenikas dirigió de manera magistral a la Orquesta Sinfónica del Liceu en la bella partitura de Adolphe Adam, que siempre nos envuelve en la belleza del más puro ballet clásico.
Todo el elenco del Bayerisches Staatsballett demuestra un alto nivel técnico y energético, interpretando con gran entusiasmo.
Su paso por Barcelona, acompañado por el fervor del público, ha demostrado una vez más cómo el ballet llena la sala del Liceu, porque se necesita, se extraña y se ama profundamente.
Hay una razón por la que Giselle es uno de los mayores éxitos del ballet: combina la pureza técnica del estilo romántico con una historia profundamente humana, donde el amor, la traición y el perdón se funden en una obra de irresistible belleza emocional.
Texto: @bodyballet.adultos
Fotos: @doro_elfe
Compañia @bayerischesstaatsballett
Giselle – Ballet en dos actos
Libreto: Théophile Gautier y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges,
basado en De l’Allemagne de Heinrich Heine
Música: Adolphe Adam
Coreografía: Peter Wright, inspirada en la original de Jean Coralli y Jules Perrot
Estreno absoluto: 28 de junio de 1841, Opéra national de Paris
Estreno en Barcelona: 25 de mayo de 1847, Gran Teatre del Liceu
Última representación en el Liceu: 15 de noviembre de 2010
Total de representaciones en el Liceu: 159


















