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Danza Ballet

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ÁNGEL CORELLA en NEW YORK

19 marzo, 2010
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Célida Villalón

Nacionalidad: Cubana
Ocupación: Crítica de ballet.
Se radicó en Nueva York desde 1959 y escribe en en diversos medios.
Uno de sus trabajos se publicó en la International Encyclopedia of Dance (Oxford University Press, New York, 1996).

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NEW YORK DA LA BIENVENIDA A ÁNGEL CORELLA EN SU NUEVO ROLE.

Ángel Corella, distinguida primera figura del American Ballet Theatre, vuelve a la capital del mundo de la danza en un role nuevo  y difícil: Director artístico del Corella Ballet Castilla y León (que comenzaría a funcionar en 2008), con un elenco de treinta y  cuatro bailarinas que se cuentan entre primeras figuras, solistas y cuerpo de baile. El conjunto se presentaría en el City Center de Nueva York, en una corta temporada de cuatro funciones.

La programación concertada se dividiría en tres actos, comenzando con “String Sextet”, de Tchaikowski (Souvenir de Florencia, Op. 70), primer intento coreográfico de Corella. En esta obra, los bailes son desarrollados por seis parejas solistas –entre las que se destacan está la esbelta y sutil Ashley Ellis, junto a Yerdan Andagulov –y un bailarín en solitario, el dinámico Joseph Gatti, vestidos todos en los clásicos tutús para las bailarinas, y chaquetillas y mallas para los hombres, en color negro, mientras el coro de siete parejas, lleva el mismo estilo de vestuario pero en color blanco. El formato clásico recuerda grandemente a otro ballet, por lo que no encontré ninguna novedad en la estructura de los pasos, ni en la formación de los grupos; asimismo, le sobran solistas y bailes, resultando, sin embargo, algo tedioso. El camino de la coreografía es largo, muy largo, y por ende, muy difícil.

Después de un corto intermedio, vino el segundo acto que comenzó con un Pas de Trois, tomado de “La Noche de Walpurgis”, de Leonid Lavrosky, sobre la conocida música de Gounod. Esta antigua pieza en el exagerado estilo soviético de los años 40, tuvo como intérprete femenina a Kazuko Omori, que no es la bailarina clásica ideal, y lleva una eterna sonrisa en la cara que llega a molestar. Gatti y Kirill Radev, hicieron lo mejor que pudieron para lograr los brincos acrobáticos típicos del Bolshoi, que realizaron con gran esfuerzo, pero sin tropiezos. Un Pas de Deux, titulado “Sunny Duet” (Dúo alegre) trajo a escena a la pareja formada por Adiarys Almeida (una de las últimas exiliadas del Ballet Nacional de Cuba), y el admirado argentino Herman Cornejo (figura principal del ABT). Este último desperdició su talento en una coreografía concebida por otra pareja de soviéticos, Natalia Kasatkina y Vladimir Vasiliov (no confundirlo con Vladimir Vasiliev, por favor), pasada de moda, y tan aburrida como manoseada. Mejor es dejar dormir a estas antiguallas.
 
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Adiarys Almeida y Herman Cornejo en “Sunny Duet” (Dúo Alegre). Foto de Rosalie O´Connor, cortesía de Helene Davis P.R.


No obstante, la pieza que prosiguió, resultó una perla preciosa de gran valor. María Pagés crea “Soleá” específicamente para Ángel y su hermana Carmen, sobre música de Lehaniegos, en el cante grabado de Ana Ramón, la guitarra del propio autor, percusión de Chema Uriarte y el zapateado de la coreógrafa. Todo el ardor español estaba ahí, desbordándose del escenario, que la magnética personalidad de Corella transmitía fácilmente al público. Hubo palmadas, taconeos (por Carmen, hermosa y sensual maja, bailando en punta) y pasos de la danza clásica, que la Pagés supo mezclar muy hábilmente con el entrenamiento de ambos bailarines. Una bella estampa española-clásica que si es mantenida en el repertorio de la compañía, como espero suceda, podría convertirse en la tarjeta de presentación del Corella Ballet.

El programa terminó con un estreno neoyorquino del aplaudido coreógrafo Christopher Wheeldon, que tanto la prensa como el público esperaba ansiosamente: “DGV: Danse Á Grand Vitesse” (Danza a gran velocidad), inspirada en la partitura del mismo nombre de Michael Nyman. La música, minimalista y poco inspirada, fue encargada especialmente al compositor para la inauguración de un tren de gran velocidad que cubriría la distancia entre Lille y París. Wheeldon se inspiró en ella creando este trabajo para el Royal Ballet de Londres, en 2006, que lleva cuatro parejas solistas, y un coro de siete mujeres y seis hombres. El diseño del vestuario y la escasa escenografía (unos artefactos grises, al fondo de la escena, por donde entran y salen los solistas) son originales de Jean-Marc Poissant.

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“CVG”, de Christopher Wheeldon. Foto de Rosalie O´Connor, cortesía de Helene Davis P.R.


Este ballet no le ofrece oportunidad de lucimiento a ninguna de las parejas principales. En este grupo, los hombres constantemente elevan a sus compañeras por encima de las cabezas, en posiciones estrafalarias que las hace parecer figuras de otros planetas; muy contemporáneo, no hay duda, pero el resultado final parece una escena de un programa de ciencia-ficción.


Las cuatro parejas principales fueron, en orden de salida, Carmen Corella y Sergey D´yachkov, Adiarys Almeida y Herman Cornejo, Angel Corella y Natalia Tapia (de magníficas piernas para la danza académica), y Ashley Ellis y Fernando Bufalá (este último es el mejor prospecto de la compañía).

¿Qué podemos desearle al admirado y querido Ángel, como no sea un triunfo definitivo en sus afanes? Sin embargo, y con toda sinceridad en estas palabras, al mismo tiempo espero que este ambicioso proyecto familiar, no lo desvíe del lugar prominente que ocupa en este momento definitivo de su carrera como bailarín.

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Corella & Carmen Corella in Pages’ SOLEA – photo by Rosalie O’Connor, cortesía de Helene Davis P.R.

© 2010 Danza Ballet

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