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Aventura Oriente, música y danzas en las ruinas de Tell Halaf

2 mayo, 2014
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Juan Carlos Tellechea

Periodista y crítico.
Nacionalidad: Uruguayo.
Lugar de residencia: Berlín.

El señor Tellechea se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo. Reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, y desde 1999 en Berlín) donde colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

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Una muestra espectacular sobre el yacimiento arqueológico arameo-neoasirio de Tell Halaf, de comienzos del primer milenio antes de Cristo (a.C.), se realiza en estos meses (del 30 de abril al 10 de agosto de 2014) en el Centro Federal de Arte y Exposiciones de Alemania, en Bonn.

colaboradores  Aventura Oriente, música y danzas en las ruinas de Tell Halaf

El núcleo de la exposición, titulada “Aventura Oriente”, lo conforman monumentales estatuas de piedra basáltica dedicadas a deidades, con fantásticos relieves y preciosas ofrendas funerarias que permiten reconstruir el prehistórico mundo de los arameos, un pueblo semítico nómada que impuso su lengua (por escrito a comienzos del I milenio a.C), parecida al fenicio y al hebreo, en la mayor parte de Oriente Próximo.

Más de 500 piezas, incluyendo vasijas de barro, joyas y otros hallazgos arqueológicos son presentadas en esta exhibición que aúna otras dos presentaciones anteriores: la de 2001 en Colonia (“Fascinación Oriente”) y la de 2011 en el Museo Pérgamo de Berlín (“Los dioses rescatados del palacio de Tell Halaf”).

Danzas
La música, la danza y los cánticos ocupaban desde tiempos inmemoriales un sitial importante en la cultura y religión de los arameos y asirios. Se danzaba para celebrar fiestas familiares y nacionales, para recibir a los héroes, para manifestar regocijo por alguna bendición especial, para adorar a los dioses y expresar fe, así como para demostrar hospitalidad.

Su música, bailes y cánticos, al principio transmitidos oralmente de generación en generación, superviven aún en las culturas contemporáneas del Oriente Próximo y tienen sus raíces en aquellas pretéritas manifestaciones. Entre las piezas exhibidas figuran tambores (“darbuka”), cubiertos con piel animal, descendientes de los que utilizaran los pueblos nómadas durante milenios.

Descubrimiento
El yacimiento fue descubierto en 1899 al noreste de Siria, cerca de la frontera turca, por el diplomático y apasionado investigador alemán Max von Oppenheim (1860-1946), descendiente de una dinastía de banqueros, quien trajo a Alemania las figuras y otros valiosos testimonios de aquella antiquísima cultura en 1929. La fundación que lleva su nombre y el banco Sal. Oppenheim (fundado en 1789) patrocinan la muestra.

Oppenheim se sentía fascinado por la música oriental. Con el comienzo de las excavaciones en 1913 en Tell Halaf realizó grabaciones en cilindros de cera (16 se conservan todavía hoy), con un fonógrafo Edison, de grupos tradicionales que tocaban antiquísimos instrumentos musicales como laúdes de cuello corto (“al-Ud”), flautas (“kaval/ney”), violines (“rebeb” de origen persa), cítaras y tambores.

Las estatuas, dedicadas a dioses mitológicos arameos, que se exponían en el museo privado de Max von Oppenheim, fundado en 1930, y que resultaron dañadas en 1943 por un bombardeo a Berlín durante la Segunda Guerra Mundial, fueron reconstruidas y se exhiben aquí en su totalidad, incluyendo la fachada de seis metros de altura y varias toneladas de peso de la puerta de ingreso al Palacio del Oeste de Tell Halaf con sus figuras divinas, mostradas por primera vez desde aquel entonces.

Restauración
Los 27.000 fragmentos que quedaron de las estatuas de piedra despedazadas se hallaban depositados en los sótanos y depósitos externos del Museo Pérgamo (en el este) de Berlín y tuvieron que esperar 55 años hasta que, tras la caída del Muro y la unificacion alemana, pudieran ser reunidos y restaurados en 1999 por la Universidad Técnica de la capital alemana.

“Primero se pensaba que las piedras habían sido extraídas de la cantera de El Kbise, a 15 al norte de Tell Halaf. Pero las investigaciones más recientes nos llevaron a la conclusión de que provienen de la meseta basáltica de Ard esh-Sheik, situada a 60 kilómetros al sur. La cantera sigue abierta, de modo que se pudieron utilizar en parte materiales originales para las reparaciones”, dijo a este corresponsal Ulrike Dubiel, arqueóloga de la Universidad Libre de Berlín y comisaria de la exposición.

Con el surgimiento de la crisis y posterior guerra civil en Siria a partir de 2011, los restos arqueológicos de Tell Halaf y otros valiosos testimonios de la cultura de ese país, depositados en el Museo Nacional de Alepo, vuelven a correr serios riesgos de ser alcanzados por la destrucción.

Exposición de las piezas

Prehistoria
Situado cerca de la ciudad Ra’s al-‘Ayn, en el fértil valle del río Jabur, en la provincia siria de Al Hasakah, el sitio de Tell Halaf data del VI milenio a.C. Más tarde se fundaría allí la ciudad-estado aramea de Guzana o Gozán.

Los arameos (también llamado siríacos) originarios de la península arábiga, se expandieron (hacia el siglo X u XI a.C) y habitaron primero en Aram-Naharaim o “Aram de los dos ríos”, Mesopotamia, una región bíblica que incluye Siria, Irak, Jordania, Líbano y parte de Irán.

Desde tiempos inmemoriales los arameos vivían en un ámbito nómada, sin embargo, lograron relacionarse con culturas sedentarizadas. Aprovecharon el vacío creado por la debilidad de las grandes potencias y el despoblamiento de antiguas tierras, para extenderse por Siria de norte a sur, llegar al río Éufrates, y derrotar a los asirios tras un largo período de enfrentamientos.

Exposición de las piezas

Dominio
Así lograron dominar una amplia zona del antiguo territorio asirio y hurrita mesopotámico y crear poderosos reinos que florecerían durante siglos. Su potencial militar y la debilidad estructural de los estados de la región fueron causas determinantes para que los arameos lograsen imponer líneas dinásticas en antiguos centros urbanos.

En éstos integraron su elemental sistema de organización gentilicia, cuyos jefes mantenían especiales relaciones con el monarca, quien se presenta como protector providencial. Se produjo entonces un mestizaje cultural, y los arameos lograron imponer su lengua, al tiempo que adoptaron a las deidades locales.

Centros
Los principales centros políticos arameos fueron Bit Agusi (casa de Agusi), en la zona de Alepo, con capital en Arpad; Bit Adini, con capital en Til Barsip, cabalgando por el Éufrates; Guzana era la capital de Bit Bahiani, en la llanura del Jabur; y no menos importantes fueron Hamath y sobre todo, Damasco, que mantuvo una rivalidad considerable durante dos siglos con Israel.

Reconstrucción virtual

Otros tiempos
Las centurias siguieron pasando y también el apogeo arameo en el horizonte; los más antiguos y poderosos guerreros de Oriente volvieron para reclamar su hegemonía perdida: fueron los asirios, quienes al mando de Assurnasirpal II (883/859 a.C:) emprendieron una serie de campañas militares para someter a los nuevos reinos arameos que se encontraban dentro de su ámbito de influencia.

A la muerte del rey todo el territorio situado entre el Éufrates y el Tigris (en su vertiente occidental) se encontraba ya bajo control asirio. Las armas asirias ocupaban gran parte de Mesopotamia, y comenzaban a extenderse más allá. Hasta los frigios (con su culto a Cibeles, Diosa de la Madre Tierra) y su mítico rey Midas temían el avance sirio en Asia Menor (Frigia ocupaba gran parte de la hoy península turca de Anatolia).

Declive
La historia aramea perdió importancia desde la conquista asiria. Pero los arameos dieron unidad lingüística al Oriente Próximo; su lengua fue las más hablada en esa parte del mundo. Así también en tiempos de Jesús de Nazaret; el hebreo bíblico ya casi no se utilizaba entonces en Palestina. El declive final comenzó con la conquista del Imperio Persa por Alejandro Magno (335 a.C.), debido a que la dominación greco-macedonia reemplazó al arameo gradualmente por el idioma griego.

Reconstrucción virtual

El yacimiento
El yacimiento descubierto por Max von Oppenheim es típico de la cultura Halaf, que se desarrolló, sin rupturas importantes, desde el Neolítico III. El sitio, floreció entre el 6100 a.C. y el 5400 a.C., lapso conocido como “período de Halaf”.

El lugar sería abandonado posteriormente por un largo período. En el siglo X a.C., los gobernantes del pequeño reino arameo de Bit Bahiani se establecieron en Tell Halaf, que fue refundada como Guzana.

Palacios
El rey Kapara construyó el llamado Hilani, el Palacio del Oeste, de estilo neohitita con rica decoración de estatuas y ortostatos con relieve. En el 894 a.C., el rey asirio Adad-Nirari II registró el sitio en sus archivos como una ciudad-estado aramea tributaria.

La ciudad baja, donde se descubrió también un templo de estilo asirio, se extendía 600 metros de norte a sur y 1.000 metros de este a oeste.

En el 808 a.C. la ciudad y su zona de influencia llegó a ser una provincia del Imperio Asirio. La sede del gobernador se encontraba en un palacio en la parte oriental del montículo de la ciudadela.

Guzana sobrevivió al colapso del imperio asirio y se mantuvo habitada hasta el período romano-parto. Una reconstrucción virtual de este montículo de la ciudadela que albergó a los mencionados palacios y otros edificios oficiales puede verse asimismo en esta exposición.

Antiguo Testamento
“El que los asirios sean considerados hoy como conquistadores, represores y explotadores especialmente crueles, se debe en gran parte al papel que les adjudica el Antiguo Testamento: el de azote de Dios”, afirma Ulrike Dubiel en uno de los artículos publicados en el catálogo de la exposición.

“Los asirios no fueron más brutales o más destructivos en su campañas militares que, por ejemplo, los egipcios o los babilonios; sólo éstos presentaban explícitamente la violencia en su arte”, aunque lo hacían de forma más estilizada.

De modo que “estas circunstancias trajeron injustamente a egipcios y babilonios el prestigio, entre los científicos del siglo XIX que investigaban la Antigüedad, de que eran más civilizados, refinados y estetas, en comparación con los bárbaros asirios”, concluye subrayando la arqueóloga y comisaria de la exposición.

Sitios de Internet:
www.bundeskunsthalle.de
www.geschkult.fu-berlin.de
www.pressestelle.tu-berlin.de
www.tell-halaf-projekt.de

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