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El caballero de la rosa – Gran Teatre del Liceu

4 mayo, 2010
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Der Rosenkavalier – Música de Richard Strauss

Estrenada el 26 de enero de 1911 en la Königliches Opernhaus de Dresde.  Estrenada en el Gran Teatre del Liceu el 2 de abril de 1921. Se representó por última vez en el Liceu durante la temporada 84-85.

10, 13, 16, 19, 22, 25 y 28 de mayo de 2010 – Gran Teatre del Liceu

La acción se sitúa en Viena durante los primeros años de reinado de la emperatriz María Teresa.

En un implícito homenaje a Mozart, concretamente al Cherubino de Le nozze di Figaro, el personaje de Octavian, un joven muchacho amante de la Mariscala, es un personaje travestido, interpretado por una mezzosoprano, que forma con las dos sopranos –la Mariscala y Sophie– un refinado trío femenino.

El caballero de la rosa  – Der Rosenkavalier

Música de Richard Strauss
Komödie für Musik en tres actos. Libreto de Hugo von Hofmannsthal

10, 13, 19, 22, 25 y 28 de mayo de 2010 a las 20:00h
16 de mayo de 2010 a las 17:00h

Estrenada el 26 de enero de 1911 en la Königliches Opernhaus de Dresde.
Estrenada en el Gran Teatre del Liceu el 2 de abril de 1921. Se representó por última vez en el Liceu durante la temporada 84-85.

Dirección musical Michael Boder
Dirección escena Uwe Eric Lufenberg
Escenografia Christoph Schubiger
Vestuario Jessica Karge
Iluminación Jan Seege

Producción
Semperoper Sächsische Staatsoper Dresden

ORQUESTRA SIMFÒNICA I CORO DEL GRAN TEATRE DEL LICEU
Dirección del Coro, José Luis Basso

CORO INFANTIL AMICS DE LA UNIÓ DE GRANOLLERS
Dirección del cor, Josep Vila i Jover

REPARTO Consulta la FITXA DETALLADA

Catalunya Música emitirá en directo la función del día 13 de mayo.

musica  El caballero de la rosa   Gran Teatre del Liceu

Der Rosenkavalier   – Photo Matthias Creutziger

Resumen argumental

Acto I
En las lujosas habitaciones de la princesa von Werdenberg, noble dama de la alta sociedad vienesa, esposa de un mariscal de campo del Imperio y llamada por ello la Mariscala, vemos el fin de una noche de amor entre ella y su jovencísimo amante, el conde Octavian de Rofrano. Entra Mohamed, el pequeño criado negro de la Mariscala para servir el desayuno; los enamorados continúan inmersos en su mundo sentimental. La Mariscala oye ruidos y convence a Octavian de que se esconda y éste se disfraza de criada. Quien se acerca es su primo, el barón Ochs de Lerchenau, el personaje buffo de la comedia, un viejo grosero, lascivo y cínico, además de arruinado, que irrumpe en las estancias de la Mariscala. El barón explica a su prima que debido a su pésima situación económica ha conseguido pactar matrimonio con Sophie von Faninal, hija única de un riquísimo burgués y necesita que le recomiende una persona con prestigio para llevar la rosa de plata del compromiso a la futura novia.

La Mariscala decide que sea Octavian quien lleve la rosa de plata a Sophie y ordena a la falsa camarera, que responde al improvisado nombre de Mariandel, que vaya a buscar el retrato del conde. Seguidamente tiene lugar la audiencia que la noble dama concede por las mañanas La Mariscala hace salir a la gente y queda sola en escena compadeciendo el triste destino de Sophie en manos del desagradable barón, que le recuerda que ella también fue entregada a un matrimonio no deseado. Estos recuerdos la llenan de melancolía y le hacen reflexionar sobre el paso del tiempo, tema central de Der Rosenkavalier. Entra el joven y apasionado Octavian, vestido ya de hombre, que se sorprende y se siente incómodo por la tristeza de La Mariscala. Ésta le asegura que tarde o temprano encontrá a una mujer más joven y bella y la abandonará. Octavian se marcha un poco herido. La Mariscala llama al criado y le da el estuche con la rosa de plata para llevarlo a la casa del conde Octavian.

musica  El caballero de la rosa   Gran Teatre del Liceu


Der Rosenkavalier   – Photo Matthias Creutziger


Acto II

En los lujosos salones de la mansión de los Faninal se celebran los esponsales de la única hija con el barón Ochs, mientras se espera la llegada del emisario que entregará la rosa de plata. Sophie, con su ama, Marianne, reza al cielo y evoca la memoria de su madre. Las puertas se abren y aparece el joven Octavian con la rosa en sus manos. Los dos jóvenes quedan fascinados el uno por el otro desde el primer instante en que se encuentran sus miradas. La entrada de Faninal y el barón Ochs nos lleva a un mundo de personajes de farsa y provocan la resistencia espontánea de Sophie y la indignación del joven Octavian. Faninal y Ochs salen para firmar el contrato matrimonial con el notario. Primero bajo la mirada de Marianne y después solos, tiene lugar una bella escena de amor entre los dos jóvenes. Sophie le suplica a Octavian que la ayude a impedir este terrible casamiento. Los enamorados se confiesan ya con toda claridad sus sentimientos y deciden permanecer juntos para siempre. La inesperada irrupción de los intrigantes Valzacchi y Annina, ahora al servicio del barón, que separan bruscamente a los jóvenes, da un cambio radical a la escena. Llaman al barón y éste reacciona con una actitud flemática. Octavian le comunica que la muchacha no piensa casarse con él. La actitud desdeñosa del barón cuando Octavian lo desafía a un duelo, exaspera al joven, que desenvaina su espada y lo hiere levemente en un brazo. En medio de la confusión, Sophie le dice a su padre que nunca se casará con el barón y Faninal amenaza con encerrarla en un convento. Entretanto, Octavian contrata los servicios de Annina y Valzacchi para salvar a Sophie. El barón, al que asiste un médico que han hecho venir, se calma ante el buen vino que le ofrecen y recupera definitivamente su buen humor cuando se le acerca Annina con una carta de la supuesta Mariandel que le concede una cita para mañana por la noche. Lejos de adivinar la burla que se le prepara, se entusiasma ante la posibilidad de poseer a la camarera de la Mariscala.

Acto III
En un hostal de aspecto dudoso, el posadero hace los honores al barón de Ochs que ha alquilado una habitación para poder cenar y pasar una buena noche con Mariandel. Cuando consigue hacer salir de la habitación el exceso de criados, se inicia la larga escena del intento de seducción de la camarera. La actitud de resistencia de Mariandel se evidencia desde el primer momento. A pesar de todo, Ochs decide pasar a la acción. Entonces se pone en marcha el plan trazado por Octavian y la habitación se transforma en una fantasmagórica cámara del terror. Aparece Annina, vestida de luto, seguida de Valzacchi, con el posadero y tres sirvientes, afirmando que Ochs es su legítimo esposo. Entran entonces cuatro niños que gritan que Ochs es su padre mientras intentan echarse en sus brazos. La indignación de Ochs va creciendo, niega cualquier relación con Annina, comprende que Faninal ha sido avisado y se dirige al hostal, y reclama a grandes gritos la presencia de la policía.

La inicial satisfacción de Ochs al ver que la policía ha acudido para socorrerle cambian cuando el comisario muestra una gran desconfianza hacia su persona y lo somete a un severo interrogatorio sobre su identidad y la de Mariandel-Octavian y el motivo de encontrarse a solas en una habitación de hostal. Ochs se hunde, se contradice y queda en ridículo ante un Faninal  cada vez más irritado que hace llamar a su verdadera hija. Sophie queda encantada con la loca escena que contempla y explicita la rotura de sus esponsales con el barón de Ochs, decisión que desespera a Faninal, quien se ve ridiculizado ante toda Viena y cae medio desmayado.

Entra el posadero y anuncia a la princesa von Werdenberg, la Mariscala. El barón quiere creer que la presencia de La Mariscala tiene como finalidad salvarlo, pero la presencia de Octavian en su figura masculina y la irrupción de Sophie, con el mensaje solemne de su padre declarando roto el compromiso, evidencian que el juego está en manos de la noble dama. Octavian se  muestra desolado e inseguro ante la Mariscala, y cuando el barón intenta salvar in extremis la historia y afirma estar dispuesto a olvidarlo todo, la Mariscala le ordena con severidad que haga un esfuerzo para salvar la dignidad y desaparezca.

La Mariscala, Sophie y Octavian permanecen solos en escena. Sophie toma conciencia de la relación entre la Mariscala y Octavian. Octavian se siente confuso y culpable ante su antiguo amor, mientras la Mariscala, con su lúcida conciencia y también con una sorda irritación, le ordena que siga su impulso y haga la corte a Sophie. La muchacha intenta huir, pero Octavian la detiene con una explícita declaración de amor. La Mariscala asume lo que ya había previsto mucho antes y pasa decididamente a proteger a Sophie. Octavian no sabe cómo mostrar su agradecimiento y emoción.

La Mariscala se va al encuentro de Faninal, y los jóvenes se confiesan de nuevo su amor. Salen la Mariscala y Faninal, que han pactado el futuro de los jóvenes, y salen finalmente Sophie y Octavian. En la escena vacía aparece de nuevo el pequeño criado de la Mariscala que busca el pañuelo que Sophie había dejado caer, lo encuentra y se lo lleva corriendo.

Material elaborado por el Teatre Liceu .

musica  El caballero de la rosa   Gran Teatre del Liceu

Der Rosenkavalier   – Photo Matthias Creutziger

Austria en tres tiempos

En 1955 Austria recupera su plena soberanía como Estado, una vez firmada su renuncia a la anexión con Alemania y, por tanto, a cualquier aspiración a reformular su glorioso pasado imperial. A finales de ese mismo año se reinaugura el edificio de la Staatsoper de Viena. La capital es un gran solar en obras. El milagro económico austriaco se ha puesto en marcha bajo los efectos del Plan Marshall. En esa década de reinvención de la sociedad austriaca – despertando de la compleja relación con su historia– sitúa Uwe Eric Laufenberg el tiempo dramático de Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa).

Un nuevo comienzo cobijado por la prosperidad que pretendía borrar de la memoria la connivencia con el horror, y del alma, una melancolía colectiva que lastraban el país desde 1918. El fracaso de esa política de amnesia inducida se hace visible en los tres espacios creados por Christoph Schubiger para cada uno de los actos de la ópera de Richard Strauss. La ruptura con el continuum histórico no es posible, en especial en una obra cuya protagonista es una mujer que se caracteriza por su lucidez.

Cada decorado es una capa de esa sociedad profundamente sacudida por los acontecimientos del siglo XX. El primer acto es el territorio de la nostalgia, el paisaje de la decadencia. El boudoir de la Mariscala muestra tapicerías ajadas, paredes deslucidas. Las ruinas del esplendor de un tiempo más feliz y seguro. Un lugar que sólo mantiene la apariencia en la penumbra. En esas sombras se adentran la Mariscala y su joven amante, ambos jugando a la ambigüedad del smoking, para saciar una noche de deseo. En esa sombra se encierra la Mariscala cuando se queda al final sola. La atmósfera de una sociedad rendida al paso del tiempo evocada por las sagas literarias de Joseph Roth.

El palacio de Faninal es la negación del entorno creado en el primer acto. Lo que estaba en penumbra y mate se convierte en luz y brillo sobre mármoles y cromados. Lo que era una espesa capa de polvo de la memoria se transforma en una limpia superficie que exhibe sin pudor su separación del lastre del pasado. Un palacio para exhibirse, accesible a la curiosidad del público, una escenografía montada para servir de escaparate a la ascensión social. Puertas abiertas a turistas y pararazzi. Aquí bienvenidos. En el último acto, molestos cronistas de un intento de estupro.

Es la mansión –elevada sobre la vieja ciudad imperial– de un potentado firmemente instalado en el presente. Alguien que ha perdido conscientemente la memoria para construirse un futuro sin la rémora de la culpa. Alguien que desde su fulgurante atalaya contempla el movimiento de hierro y cemento que transformará la capital de los Habsburgo en una próspera metrópolis capitalista y republicana, feliz de cambiar la política matrimonial de la casa imperial por la rentable neutralidad de su nueva personalidad europea, con el paréntesis de la anexión hitleriana escondida en el sótano del negacionismo. Un decorado que podría despertar el interés acusador de Thomas Bernhard, obsesionado con denunciar la falsa higienización de la sociedad austriaca a partir de la década de los cincuenta.

Ese sótano se materializa en el tercer acto. La posada imaginada por Hofmannsthal para consumar la seducción de Octavian-Mariandel por parte del barón Ochs aparece como un lugar siniestro, trastero al fondo de una escalera que conduce directamente al submundo, puerta trasera a la cara oculta de una sociedad próspera y ordenada. Un lugar de tránsito de la marginalidad, confinada en los sótanos de los pecados privados. Un refugio del subconsciente, de todo aquello que conviene mantener apartado de miradas escrutadoras. Una dimensión familiar para el protagonista de Traumnovelle (Relato soñado) del freudiano Arthur Schnitzler, o de Reigen (La Ronda) y su vals de bajas pulsiones.

Y en todo momento, en un rincón de palacios y antros, un dorado reloj rococó. Máquina infernal de antigua belleza. SERVICIO DE DRAMATURGIA Y REDACCIÓN TEATRE LICEU.


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