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Escultura de bailarina, prohibida por los nazis, hallada en Berlín


9 noviembre, 2010
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Juan Carlos Tellechea

Periodista y crítico.
Nacionalidad: Uruguayo.
Lugar de residencia: Berlín.

El señor Tellechea se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo. Reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, y desde 1999 en Berlín) donde colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

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“Bailarina”, una escultura en latón (alrededor de 1930) de la artista Marg Moll (Moulhouse, Alsacia, Francia 1884-Múnich 1977) que se consideraba desaparecida bajo el Tercer Reich (1933-1945), fue hallada por azar recientemente junto a otras 10 obras de arte proscritas por los nazis en excavaciones para la construcción de una nueva línea de metro en el centro de Berlín.

“La historia podría inspirar una novela policíaca”, dijo a Danza Ballet el jefe arqueólogo de Berlín, Matthias Wemhoff, quien analiza asimismo restos encontrados entre los escombros para determinar si pudieron eventualmente pertenecer a otras piezas de arte que se hubieran quemado en el incendio.

Las 11 piezas, entre bronces y cerámicas, fueron presentadas en conferencia de prensa por el presidente de la Fundacion del Patrimonio Cultural Prusiano, Hermann Parzinger y el alcalde de la ciudad-Estado de Berlín, Klaus Wowereit, así como por el director del Museo de Prehistoria e Historia de la Antigüedad, Matthias Wemhoff, arqueólogo oficial de la ciudad, entre otras autoridades.

Las obras formaban parte de lo que los nazis denominaban “arte degenerado”, virtualmente todo el arte moderno, en cuya lista figuraban creadores de la talla de Paul Klee, Vassily Kandinsky, Emil Nolde, Max Ernst, Ernst-Ludwig Kirchner, Max Pechstein, Edvard Munch, Marc Chagall u Otto Dix, así como las corrientes del dadaísmo, cubismo, expresionismo, fauvismo, impresionismo y surrealismo.

 

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Bailarina antes de la Guerra – Marg Moll Tnzerin Vorkriegszustand


Los arqueólogos encontraron las piezas mientras inspeccionaban el terreno de la antigua alcaldía medieval de Berlín, demolida en 1655, sobre cuyo predio se erigía a comienzos del siglo XX un edificio de apartamentos que se incendió y derrumbó, tras un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial.

Las esculturas fueron halladas en lo que era el sótano del edificio y entre los escombros de las viviendas derruídas. Las autoridades tratan de determinar quiénes eran los propietarios de estas piezas y cómo fueron a dar a ese lugar, porque las obras habían sido decomisadas por los nazis y deberían haber quedado en los depósitos del ministerio de Propaganda, cuyo titular era Joseph Goebbels.

Marg Moll, quien fue alumna de Henri Matisse y de Fernand Léger en París, donde conoció en 1928 los nuevos desarrollos del cubismo en la escultura, mantuvo asimismo contactos con Alexander Archipenko, Constantin Brancusi y Ossip Zadkine. La artista creó obras plásticas de formas estilizadas, con influencias del art-déco, como esta “Bailarina”, realizándolas a menudo en latón pulido.

Esta escultura, concluída alrededor de 1930, puede considerarse como una de las obras cúspide de su trayectoria artística. Después de la Guerra, en 1949, Moll, cuya obra tardía era de estilo expresionista, conoció también al escultor británico Henry Moore.

En 1931, “Bailarina” fue integrada a la colección del Museo Silesio de Artes Plásticas, en Breslau (hoy Wroclaw, Polonia), donde los nazis la decomisaron como “arte degenerado” y la presentaron en sendas exposiciones realizadas entre 1937 y 1938 en Múnich y Berlín.

Al igual que otra pieza hallada ahora en estas excavaciones, “Cabeza” (en terracota, vitrificado negro, de 1925), del artista Otto Freundlich (1878-1943), detenido en París por la Gestapo y asesinado en el campo de exterminio nazi de Lublin-Maidanek (Polonia), la obra de Marg Moll fue utilizada en el filme “Venus ante el tribunal” (1941), del realizador Hans Zerlett, para caracterizar el comercio de arte supuestamente realizado por judíos con obras “degeneradas. Una cinta de metal que rodeaba parcialmente la figura y era sostenida con su mano izquierda desapareció tras la exhibición de Múnich y es consideradaba como definitivamente perdida.

El alcalde de la ciudad-Estado de Berlín, Klaus Wowereit, expresó su enorme satisfacción por el hallazgo y dijo que representaba un “postrer triunfo” contra el régimen nazi, al presentar las 11 piezas en conferencia de prensa en el Neues Museum berlinés, donde quedarán expuestas de forma permanente. “Las piezas pertenecen ahora a la ciudad”, afirmó Wowereit. Hasta que quede aclarada jurídicamente su propiedad, acotó por su parte el presidente de la Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano, Hermann Parzinger.

Los expertos dieron por azar con las obras al revisar entre enero y octubre de este año los escombros de lo que había sido un edificio de viviendas y se presume que las piezas se encontraban en alguno de los apartamentos destruídos durante el incendio y derrumbe posterior.

Hasta ahora se desconoce quién o quienes eran los propietarios de estas obras, consideradas como desaparecidas, y cómo fueron a dar a ese inmueble. “La historia podría inspirar una novela policíaca”, dijo a Danza Ballet el jefe arqueólogo de Berlín, Matthias Wemhoff, quien analiza asimismo restos encontrados entre los escombros para determinar si pudieron eventualmente pertenecer a otras piezas de arte que se hubieran quemado en el incendio.

 

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Bailarina tal como fue hallada – Marg Moll Tnzerin Bergung

En el edificio vivían varios vecinos de confesión judía que fueron deportados por los nazis a campos de concentración y de exterminio. Pero uno de los habitantes era el asesor fiscal y fideicomisario Erhard Oewerdieck, quien ayudó a varias personas buscadas por la Gestapo a salir al exterior o les dió protección en su casa, por lo que su nombre figura entre los “justos de los pueblos” mencionados en el monumento al Holocausto (Yad Vashem), en Jerusalén (Israel).

Se averigua ahora si estas obras pudieron haber estado en el apartamento de Oewerdieck, de quien se encontró entre los escombros una caja fuerte conteniendo documentos, pero ninguno relacionado con las piezas, y cómo pudieron llegar éstas al edificio. Mientras tanto, los arqueólogos encabezados por Wemhoff siguen excavando el área para ver si encuentran más objetos de arte de este período.

Las esculturas halladas hasta ahora y que habían sido decomisadas por los nazis son: “Bailarina” (en latón, cerca de 1930) de la artista Marg Moll (Mulhouse, Alsacia, Francia 1884-Múnich 1977), alumna de Henri Matisse y Fernand Léger en París; “Embarazada” (terracota, 1918), de Emy Roeder (1890-1971); “Rostro de Anni Mewes” (bronce, 1917/1921), de Edwin Scharff (1887-1955), quien estudio escultura en Francia en 1912/1913; “Figura de pie con túnica” (bronce, 1925), de Gustav Heinrich Wolff (1886-1934), quien vivió en Francia y fue detenido por los nazis en París; “Cabeza” (terracota, vitrificado negro, 1925), parcialmente destruída, de Otto Freundlich (1878-1943), quien vivió en París, fue detenido allí por los nazis y deportado al campo de exterminio de Lublin-Maidanek, donde fue asesinado; “Busto de mujer” (bronce, 1931), de Naum Slutzky, quien trabajó en la escuela Bauhaus en Weimar en 1919 y en 1933 emigró a Londres huyendo de los nazis; “Muchacha de pie” (bronce, 1930), de Otto Baum (1900-1977); y “Hagar” (bronce, 1923), de Karl Knappe (1884-1970).

De algunas de las obras encontradas se desconoce incluso su autoría: “Figura de pie con túnica con racimo de uvas” (bronce de 43 centímetros de altura), que estilísticamente parece inspirada en el “art deco” francés (1920/1930); “Torso masculino”, (hierro fundido, de 76,5 centímetros de altura) al que le falta la cabeza, que se presume pudo haber sido creado por un artista del sur de Alemania; y “Cabeza masculina” (de mineral fundido).

El régimen de Adolf Hitler había adoptado el término “arte degenerado” (“entartete Kunst”) para describir virtualmente todo el arte moderno y proscribirlo en favor de lo que denominaba el “arte heroico” que ensalzaba las supuestas virtudes de “la pureza racial, incorrupta de los alemanes, arios o de raza superior”.

El Tercer Reich realizó en 1937 una exposición en la Casa del Arte de Múnich exhibiendo obras de estas tendencias para ridiculizarlas y agitar a la opinión pública en contra del arte moderno. En la muestra que fue exhibida después en otras ciudades de Alemania y Austria, figuraban estas piezas halladas ahora. En total, los nazis decomisaron unas 15.000 obras de arte moderno.

“El régimen de Hitler vendía estas obras, para obtener divisas, y las que no lograba colocar entre los comerciantes de arte las depositaba en el ministerio de Propaganda de Goebbels, o las destruía. Muchas piezas fueron adquiridas por comerciantes para impedir que se perdieran para siempre”.

 

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Bailarina después de su limpieza – Marg Moll Tnzerin. 

 


 Juan Carlos Tellechea (Berlín)
*Periodista y crítico, nació en Montevideo/Uruguay, se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo, reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, desde 1999 en Berlín) y colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

 

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 El expresionista alemán Emil Nolde y sus mujeres

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