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La Fille mal gardée por el Ballet de la Ópera de París

10 julio, 2012
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colaboradores  La Fille mal gardée por el Ballet de la Ópera de París“La Fille mal gardée”: ¿un reflejo de la ideología de la Revolución francesa?

En mi crítica a la première de la actual temporada de “La Fille mal gardée” por el Ballet de la Ópera de París (que se extenderá en el Palais Garnier hasta el próximo 15 de julio), me había referido a que: “Respecto del lugar común o la idea preconcebida de que el ballet, por haberse estrenado (en Burdeos) trece días antes de la toma de la Bastilla, está relacionado con la Revolución francesa (…), Sylvie Jacq-Mioche aclara (en las notas al programa), que no es el caso: ‘Sus campesinos tienen maneras de grandes burgueses, incluso de aristócratas, y la intriga, muy convencional, no araña en nada al poder.

La representación de actividades prosaicas, odiadas por las reglas del teatro clásico, hubiese podido eventualmente ser un problema, pero el drama burgués había ya tomado sus distancias con esta estética. (…) Al contrario, uno diría que el ballet habría sido aprobado por Marie-Antoinette, en razón de su elegancia cercana a los refinamientos de una campiña a lo Trianón”.

Recuerdo que en el Trianón de Versailles, Marie-Antoinette se había hecho construir una “aldea” donde jugaba a ser una “pastora”, disfrazada y rodeada de animales…Lo que llevó a Brigitte Bardot, defensora de los derechos de los animales, a poner una tarja en el Trianón en la que se rinde homenaje a la reina guillotinada en tanto precursora…

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Aurélien Houette como Mamá Simone
Fille mal gardée”, coreografía de Frederick Ashton ©Julien Benhamou/ Opéra national de Paris

Lo que sí es “revolucionario “ en “La Fille mal gardée” de Jean Dauberval, en el decir de la propia Sylvie Jacq-Mioche en su artículo “Cuando la danza deviene vaudeville” ( En Scène, publicación de la Ópera de París, mayo-julio de 2012), es que “reanuda con la simplicidad de las farsas de Molière”,  y “lo inscribe en una vena pastoral renovada, lejos de los ‘pastores y pastoras’ preciosos que exasperaban al burgués gentilhombre. El ballet del siglo XVIII le otorga al universo bucólico un realismo edulcorado y de ‘niño bueno’…”

En el programa de mano de la actual temporada, el historiador y musicólogo Laurent Croizier, director de la comunicación de la Ópera de Burdeos (donde se estrenó “La Fille mal gardée” el 1 de julio de 1789), desmonta el mito “revolucionario” de la obra de Dauberval, en el artículo: “¿Un ballet premonitorio?”, es decir, de la Revolución francesa, que comenzó, como es conocido, el 14 de julio de 1789 con la toma de la Bastilla.

En su estreno, el ballet se llamó: “Le Ballet de la paille ou Il n’est qu’un pas du mal au bien”, es decir, “El Ballet de la paja o no hay sino un paso del mal al bien”.

Si bien el gusto del público de la Ópera de Burdeos era menos aristocrático que el de la Ópera de París (de donde Dauberval había salido en 1783, al no poder convivir con Maximilien Gardel), los balcones del teatro de Burdeos estaban ocupados por la aristocracia; en la orquesta se podían ver colores populares, especialmente los domingos. La aristocracia, por su educación, conoce muy bien la antigüedad clásica. Pero ese 1 de julio de 1789 lo que encontró en el ballet que se estrenaba no fueron figuras mitológicas, sino campesinos. Pero, analiza Laurent Croizier, se trataba tan sólo del “ambiente del momento”. Las ideas de las Luces ya se afianzaban en los teatros. (¿No era el propio Dauberval un alumno de Noverre, en relación éste con los enciclopedistas, y su mujer, la bailarina Mademoiselle Théodore, no discutía de filosofía en intercambio epistolar con Jean-Jacques Rousseau?) “Le Mariage de Figaro” de Beaumarchais, de notable carga política, se había programado en el Gran Teatro de Burdeos en marzo de 1789. ( Se había presentado por la primera vez en 1784, ya en versión censurada. El propio Louis XVI la consideraba sulfurosa, pero bajo la presión de Marie-Antoinette y su hermano el conde de Artois, levantó la interdicción que pesaba sobre la pieza en ese año de 1784.)

Antes de esa puesta de marzo de 1789 de la obra de Beaumarchais, el mismo Dauberval montó para el Gran Teatro de Burdeos una adaptación, en 1786, cambiándole el título a “El paje inconstante”, y desplazó el centro de la intriga hacia la frivolidad de Cherubino, para suavizar el carácter político de la obra.

Como precisa Laurent Croizier, aun si “Il n’est qu’un pas du mal au bien” se sitúa en el “espíritu del momento”, hay que cuidarse no obstante de hacer del ballet un manifiesto del Tercer estado o del campesinado, “mucho menos aun un testimonio de la situación rural en el verano de 1789”. Recuerdo que en este momento había una aguda crisis rural en Francia. La cosecha de 1788 fue mala, lo que provocó un alza de precios, y el empobrecimiento del campesinado, antesala así de la Revolución francesa si se quiere, pero ciertamente las gentes, hambrientas, pedían pan. ¿Y cuál es el mundo rural que pinta Dauberval?: Dice Croizier: “Esta obra repleta de alegría y buen humor describe en realidad un mundo campesino ideal, en el que predomina la felicidad, donde el amor es rey, donde el dinero no tiene ninguna importancia frente a las historias del corazón…En otras palabras, una visión del todo aristocrática del universo de la campiña, a mil leguas de la situación económica real de una Francia que sufre cruelmente de hambre, habiendo sido el invierno de 1789 particularmente rudo.” Argumenta Croizier que este objetivo coreográfico de presentar, en una atmósfera de alegría a campesinos, artesanos o militares bailando bajo una lluvia de flores y guirlandas no era del todo nuevo, sino que se trataba de fiestas de la Saint-Louis (el santo de los Borbones), en las que a partir de 1759 se exaltaba la cohesión nacional alrededor del cuerpo del rey o su representante.

Pero hay más: Dauberval, revela Croizier, era un favorito de los balcones aristocráticos, y no de la orquesta plebeya, cuyo preferido era su rival Peicam. Su mujer, Mademoiselle Théodore, recibía a lo más granado de la aristocracia.  “La Fille mal gardée está muy lejos de traducir la inminencia de la Revolución”. ¿Cómo este ballet rebosante de campesinos felices pudo presagiar suceso futuro alguno? Todavía hoy, cualquier espectador realiza el contraste entre los supuestos “campesinos” de la trama, y lo bien vestidos que están, asi como las impecables maneras que despliegan. Cuando uno ve los grabados de la Revolución francesa, o lee las memorias y recuentos, los campesinos –y no sólo éstos- están desarrapados, miserables, sucios. “La Fille mal gardée, dice Croizier, permanece como el símbolo de una evolución del gusto hacia un exotismo social bastante crujiente para el público que lo adula: la nobleza”.

Cuando se anuncia la toma de la Bastilla en Burdeos, el 17 de julio, Dauberval, contra su voluntad, tiene que hacer algunas concesiones, como donar sus objetos de plata al Tesoro, y montar cuatro ballets de propaganda, entre ellos “El Ballet patriótico”, el 13 de enero de 1790. Pero Dauberval, el “contrarrevolucionario”, no aguanta más la atmósfera política que se va radicalizando, y como muchos otros, emigra a Londres, donde presenta el 30 de abril de 1791 su “Ballet de la paja”, al que le cambió el nombre por “La Fille mal gardée”. De manera que el título con el que la obra se conoció subsiguientemente, se le debe a la emigración inglesa de Dauberval.

Croizier abunda: “No solamente Dauberval no compartía para nada las ideas progresistas, sino que mantuvo un odio tenaz por la Revolución: ‘la execrable revolución me ha arruinado. Que la justicia divina pueda castigar a todos los fascinerosos que me robaron y que han deshonrado a mi patria con sus crímenes y sus actos de banditismo’, afirma sin vuelta atrás en su testamento, el 13 Germinal año XIII- 3 de abril de 1805”.

Un juicio sin apelación. Nada asombroso, por otra parte, en alguien cuya profesión estaba ligada estrechamente a los aristócratas del Ancien Régime. De modo que cuando se vuelva a leer por ahí que “La Fille mal gardée” anuncia la Revolución francesa, puedan recordarse las palabras de su creador sobre la misma.
 

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Fille mal gardée”, coreografía de Frederick Ashton ©Julien Benhamou/ Opéra national de Paris

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Muriel Zusperreguy como Lisa
Fille mal gardée”, coreografía de Frederick Ashton ©Julien Benhamou/ Opéra national de Paris

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