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La Gran Guerra, matadero de Hombres

2 mayo, 2014
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Juan Carlos Tellechea

Periodista y crítico.
Nacionalidad: Uruguayo.
Lugar de residencia: Berlín.

El señor Tellechea se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo. Reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, y desde 1999 en Berlín) donde colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.

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El Musée des Beaux ­Arts de Reims (Francia), y el Von der Heydt-­Museum de Wuppertal (Alemania) realizan en estos meses (del 8 de abril al 27 de julio de 2014) una exposición conjunta con 350 cuadros, esculturas, trabajos sobre papel, obra gráfica y fotos históricas de 122 artistas, con motivo de conmemorarse el comienzo de la Gran Guerra (1914 ­-1918) hace un siglo.

La exhibición tiene un título horriblemente cruel y doloroso para los europeos de hoy, “Matadero de Hombres”; “Menschenschlachthaus”, en idioma alemán, “L’abattoir des Hommes”, en francés (será llevada a Reims del 14 de septiembre de 2014 al 19 de enero de 2015), y se centra en la percepción que tuvieron de la Primera Guerra Mundial artistas como Pierre Bonnard, Maurice Denis, Georges Rouault, Max Beckmann, Otto Dix y George Grosz, entre muchos otros (catálogo de Von der Heydt­Museum 2014/Wuppertal).

Este es precisamente el propósito, “los visitantes tienen que sentir lo cruel que fue la guerra” para sus abuelos y bisabuelos, afirma el director del Museo von der Heydt, Gerhard Finckh, comisario asimismo de la exposición. “Queremos mostrar la diferencia que hubo entre el comienzo y el final de la situación en ambos países, pero también cuán similar fue la percepción para las dos poblaciones, los soldados y los artistas en la guerra”, agregó.

Nunca más

Reims fue la primera gran ciudad francesa sometida a los bombardeos de las tropas alemanas en 1914. Muchas personas murieron en esa confrontación, y la monumental catedral gótica, en la que fueron coronados muchos reyes franceses durante centurias, resultó asimismo severamente dañada.

El trauma ocasionado por la pérdida de tantas vidas entre la población civil, así como la destrucción de uno de los más importantes tesoros culturales de la civilización occidental no ha sido superado hasta hoy y mucho menos olvidado.

Lección

Los actos de reconciliación, cargados de simbolismo, que realizaron en 1962 (cuando quedó restaurada la catedral) el entonces presidente francés Charles de Gaulle y el canciller alemán Konrad Adenauer; más tarde (1984) François Mitterrand y Helmut Kohl; y recientemente (2012) François Hollande y Angela Merkel no sólo están dirigidos a dejar en claro que ¡por fin y para siempre debe reinar la paz en Europa!!!

Estas conmemoraciones sirven asimismo de advertencia y de aleccionamiento histórico a los pueblos y nuevas generaciones de este y otros continentes, de que cualquiera sea el problema a resolver ¡la guerra no es ninguna solución!!!

Muestra

La exposición, museísticamente muy bien presentada, abarca desde el período previo a la conflagración mundial, cuando ya se alzaban voces pacifistas contra el militarismo y el armamentismo de la época, hasta los primeros años de la postguerra; momento en que de nuevo se hablaba ya de la posibilidad de otro conflicto armado (Segunda Guerra Mundial, 1939­ 1945) en el planeta, tan o más cruento que el anterior.

El período de cuatro años de la Gran Guerra es sombrío y la iluminación del museo es, correspondientemente, menos brillante en las tres salas del edificio donde son presentados numerosos trabajos sobre papel y obra gráfica de la época.

Qué era de ellos

El escritor y aventurero suizo Blaise Cendrars (1887­1961) preguntaba en su obra autobiográfica “La Main coupée” (1946, en la que evoca sus experiencias en la Gran Guerra) a un inspector de la Sécurité francesa sobre el paradero de sus amigos en aquellos tiempos: “¿Robert Delaunay?

Está en estos momentos con su mujer y su niño en España. Arthur Cravan también. ¿Picasso? Está con Juan Gris en el frente, en Céret, en los Pirineos orientales. ¿Y mi buen amigo Braque? Está en el frente. ¿Y mi amigo Fernand Léger? En el frente. ¿Y Picabia? En (Estados Unidos de) América. ¿Y Marcel Duchamp? En Nueva York. ¿Y Gleizes y Le Fauconnier? Le Fauconnier está en Holanda, de Gleizes no sé dónde está en estos momentos. (…) ¿Y en Suiza, no hay ninguno en Suiza? En Suiza hay tantos que no puedo contarlos a todos (…).”

Catástrofe

La Gran Guerra es considerada hasta hoy como la catástrofe primigenia de Europa en el siglo XX y resulta paradójico constatar que precisamente numerosos intelectuales de todas las naciones reaccionaran de forma entusiasta ante el comienzo del conflicto.

El atentado terrorista (bosnio­serbio) del 28 de junio de 1914 en Sarajevo, en el que murieron el príncipe heredero al trono de los Habsburgo (Austria), Francisco Fernando y su mujer, Sofía, desencadenó (o sirvió para justificar) una conflagración (del 28 de junio de 1914 al 11 de noviembre de 1918) en la que participaron finalmente 40 países con 70 millones de hombres en armas y que costó la vida a 11 millones de soldados (otros 20 millones quedaron heridos) y a siete millones de civiles, según cifras estimadas.

Visto retrospectivamente, estamos ante una desproporción que sólo pudo haberse fundamentado con ambiciosos planes políticos y económicos imperialistas tramados de antemano, a la espera de un hecho detonante, los que en definitiva llevaron a la autodestrucción de Europa, un final seguramente no deseado por las casas reales de los Austria, Hohenzollern (Alemania) y Romanov (Rusia) que sucumbieron.

Por otra parte, la toxicidad de la Primera Guerra condujo al surgimiento del comunismo (y estalinismo) en la Unión Soviética, el nazismo de Adolf Hitler en Alemania, el estallido de la Segunda Guerra Mundial, así como el exterminio de millones de personas, entre judíos y otras minorías, en el Holocausto.

Arte moderno

Antes de 1914 el arte moderno experimentaba su florecimiento. Destacadas obras del expresionismo, como “Cuatro bañistas” de Ernst Ludwig Kirchner, “Zorro”, de Franz Marc, y “Familia de arlequín” (período rosa) de Pablo Picasso muestran con cuanta despreocupación vivían muchos antes de la guerra. El “Autorretrato” (1912) de Wilhelm Morgner retrata al Hombre como un ser sagrado e intangible.

Presagios

El segundo capítulo está dedicado a los presagios y estado de ánimo reinantes antes de la Gran Guerra. Los dibujos de Max Slevogt sobre la Guerra de Troya constituyen un impresionante testimonio sobre la forma intensa en la que el artista se ocupó ya en 1907 del tema de la confrontación bélica y la violencia.

En su visionaria novela “Matadero de Hombres”, que dió título a esta exposición, el escritor y pedagogo alemán Wilhelm Lamszus (1881­1965) presagiaba ya en 1912 los horrores que sobrevendrían a Europa. Una selección de extractos de la obra son reproducidos sobre muros y paneles a lo largo de la exposición.

Imágenes

Los cuadros sobre la guerra muestran de forma patente el horror, la miseria, las privaciones, la violencia, la muerte que rondan a diario en las trincheras. Muchos artistas como Franz Marc, August Macke, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Max Slevogt, Otto Dix y Max Beckmann se alistaron voluntariamente para ir al frente. La euforia y el entusiasmo del principio se esfumó pocas semanas después del comienzo de la conflagración bélica.

La vida en el frente de batalla se reflejaba vívidamente en sus obras. Maurice Denis muestra la poderosa maquinaria de guerra en su lienzo “155er Feldhaubize” (“Obús 155mm”). Jean Galtier­ Boissière retrata en un cuadro la potente explosión de una granada. Francisque Poulbot muestra en su tela una engañosa normalidad: los soldados juegan a los naipes en las trincheras entre combate y combate. Fue en esta guerra donde por primera vez se empleó gas tóxico como arma de destrucción masiva y Robert Antrals pinta en su cuadro “Gas” a soldados franceses con máscaras protectoras.

Grabados

Otro aspecto central de la muestra lo conforman los 50 aguafuertes que Otto Dix reunió en su carpeta titulada “La guerra”, soldados muertos en las trincheras, paisajes destruidos por las explosiones de granadas en la batalla de Somme, la más sangrienta de la Gran Guerra; una danza con la muerte al mejor estilo de “Los horrores de la guerra” de Francisco de Goya y Lucientes.

El siguiente apartado aborda la vida de los artistas durante el conflicto bélico. El rostro de Max Beckmann en su “Autorretrato como enfermero” (1915) denota ya profunda perturbación y su mirada gran escepticismo. Los textos que acompañan a las imágenes ofrecen un vivo testimonio de lo que pensaban y sentían los artistas entonces. Beckmann echaba de menos los colores y soñaba con salir cuanto antes de la guerra.

Oskar Kokoschka muestra en su autorretrato el punto donde fue herido en el hemitórax izquierdo. A Otto Dix lo vemos por primera vez con casco de coracero alemán; otra imagen del lado inverso del papel lo muestra completamente trastornado por la guerra. En “Heridos”, Gerd Wollheim muestra una cruenta imagen de un soldado con una grave herida abierta en la zona abdominal.

Retaguardia

Robert Antral, Max Beckmann y Eduardo García Benito muestran escenas de los hospitales militares con heridos y muertos. En su cuadro “Soldado en el manicomio”, Conrad Felixmüller retrata las consecuencias psíquicas que tuvo el conflicto para muchos hombres en el frente. Otto Dix muestra en “Escena callejera” la imagen de una viuda, vestida de negro, algo cotidiano en el aquel entonces en la vida en retaguardia.

George Grosz dibujaba a los deudos de soldados o civiles muertos en la guerra; Beckmann a una mujer llorando; Käthe Kollwitz a padres en duelo. En las caricaturas de Francisque Poulbot la guerra ya había hecho su entrada en los juegos infantiles: “El enemigo eres tú”, afirma un chico. “No, ese eres tú”, responde otro.

Final

La exposición concluye, ya con una iluminación brillante, en un espacio dividido en dos segmentos, el arte francés y el arte alemán después de 1918. El viejo mundo y su ordenamiento sucumbieron, las antiguas formas artísticas no existían más. Estamos ante un nuevo comienzo.

En Alemania se desarrolló la Nueva Objetividad, con líneas claras; en Francia una forma de Neo­Clasicismo. Muchos artistas tenían que elaborar sus traumas; otros pasaron muy rápido a la normalidad, lo que se refleja en sus casi alegres cuadros de la década de 1920.

Artistas famosos asumieron el tema de la guerra, pero ninguno consiguió una aplicación formalmente importante de sus experiencias en el conflicto. El arte clásico convencional no podía desempeñar el papel que le correspondía ante el monstruoso acontecimiento bélico. Los nuevos medios, como la fotografía y el filme cinematográfico lo sucedieron y transmitieron, en parte de forma más intensa aún que la pintura, el horror y la miseria de la Primera Guerra Mundial.

Página de Internet:
www.von-der-heydt-kunsthalle.de

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