Para los amantes de la Danza y el Pilates, entrevista con la profesora Cecilia Kwasinski

Su entrega es total porque su trabajo es su pasión

Para los amantes de la Danza y el Pilates, entrevista con la profesora Cecilia Kwasinski | Danza Ballet
La profesora Cecilia Kwasinski en su estudio de Pilates

Si te encanta el metodo Pilates y necesitas un entrenamiento que sea completamente flexible a tus necesidades, entonces has dado con la maestra correcta, Cecilia Kwasinski.

Con más de 15 años de experiencia en la enseñanza de pilates Cecilia Kwasinski (Buenos Aires, 1968) es la creadora del estudio «Pilates à la carte» de Alicante, un centro en donde no solo se realizan clases diarias de Pilates -grupales y privadas- sino también se trabaja en la rehabilitación de lesiones, ayudando a realizar ejercicios de manera segura y efectiva a través de técnicas necesarias y apropiados según sea necesario, pues todo esto ayudará a sanar y recuperar la gran mayoría de lesiones que se tenga.

Kwasinski guía a sus alumnos en cada movimiento y les explica con total dedicación cómo deben sentirse, qué músculos deben activarse según en qué etapas del ejercicio en que se encuentren sin dejar de enseñarles cómo activar esos músculos y cómo entrar y salir del ejercicio de manera segura.

Bailarina clásica de vocación, ha sido formada con los mejores maestros de ballet de Buenos Aires, Argentina. Desde hace mas de quince años, en Alicante, lleva diariamente la tremanda labor de hacer efectivo un entrenamiento completo que estirará y fortalecerá el cuerpo y mente de sus clientes y alumnos a través del movimiento; ayudándoles a hacerse más fuerte, más conectados a sus cuerpo y más flexibles.

Sobre el arte, las razones de su amor por el método, de sus años de formación y de lo que tiene planeado para el futuro nos lo cuenta la siguiente entrevista.

 

La entrevista

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www.pilatesalacarte.com

¿Cómo es la estructura de una clase de pilates?

En principio, no hay una estructura prefijada. Joseph Pilates creó originalmente una serie de ejercicios para hacer sobre una colchoneta que iban en un orden determinado pero no necesariamente justificado.

Desde entonces se desarrollaron las diferentes máquinas de pilates, numerosos accesorios y actualmente se diferencia entre clases hechas en las máquinas o en suelo. En ambos casos se trabaja sobre una matriz que normalmente comienza con un «warm up» de movilización suave, a lo que sigue una serie de ejercicios de dificultad ascendente y una relajación o integración al final.

En mi caso particular, sí soy muy formal en la organización de una clase: pienso adónde quiero llegar y organizo los ejercicios progresivamente hacia ese fin. También me importa que haya variedad en cuanto a posiciones (desde horizontal a de pie, y todos los intermedios) y ejercicios (de movilización, de fuerza, para brazos, piernas, y especialmente de columna). Cuando se trabaja con grupos hay que ser más general y amplio en la estructura de la clase porque trabajamos con diferentes cuerpos y problemáticas simultáneamente.

En lo personal, me gusta mucho más dar clases individuales donde se puede trabajar con mucha más profundidad y resultados más dramáticos.

¿Qué aprenden las personas que se forman en tu escuela?

Los centros de pilates no se consideran «escuelas» sino que por esas cosas de la sobre simplificación y la generalización, se los asimila más al concepto de gimnasio/centro de terapias corporales. Yo doy clases de pilates pero incorporo otras técnicas de movimiento en las que me he formado a lo largo de los años y que dan más riqueza al trabajo.

La mayor parte de mi clientela es gente «normal» que sufre en su cuerpo los traumas de la vida en esta cultura urbana y occidental en la que vivimos (hago la distinción con lo oriental porque los patrones posturales y de movimiento son diferentes en los asiáticos). Ya sean lesiones por accidentes o patologías derivadas de vidas excesivamente sedentarias, la mayoría de la población sufre dolores (crónicos y agudos), dificultades para realizar actividades físicas, problemas asociados al estrés, etc.

En mis clases trato de ayudar a la gente a moverse más y mejor para mejorar su respuesta física (y por ende, psicológica) a los desafíos cotidianos. Se trata de dar una verdadera «educación física».

Me he especializado y formado a lo largo de los años en pilates terapéutico, lo que me permite trabajar en programas específicos de rehabilitación o reeducación corporal, ayudar al cuerpo a reaprender, a resolver movimientos en los que tal vez, en su momento, no utilizó la mejor estrategia de recuperación.

Eres bailarina clásica. Las dos estudiamos en un mismo lugar, el estudio Olga Kirowa. ¿Qué recuerdos tienes del Kirowa?

Cuando tenía 5 años mi mamá me llevó a unas clases de ballet cerca de donde vivíamos (Villa Ballester, Gran Buenos Aires) y lo amé inmediatamente. Estudié varios años con Teresa Abelairas que más tarde (luego de varios años viviendo en Zaragoza, España, donde continué en el estudio de María de Avila) me recomendó a Alfredo Gurquel. Allí fue donde conocí el estudio de Olga Kirowa.

Mi primer recuerdo de ese estudio son esas fotos de los maestros que enseñaban allí, dispuestas en el minúsculo hall de entrada y ver por la puerta corrediza de entrada al salón a Estela Deporte, de espaldas, sentada en un banquito, con sus trenzas en forma de diadema alrededor de la cabeza y el palo en la mano dirigiendo la clase.

Era un lugar extraordinario y muy bello: una versión en pequeñito de la gran sala de exámenes de la Academia Vaganova y la gran sala de ensayos de la Opera Garnier. Supo ser el estudio más importante de Buenos Aires, donde daban clases particulares los maestros de más prestigio. Creo que salvo al mediodía, siempre había clases.

En el estudio Kirowa tomé clases con Gurquel y después con Rada Eichenbaum, que tenía una clase larguísima (de más de dos horas) los sábados a la hora de la siesta y que podía incluir desde una barra de más de una hora o convertirse en una clase de repertorio (recuerdo una vez, en la que, de repente, empezó a marcarnos el adagio de la Rosa y la variación de Aurora del acto I, enteros).

También estudié en los dos estudios de Talcahuano 214 (primer y segundo piso e independientes entre sí y con una escalera eterna) con Gloria Kazda y Roberto Dimitrievich.

Y en otro estudio legendario: el de Vasil Tupin, ese largo pasillo que llevaba hasta la casona convertida en un inmenso salón, con los habituales vestuarios minúsculos, la oficina del maestro, con las ventanas que daban al salón y al hall donde se agolpaban las madres a mirar la clase.

¿Quiénes fueron tus maestros más importantes y que recuerdas de ellos?

Siempre consideré un privilegio haber estudiado con tres de los maestros más legendarios que hemos tenido en Argentina: Rada Eichenbaum, Gloria Kazda y Vasil Tupin. También estudié con Roberto Dimitrievich y Estela Erman y de todos ellos intenté absorber con mi cuerpo y mi cabeza lo más posible (que fue mucho) de la cantidad de sabiduría y experiencia que todos ellos tenían para transmitir.

Rada Eichenbaum era un talento intuitivo, genial: siempre me dió la sensación de que improvisaba toda la clase que, sin embargo, resultaba sorprendentemente coherente. En los primeros 10 minutos de clase lograba que tuvieras los grand battements más altos que nunca, el plié más profundo, una flexibilidad inesperada… Un manejo de los tempos, de las dinámicas, extraordinario.

Tupin era el eslabón perdido, la conexión con las grandes escuelas europeas (la rusa imperial, la francesa) de finales del s.XIX, principios del XX. Había estudiado con Madame Egorova y de ahí salía su inconfundible sello: las pirouettes.

Todos sus alumnos se han distinguido por sus pirouettes y la forma en la que enseñaba la técnica del spotting que (lo descubrí un día) venía de la vieja escuela italiana, llevada luego al Ballet Imperial de S.Petersburgo. Tenía unas combinaciones de petit allegro y baterías infernales que te hacía repetir y repetir y después invertir.

Gloria Kazda era el rigor técnico sin concesiones en su máxima expresión. Capacidad de observación y corrección en busca de la precisión del movimiento permanente. Y un oído musical fuera de serie (una vez, paró la clase porque el pianista iba 1/4 de tiempo atrasado, y aunque el pianista intentó defenderse, Gloria tenía razón, por supuesto).

Además era capaz de transmitir esa musicalidad. Tenía una forma característica de enseñar la técnica de puntas. Si uno mira videos de sus alumnas (desde Fontenla a Bazilis u Olmedo) todas atacan el relevé de la misma forma.

Alfredo Gurquel siempre se vió a sí mismo como un precursor y un autodidacta: fue el primero a quien se le ocurrió investigar en la anatomía dura para entender y explicar su enfoque de la técnica de ballet que había aprendido en Europa. A mí me fascinó ese maestro que hablaba de músculos para explicar como ejecutar bien o mal cada paso.

Ahora, muchos años después y con muuuuchos estudios y lecturas relacionadas con la anatomía y el movimiento creo que, como todos los innovadores, cometió errores propios de quien no tuvo con quién confrontar sus teorías, pero sin duda es muy valioso todo lo que inició.

Su sello era toda una serie de estiramientos antes de la clase (que hoy se consideran indispensables, entonces eran una extravagancia) y su técnica para los equilibrios.

Roberto era y es un ser extraordinariamente bello (por dentro y por fuera): tenía unas clases maravillosamente intensas. Los centros eran tremendos: tenía a la mitad del alumnado (incluidos profesionales en activo del Colón) por el suelo resoplando. Es tan generoso: le agradeceré por siempre la oportunidad que me dió de trabajar con él en su Peer Gynt y en la puesta que hizo de Cascanueces bailado exclusivamente (salvo los roles principales) por bailarines adolescentes.

Estela logró una forma muy artística de integrar una carrera muy ecléctica. Ella te daba todo: desde la escuela soviética, hasta la barra a terre o la meditación. Una maestra sumamente creativa y a la vez, incondicionalmente rigurosa.

¿Cómo ves en general a los jóvenes maestros de ballet en la actualidad?

El ballet tiene una forma de transmisión tan antigua como efectiva: oral, kinética y verbal: el ballet se enseña viendo, hablando/escuchando e imitando el movimiento. Es una larga cadena de maestros-alumnos que se vuelven maestros y tienen alumnos que se vuelven maestros, etc….

Hoy en día los maestros cuentan con una ayuda increíble con el video y la internet que hace que todo el conocimiento sea más accesible para todos. Tal vez por eso, no se valora tanto o han perdido importancia otras cosas más intangibles de los maestros de antes. Esa aura, ese carisma, ese respeto religioso que les teníamos… Ahora un maestro es mucho más cercano y accesible y por supuesto, se les toleran muchas menos extravagancias que antes.

¿Qué cualidades tienen que tener para ti un buen maestro de ballet clásico?

Tiene que haber sido un buen alumno: alguien que pudo absorber de sus maestros más que otros. Y tiene que haber tenido buenos maestros. Buen pedigree, dirían en otros contextos; tener sensibilidad para percibir, aunque el talento no siempre se revela espontáneamente, así que hay que poder percibirlo donde se esconda.

Debe ser creativo para recombinar todos sus conocimientos en los miles de clases que dará a lo largo de su carrera, a la par que tener memoria para recordar todo aquello que le dieron sus maestros y su experiencia profesional, una extraordinaria capacidad de observación y análisis, verbalización e imaginación, indispensables para poder hacer correcciones y ayudar a los alumnos a entenderlas y cambiar la ejecución, y por supuesto tener musicalidad, porque la música es la llave que abre la puerta al arte de la danza y a formar no solamente un bailarín sino un artista.

Hoy día es indispensable también tener conocimientos de anatomía y medicina de la danza, porque se trabaja más al límite que nunca del cuerpo humano.

Finalmente, es necesario y quizás imprescindible tener carisma, seguridad y convicción porque la clase expone las vulnerabilidades de todos y es tarea del maestro ayudar a canalizarlas y manejarlas. Ese rol central, de líder que el maestro tiene en la clase, nos pone en la línea limítrofe con el ego excesivo, el afán de protagonismo y otras características no demasiado virtuosas que solo se neutralizan cuando hay una inmensa generosidad y se es una buena persona. La enseñanza siempre es un acto de amor .

¿Qué representa para ti una persona formada y educada en la danza clásica?

La danza clásica es más que una profesión o un pasatiempo practicado durante la infancia y/o adolescencia ya que deja una marcas indelebles en cuerpo, mente y alma. Trabajo con gente que me cuenta que han sido deportistas profesionales, o que han hecho yoga por muchísimos años. Sin embargo, los únicos cuerpos que puedo reconocer casi al instante y sin explicaciones son los de los bailarines clásicos. Hay morfologías y movimientos que nos delatan inevitablemente.

Hay otras habilidades especiales (que yo utilizo permanentemente como maestra en mis clases de pilates): la capacidad de observación global y de detalles, el talento para copiar, imitar e interpretar un movimiento o una posición, y la memoria corporal, coreográfica y espacial.

Y además de esos cuerpos de formas y movimientos característicos, hay una personalidad, una forma de ver la vida que también es inevitable y que tiene sus cosas buenas y no tanto: la disciplina, la constancia, el no darse por vencido, la resistencia al dolor y el sufrimiento, la autoexigencia, el perfeccionismo, la pasión por la belleza y la estética y finalmente, la educación musical…

¿Tus planes a futuro?

Trabajo como instructora y formadora de instructores de pilates desde hace más de 20 años,  y tengo mi propio estudio de pilates en las afueras de Alicante, muy cerca del Mediterráneo (www.pilatesalacarte.com)

En este momento, me gustaría reconectar nuevamente con el ballet pero integrando mi experiencia como profesora de pilates y mi situación actual.

Se dice que la danza es una carrera para jóvenes pero lo cierto es que se es bailarín «hasta que la muerte nos separe». Somos muchos los bailarines retirados que no tenemos acceso a clases, entrenamientos, actividades que tengan en cuenta nuestros físicos educados pero también lesionados en el ballet.

Querríamos seguir bailando pero también necesitamos cuidado para lesiones antiguas y descompensaciones que vienen de nuestras actividades pasadas y actuales (ya sea dar clases, coreografiar o solamente llevar una vida sedentaria).

El cuerpo y la mente del «ex» bailarín tienen necesidades especiales. Veremos adonde me lleva esta nueva búsqueda.

Carolina de Pedro Pascual

 

Body Ballet ® - Carolina de Pedro
La correcta danza clásica para adultos.
Danza clásica, elongación y estiramientos.
Desde 2003

www.bodyballet.es


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