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Danza Ballet

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A solas con John Neumeier

18 febrero, 2008
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Con motivo de la próxima visita que el Ballet de Hamburgo realizara a Barcelona durante el mes de mayo para presentarse en el Gran Teatre del Liceu reproducimos a continuación una entrevista exclusiva a su director John Neumeier realizada por Agustina y Diego Llumá, editores de la revista Balletin Dance.

La misma fue efectuada cuando se encontraba en Buenos Aires para la presentación de su compañía, el Ballet de Hamburgo, en el Teatro Colón.

A solas con John Neumeier – Un contemporáneo del 2000
por Agustina y Diego Llumá – © Balletin Dance, 2000

John Neumeier, uno de los cinco coreógrafos contemporáneos de mayor renombre mundial, llegó a Buenos Aires el mes pasado con motivo de la presentación de su compañía, el Ballet de Hamburgo, en el Teatro Colón. En un extensa entrevista en el Teatro Colón con BALLETIN dance Neumeier destacó el lugar que el primer coliseo ocupa en la escena internacional aunque se lamentó del estado de “decadencia” en que halló esta vez a sus instalaciones.

Más allá de las estupendas funciones de las que también participó nuestro compatriota Maximiliano Guerra, una anécdota -menor, si se la compara con la calidad artística del producto que entregó el conjunto de Hamburgo- merece ser resaltada. El director del Ballet contratado por el Mozarteum Argentino no fue recibido, ni saludado, por la dirección del Ballet Estable ni por el director general del Teatro, desaire que no pasó desapercibido por el artista (ver recuadro)*

En el programa del mes pasado Maximiliano Guerra interpretó un duo con Ana Polikarpova (ver entrevista al bailarín argentino en BALLETIN dance N° 71 marzo 2000) con música de Béla Bartòk. Con La Revista Argentina de Danza Neumeier habló de esta pieza y de su próxima composición que estará basada en la figura de Nijinsky.

Enojo*

¿Estamos muy lejos de poder contar con una obra de John Neumeier en el repertorio de la compañía del Colón?

Eso habría que preguntárselo al director, quienquiera que fuera.

¿No lo han consultado por esta posibilidad?

No. De hecho nadie me ha hablado siquiera. No me ha venido a ver nadie, ni de la compañía ni el director general del Teatro. La única que me vino a ver fue la directora del Instituto Superior de Arte (Ana Masone). Asistí a clases y algunos de los estudiantes de la escuela me parecieron muy interesantes.

Cómo se inició el proceso creativo de Bosquejos Nocturnos, la obra suya que interpreta Maximiliano Guerra?

El origen fue la música (Béla Bartòk, suite de ballet para orquesta) y la historia es la tensión entre dos personas. No es sólo una obra para Maximiliano Guerra. En gran medida es una obra para Ana Polikarpova. No es un solo. Para mí fue importante trabajar con las cualidades de esta mujer. El eje es la relación entre Maximiliano -de características muy masculinas- y una mujer que es extremadamente fuerte y no está dispuesta a ser llevada o sólo a conformarse con ser algo lindo. Se convierte en un auténtico conflicto para él.

Parece una declaración feminista.

Es un ballet. Cada uno puede leer lo que quiera en él. Yo intento ser honesto y usar mi arte para comunicar lo que siento. Los sentimientos son muy importantes, porque sentir es el resultado de lo que uno piensa, de la experiencia propia y de lo que hacés. Lo que sentís acerca de algo es lo que le otorga valor.

¿Se sintió cómodo de regresar a la Argentina y volver a trabajar en el Colón?

Habíamos estado con la compañía por primera vez en 1981. Entonces quedé muy impresionado con la grandeza de este teatro. Ciertamente es una de las salas de ópera más importantes del mundo, porque ha preservado un sentido de magia en su auditorio. Al mismo tiempo ya en el 81 había notado que el edificio estaba descuidado. Volvimos nuevamente hace cuatro años y también fui invitado por un ex director del Ballet (el fallecido Carlos Baldonedo) con quien sostuvimos conversaciones bastante serias con vistas a montar una obra mía para el elenco de la sala.

Consejo

“Es importante tomar muy seriamente tu entrenamiento. Lo cual no es una forma de pensamiento muy moderna. La técnica clásica está muy pasada de moda: exige una dedicación muy severa. Este tipo de convicción no es muy actual. Pero la libertad sólo viene después. Una vez que tenemos una técnica podemos ser libres.

Después, hay que tener un criterio con respecto a lo que se quiere hacer. Si alguien quiere ser una estrella para poder viajar por el mundo, no creo que sirva para construir lo que para mí es importante: un artista. Y a mí como coreógrafo me interesa que los intérpretes sean personalidades individuales. Gente que pueda expresarse a través de una técnica. Que no estén ahí para demostrar jeté, pirouette, etc. sino para ser una persona que baila porque eso la hace feliz. Yo puedo sentir esa felicidad. Desde el principio, la disposición de un bailarín en la clase no debe ser la de alguien que se somete a una serie de ejercicios como si fueran una tortura; pues gracias a ellos será capaz de hablar”.

¿Y cómo encontró al Teatro en esta ocasión?

Me puso contento y triste a un tiempo. Contento porque me reencontré con esta sala estupenda. Pero triste porque veo que el teatro está en una situación aún más decadente que en todas las anteriores visitas que hicimos. Creo que tendrían que hacer algo si es que el teatro va a seguir existiendo.

También ha aprovechado el viaje para interiorizarse por la conexión entre Buenos Aires y Vaslav Nijinsky.

Sí. Siempre estuve interesado en la vida de Nijinsky y ahora estoy trabajando un ballet sobre él, que se va a presentar el 2 de julio en una exhibición que se está desarrollando en Estocolmo. Visité la iglesia San Miguel (en la que se casó Nijinsky el 13 de septiembre de 1913 con Rómola Pulszky) y el hotel (Majestic) en el que se alojó durante su estadía en la Argentina.

¿En qué va a consistir esta obra?

No lo sé aún. Tenemos una historia muy interesante y una figura extraordinaria. De todas formas no es mi idea hacer un documental acerca de la vida de Nijinsky.

Pasando a otro tema, ¿Prefiere abocarse a la creación de obras argumentales sobre las abstractas?

Nunca estuve interesado en la abstracción. Fundamentalmente porque creo que es una palabra equivocada. Un ballet no puede ser abstracto cuando se interpreta con el cuerpo humano, que difícilmente pueda ser considerado abstracto. Una obra es mas una cuestión de forma que de argumento/abstracción. Yo no estoy confinado a ningún tipo particular de ballet. La acción puede contar una historia o, lo que es más importante, una situación.

¿Qué clase de historias le gusta narrar?

Historias que serían muy difíciles de poner en palabras. Para mí eso que en los viejos tiempos llamábamos narrativo y eso que llamábamos abstracto está mezclado en mi trabajo y en mi evolución.

¿Cuánto de su obra depende del material humano con que trabaja?

Todo. La coreografía es siempre un diálogo. Mi coreografía surge de mi propia danza. No soy un coreógrafo estático. Tengo que probar los movimientos en mi propio cuerpo para conocer cuál es la reacción emocional al movimiento.

¿En qué se fija cuando tiene que escoger a un bailarín para su compañía?

Primero en el físico: si la persona tiene las proporciones que yo considero ideales. Luego la habilidad técnica. En el mundo de hoy estas capacidades están muy desarrolladas porque creo que las escuelas hoy han mejorado muchísimo. Y luego prefiero contar con individualidades. Deben ser todos iguales en la mentalidad, en el sentido de considerarse a sí mismos artistas antes que acróbatas, y de estar abiertos a algo que yo les puedo dar. Afortunadamente tenemos la escuela. Dos tercios de los miembros de la compañía surgen de la escuela.

¿Cuáles son esas ventajas?

Que así los bailarines jóvenes tienen conocimiento de mi visión antes de ingresar a la compañía. Yo soy el director de la escuela también. Tenemos el Ballet Zentrum, que es un complejo de estudios, oficinas y el internado (que aloja a alrededor de 40 personas). Es un microcosmos, un pequeño universo en el que estudiantes y bailarines profesionales conviven en el mismo medio. Esta cooperación entre una institución educativa y otra unidad, una compañía profesional, es extremadamente importante.

¿Le interesa la enseñanza de ballet?

No, realmente no soy un maestro. Pero enseño historia de la danza, porque lo considero un tema muy interesante.

¿Qué significa ser contemporáneo hoy?

Es ser continuador, es estar haciendo ahora. No hay mejor preparación que la danza clásica. Si está hecha correctamente, el bailarín será capaz de ir cambiando progresivamente y hacer lo opuesto técnicamente. En otros períodos de la historia existía un sólo tipo de danza, lo que era muy limitante. En el pasado hubo un gran conflicto entre danza moderna y clásica, que llevó a expresiones de modernidad pretensiosas y completamente artificiales. Contemporáneo hoy es ser capaz de hacer muchas cosas y de cambiar. En mi propia obra, por ejemplo, tengo por una parte Sacre (en base a La Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky) y Cuadros de Bartók que son muy diferentes. Me gusta coreografiar aquello que me gustaría ver sobre el escenario. Si después estoy contento con el resultado -circunstancia que no se suele dar con frecuencia- entonces la pieza es buena. Y es correcta, inmensa y… contemporánea, porque yo estoy vivo. De eso estoy seguro: No estoy muerto (risas).

Un argentino más con Neumeier

El joven bailarín Cristian Abad, que se encuentra cursando la escuela del Ballet de Hamburgo con una beca de la Fundación Pierino Ambrosoli de Suiza, se afianzó en su carrera internacional. El mes pasado, las autoridades de la escuela le confirmaron que permanecerá hasta completar el curso en el Ballett Zentrum con vistas a ingresar a la compañía profesional que dirige John Neumeier, en el 2001.

“Me pusieron en el VII año de la escuela y estoy trabajando un poco con el ballet”, escribió a BALLETIN dance Abad a poco de desembarcar en Europa. El alumno de la escuela del Teatro Colón viajó a Alemania con una beca auspiciada por esta Revista Argentina de Danza y la fundación suiza.

Al cierre de esta edición ya había bailado junto a la compañía profesional y además le habían ofrecido que aprovechara las vacaciones del verano europeo para seguir capacitándose en Mónaco. Abad ya bailó en Ilusiones de El Lago de los Cisnes, Mahler, Sueño de una Noche de Verano y algunos roles que encaran sólo los alumnos avanzados. Además el argentino está aprendiendo el repertorio de obras de Neumeier. “Hago las clases con el ballet, en la semana tengo clases de alemán, composición (tengo que inventar algún ballet), carácter (muy fácil para mí ya que ya aprendí todo esto en el Colón), moderno y repertorio”, señaló como colofón el intrépido bailarín. Copyright © Balletin Dance – 2000. Fotos seleccionadas por Danza Ballet

personalidades  A solas con John Neumeier
personalidades  A solas con John Neumeier
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en Danza Ballet

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© 2009 Danza Ballet

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