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Danza Ballet

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Alicia Amatriain, bailarina de ballet


14 mayo, 2007
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Siempre tuvo claro que iba a dedicarse a la danza, desde su primer contacto con este arte a la corta edad de 4 años.

En febrero de 2006, Alicia Amatriain, bailarina principal del Ballet de Stuttgart, recibió el premio alemán de baile Futuro 2006.

El Euskalduna va a disfrutar del trabajo de la bailarina donostiarra en ‘El lago de los cisnes’, junto a la estrella Igor Yebra. Será el miércoles.

Por Iratxe de Arantzibia

Siempre tuvo claro que iba a dedicarse a la danza, desde su primer contacto con este arte a la corta edad de 4 años. Durante el periodo de 1985 a 1994, se formó en el Conservatorio de Donostia-San Sebastián, bajo la supervisión de Peter Brown. A los 14 años, ingresó en la Escuela de John Cranko en Stuttgart. En 1998, ingresó en el Ballet de Stuttgart como meritoria, pasando posteriormente al cuerpo de baile, a la categoría de demi-solista para ser elevada directamente al rango de Bailarina Principal, en 2002.

– ¿Qué alicientes tiene ‘El lago de los cisnes’ del Ballet Nacional de Lituania con el que va a actuar en Bilbao?
– En realidad, es una producción rusa, muy fiel al original. Sin duda, El lago de los cisnes es uno de los ballets más característicos. Es como si fuese el top de los ballets clásicos. Un amante del ballet tiene que ver cualquier Lago, sea de quien sea.

– Tiene como partenaire a Igor Yebra en el rol de Príncipe Siegfried, ¿ha trabajado antes con él? ¿Qué destacaría de él?
– Sólo hemos podido ensayar cuatro días en Stuttgart. La verdad es que tengo ganas de hacer el espectáculo ya y ver cómo sale todo en escena. Igor tiene mucha personalidad, carácter. Antes de preparar este Lago, no lo conocía personalmente. Es un partenaire fantástico y todo el mundo sabe lo buen bailarín que es. Pero, sobre todo, yo destacaría su personalidad.

– El año pasado fue la primera vez que actuó profesionalmente en San Sebastián y ahora, en Bilbao. ¿Hay una presión diferente al actuar en casa?
– Va a ser la primera vez que actúe en Bilbao. Es especial porque, hasta que el año pasado actué en San Sebastián, había estado esperando durante mucho tiempo actuar allí, algo así como unos diez años. Además, tener entre el público a la familia es, en cierta manera, lo peor, porque me pongo mucho más nerviosa. Les quiero tanto que me pongo nerviosísima.

– Lleva casi media vida formándose y trabajando en Stuttgart, ¿siente diferencias entre el público vasco y el alemán?
– El público de Alemania me conoce, me ha visto crecer como persona y como bailarina. Allí no me conocen. De lo que recibí el año pasado, me pareció un público fantástico. Para mí, bailar en San Sebastián fue el momento más especial de mi carrera, porque sabía y sentía que, entre el público, estaba la gente que me quería.

– Forma parte del Ballet de Stuttgart desde hace nueve años. Ha ascendido por toda la jerarquía de la compañía, desde el cuerpo de baile hasta Bailarina Principal. ¿Qué características destacaría del Ballet de Stuttgart?
– Personalidad. Tenemos técnica, partenaires, limpieza… De siempre, la personalidad de los bailarines ha sido una característica del Ballet de Stuttgart. Somos una familia, una compañía que siempre está junta. Sin duda, la personalidad y la calidad.

– Como bailarina, ¿qué tipo de roles se adecúan a sus características?
– Soy más una bailarina lírica que la típica de los 32 fouettés. No le he dado importancia a convertirme en una máquina bailando sino a ser una persona. Me encantan los roles dramáticos como Tatiana de Onegin, Julieta de Romeo y Julieta, Margarite Gautier de La dama de las camelias. Bailar Quijote, El lago de los cisnes o la Bayadère es otra cosa, pero, definitivamente, me quedo con los roles dramáticos.

– El año pasado fue excepcional para usted: Premio Futuro 2006 en Essen y Premio Revelación en Gipuzkoa. ¿Cuál fue más especial, el galardón alemán o el de su tierra?
– Los dos fueron especiales. Ser reconocida en Alemania no me lo esperaba para nada. Respecto al Premio Revelación de Gipuzkoa, cuando me enteré en casa, lo primero que hice fue llorar. Era una manera especial de que se acordasen de mí. Cada galardón fue muy especial en su terreno. No les doy importancia a los premios, aunque sí los considero un halago. Prefiero que el público llore conmigo o que se ría, a tener un trofeo en casa.

– Precisamente, este año, sus primeros profesores, Peter Brown y Águeda Sarasua recogían el reconocimiento de la Asociación de Profesionales de Gipuzkoa, por su aportación a la danza. ¿Qué le inculcaron a usted?
– Puedo decir que Peter y Águeda me dieron la mejor base. Aquí, en Alemania, me limpiaron y me hicieron lo que soy ahora. Peter y Águeda aceptaron que me daban la base y que no podían hacer más por mí. Fueron lo suficientemente honestos como para aceptar que no podían darme más, así que vine a Stuttgart.

– Forma parte de la larga lista de bailarines vascos en el ‘exilio’. A su parecer, ¿cuáles son las causas de la diáspora de intérpretes vascos?
– En primer lugar, creo que los bailarines vascos lo llevamos en la sangre. Lo peor es que todos nos tenemos que ir fuera. Ahora, al final, Ángel [Corella, bailarín principal del American Ballet Theatre] va a estrenar una compañía clásica en España. En el único sitio donde se ha reconocido nuestro talento es fuera. No sé exactamente de dónde viene el problema, porque no estoy muy en contacto con España.

– Después de este ‘Lago’ en Bilbao, se anuncia su participación en la segunda gala de ‘Los vascos y la danza’, en el mes de junio. ¿Qué va a bailar?
– Aún no estoy segura de qué voy a bailar, pero sí sé que actuaré junto a Jason Reilly. Creo que una de las dos piezas será Le grand pas de deux de Christian Spuck, una obra cómica. Adoro bailarlo; es durísimo, pero disfruto mucho escuchando al público reírse. Eso será el 11 y 12 de junio, en el Palacio Euskalduna de Bilbao.

 

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