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Danza Ballet

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Célida Villalón, la amante máxima del ballet

28 octubre, 2007
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Carolina de Pedro Pascual

Nombre: Carolina de Pedro Pascual
Correo: por medio de este formulario

Editora de Danza Ballet® Web y Danza Ballet®Revista de Colección.
Profesora Danza Ballet® Vagánova y Body Ballet®.
Estudio Ballet Barcelona® www.ballet.barcelona

Ver formación académica y currículum


Célida Villalón ama la danza como pocos. Su largo historial en este campo es bien conocido en los círculos críticos del mundo del ballet de Nueva York, igual que lo fue anteriormente en los de La Habana.

“El grado sumo del saber es contemplar el por qué” Sócrate.

Especial para Danza Ballet® 2007.

Su dedicación a ese arte le ha merecido que sus comentarios sobre el tema, donde quiera que aparezcan publicados, merezcan respeto y admiración.  Los acontecimientos de los tiempos que le han tocado vivir, la han llevado a transitar un camino colmado de encuentros con personalidades notables, y gracias a su inteligencia y cultura, ha sabido atesorar y transformar en doctrina y enseñanza cada conversación, cada lección y cada revelación. Las máximas personalidades del mundo han bailado ante sus ojos, aportando de esta manera a su vida una riqueza y una sabiduría única.

Conocí a Celida Villalón por leer sus críticas en revistas de danza, pero confieso no me atrevía a entablar amistad, debido al alto grado de respeto que me inspiraba. Sabia de su colaboración  con la International Encyclopedia of Dance (Oxford University Press, New York, 1996) una Enciclopedia formada por mas de 2000 artículos escritos por académicos expertos de varios países. La Enciclopedia abarca todo el amplio espectro de la danza algo así como “la Biblia de la danza”. Villalón formo parte de los “expertos” que intervinieron en este trabajo. También sabía de su libro, “Pro-Árte Musical y su Divulgación de Cultura en Cuba”, publicado con todo éxito en 1990.

Por recomendación de una conocida decidí finalmente a contactarme con ella y confieso que he quedado fascinada y deslumbrada no solo por su encanto y educación, sino por su historia. Una vida llena de sucesos extraordinarios que merece ser compartida y conocida por todos los balletomanos del mundo, una historia que hoy desde Danza Ballet revelamos ante todos gracias a su generosidad y excelsa sencillez.

Es una verdadera suerte y un privilegio contar con su electa amistad, leer sus ricos y vastos comentarios sobre lo que sucede en los principales escenarios de Nueva York, ciudad donde reside desde 1959, y sobre todo compartir la misma pasión que une a los que amamos el divino arte de la Musa Terpsícore.

¿Cómo llega el ballet a su vida y en qué momento?
La vida me colocó muy cerca del movimiento artístico-musical más importante de Cuba: la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, fundada en  1918 por una distinguida dama cubana, Maria Teresa García Montes de Giberga. Pro-Arte, como era llamada la asociación dentro y fuera de la isla, trajo a mi tierra  a los más importantes concertistas, cantantes, bailarines y conjuntos (de orquesta, corales, de danza y drama)del mundo. Aquí es justo señalar que la institución siempre estuvo regida por una directiva totalmente compuesta por mujeres, y hay quien opina que fue la primera sociedad feminista de América Latina. Con la construcción de su Teatro Auditórium, en 1928, situado a solo dos puertas de mi casa, se  abrió para mí, a muy temprana edad, un mundo hermoso, lleno de música. Desde muy pequeña asistí a los conciertos, y después de terminar mis estudios, fui a trabajar como parte del personal administrativo de la institución, dedicando mis esfuerzos a su  Escuela de Baile, primera en su clase fundada en Cuba en 1931, y Alma Máter de los hermanos Alonso, Fernando y Alberto, así como de Alicia Martínez, conocida hoy mundialmente como Alicia Alonso. Abandoné este maravilloso mundo cuando Cuba fue regida por una dictadura, y la liberta individual le fue negada a todo ciudadano. Por designios del destino, para mi suerte, no me tocó presenciar el triste final de Pro-Arte, cuando la benemérita institución fue desmantelada y aplastada por la dictadura castrista en 1967.

¿Estudio Ud. ballet o alguna arte escénica?
Tomé unas pocas clases en mi niñez, pero pronto mi familia comprendió  que estaría mejor de espectadora que de intérprete.

¿Le gusta la música clásica? ¿Cuáles son sus compositores favoritos?
Me encanta la música clásica, especialmente (y cómo no iba a ser), Tchaikowsky, seguido de Rachmaninoff y Chopin.

¿Piensa que todas las grandes melodías clásicas pueden ser bailadas?
Todas las grandes melodías pueden ser bailadas,  y la prueba fehaciente de esto la ofreció el coreógrafo Leonide Massine, cuando compuso “Presages”, sobre la Quinta Sinfonía de Tchaikowsky, y “Choreartium”, usando la Cuarta de Brahms. Lamentablemente, muy pocas compañías  incluyen esas monumentales obras  en su repertorio en el presente.

Se piensa o se pensaba que el ballet es un “arte selectivo” y hay que poseer una cierta cultura para acercarse a la “cultura del ballet”. Después de la masificación que ha habido a partir de la década del 80, piensa que le ha servido este movimiento a la danza clásica para mantenerse en lo alto o la ha bajado del pedestal?

El ballet ha pasado por varias etapas. La primera era dorada de la danza en el mundo occidental  (por supuesto, después de la era romántica) surge con Diaguileff y su Ballets Russes en 1909, en París. A su muerte, la danza decae,  aunque la revolución bolchevique de 1917 da lugar al primer grupo de exiliados famosos (Balanchine, Spessitseva, Nijinsky, Karsavina, Pavlova, y los maestros legendarios,  principalmente,  Nicholas Sergeyev, que hizo posible montar en el mundo occidental, todas las antiguas coreografías de Petipa,  Ivanov, etc. por haber traído con él a Londres, las anotaciones coreográficas de dichas obras).

Cuándo habla sobre las grandes figuras que conoció que seguramente han sido muchas, no puedo dejar de pensar  que gran parte de la historia de la danza clásica ha pasado por su ojos y su vida. ¿Se siente como referente de toda una etapa de lujo en la historia del ballet,  una época dorada?
No me atrevo a reclamar ese honor para mí. Te repito, Dios me colocó en un ambiente artístico  privilegiado, y tuve la suerte de que mi camino se cruzara con el de grandes figuras de la danza que conocí personalmente en Cuba, y fuera de ella. Ausente de mi tierra, continué cultivando mi pasión, y en esta ciudad maravillosa en que vivo, ha sido muy fácil mantener mis contactos con la mejor danza del mundo, y admirar en el escenario las nuevas luminarias que han ido surgiendo.

¿Cuándo se marcho de Cuba como fue su vida; como logra relacionarse con el ballet en Nueva York?
No fue  fácil. Vine sola a U.S.A. en mayo de 1959, y por suerte empecé a trabajar muy pronto, pero como había dejado atrás a mis hijos, esposo y madre,  mientras lograba establecer  cierta comodidad para que pudieran seguirme, me dediqué a asistir a los espectáculos de ballet que aparecían en cartelera,  tratando de mitigar la soledad que me acosaba sin mis seres queridos.  Gracias a eso pude sobrellevar la tristeza de la separación y el destierro. Al fin mi familia pudo reunirse conmigo antes que el año 59 terminara. Luego de mi completa adaptación al sistema de vida estadounidense,  y rodeada nuevamente de mis seres queridos, mi vida siguió un curso normal, y mis visitas a los teatros  continuaron más placenteramente que antes. En 1961 tuve mi primer contacto personal, como público, con el Ballet Kirov. ¿Qué puedo decirte de la excelencia de la muy jovencita  Natalia Makarova, de Yuri Soloviev, de Ninel Kurgapkina, etc., a quienes ví bailar en el antiguo Met, en la calle 30 del oeste de Manhattan? Fue como realizar un largo sueño. Fui testigo accidental de la construcción del Lincoln Center, porque mi trabajo estaba situado muy cerca de la construcción y podía apreciar el adelanto de las obras diariamente. Nunca olvidaré la primera vez que entré en el State Theatre del magnífico complejo, para ver el musical “The King and I”, un espectáculo inolvidable, para el que Jerome  Robbins  había compuesto una hermosa estampa bailable. Recuerdo también con emoción, cuando ese teatro fue declarado (en sorna) “la casa de Balanchine”, y el New  York City Ballet comenzó a ofrecer  temporadas  de dos meses de duración cada una, dos veces al año. En una de esas subió a escena “Don Quixote” de Balanchine, sobre música de Nabokov… Pocos pudieron deducir en aquel estreno  inolvidable, que con el tiempo, la obra podría ser  tomada como la declaración  de amor de Mr. B. a Suzanne Farell, su alumna, y musa favorita.  Después conocí al Joffrey Ballet y sus estrellas, donde  ví bailar a Kevin MacKenzie (hoy director artístico de American Ballet Theatre) junto a la brillante Francesca Corkle.  Continué siguiendo muy de cerca las presentaciones de las compañías americanas, en especial con el ABT y el NYCB,  con los principales bailarines de la época (Lupe Serrano, Nora Kaye, Igor Youskevitch, John Kriza, Nicolás Magallanes, Allegra Kent, Patricia McBride, Edward Villella, etc.) En plena guerra fría, llegó el Bolshoi a esta ciudad, con  Vladimir Vasiliev y Ekaterina Maximova a la cabeza; a ellos siguió  Maya Plisetskaya en  la “Carmen” de Alberto Alonso, con  Alexander Godunov como un rubio Don José, y Sergei Radchenko, el torero original del estreno en el Bolshoi. Pocos años más tarde vino el magnífico Ballet de Stuttgart, y descubrí a la incomparable brasileña Marcia Haydee, junto a Richard  Cragun, en las innovativas coreografías de John Cranko (¿quién no sintió emoción al presenciar “La Fierecilla Domada” o “Euene Onegin”?, y tantos otros más que harían este recuento demasiado largo).

Mientras vivía en Cuba Ud. tenía relaciones con los Ballet Russe de De Basil, como nos ha contado en la nota “NO OLVIDEMOS AL “OTRO” BALLET RUSO”  ya que los conoció en su plena actividad ¿puede contarnos como era su vida en estos momentos?
En esa época de la segunda guerra mundial, yo era una adolescente, y aquellos atractivos rusos me hacían soñar que cada uno de ellos podía convertirse en mi Príncipe Azul. Debido a  la huelga de la compañía rusa en La Habana,  algunos de los bailarines estaban muy necesitados de ayuda. Mi  grupo de amigas, incondicionales del ballet como yo, nos ocupamos de ayudarlos en lo que fuera posible, y esos momentos se convirtieron en los “highlights” (puntos culminantes) de nuestras tranquilas existencias.  Mi interés en la danza se volvió una obsesión después que  ví el ballet “Paganini”, de Michel Fokine, en la maravillosa interpretación de Alexandra Denisova (primera esposa de Alberto Alonso) como el Genio Divino. Comencé a trabajar en Pro-Arte coincidiendo con el nombramiento de Alberto y Denisova como directores de la Escuela de Baile. Poco después me interesé en escribir: Primero lo hice sobre ballet, pero cuando la T.V. llegó a Cuba, también escribía sobre los programas musicales televisados. Mis comentarios eran leídos diariamente en una transmisión radial  llamada “Con la Manga al Codo”,  programa de comentarios y chismes d la farándula, muy gustado en esa época. Más tarde pasé a escribir en revistas y periódicos. Después de estar bien ubicada en Nueva York, continué escribiendo sobre danza en distintas publicaciones, hasta editar un folleto y un libro sobre mi tema favoarita: el desarrolla del ballet en Cuba…. Lo demás, como dice el dicho, “es historia”…

Ha conocido personalmente a los más grande bailarines, bailarinas y coreógrafos de la historia, ¿qué recuerdos tiene globalmente de ellos, impresiones, aspectos en común, como definiría a estas grandes personalidades?
Tuve contacto directo con todas las figuras contratadas por Pro-Arte, especialmente  los bailarines. Entre esos  puedo mencionar a André Eglevsky, que llegó a Cuba con su hijo Andrusha, de cortos años, y su esposa Leda Anchutina, en avanzado estado  de gestación de su segundo hijo. El “Apolo” de Eglevsky en 1946 fue una revelación, igual que el de Igor Youskevitch, un año después. Igor también trajo al amable  sol de La Habana a su esposa, e hija María. Rosella Hightower fue huésped de La Habana cuando fue invitada a bailar “Carnaval” de Fokine, y la Reina de las Willis, en la primera “Giselle” vista en Cuba, en 1945, con la Escuela de Pro-Arte y Alicia Alonso. También conocí a  Antón Dolin, que vino con  su grupo que incluía a la gran Alicia Markova, dama elegante de sencillo trato, junto a Marjorie Tallchief (hermana gemela de Maria Tallchief) y George Skibine. Yvette Chauviré bailó en Pro-Arte con un grupo de bailarines franceses un poco antes de mi partida, pero mi alma estaba tan atribulada  en esos días  por los desagradables  acontecimientos  del momento, que poco recuerdo de su actuación. Años antes, el Ballet Theatre completo había venido  a la isla, e hice muy buena amistad con Barbara Fallis, que vivió luego en Cuba, cuando se unió al Ballet Alicia Alonso. El Joos Ballet, Martha Graham y su Conjunto, Ballet Charrat, el Ballet de Pilar López, de Mariemma, etc. etc. todos bailaron para los asociados de Pro-Arte. Vamos a dejar la lista ahí, porque se puede volver aburrida si es demasiado larga.

¿Nos puede mencionar cuales han sido sus bailarines mas admirados y por que?
Hubo varios muy admirados, como Irina Baronova, Tatiana Riabouchinska, Yura Lazowsky, Yurek Shabelevsky, Paul Petroff, y Roman Jasinsky, del Original Ballet Russe, que ocuparon un lugar muy especial en mi corazón por mucho tiempo,   pero cuando vi bailar a Mikhail Baryshnikov en Nueva York, muchos años después, a raíz de su deserción, él pasó a ocupar  todos los  espacios de mi alma.

¿Su ballet más “amado” y su ballet más “odiado”?
Entre mis ballets favoritos, hay más de uno: De los antiguos clásicos, “Lago” se lleva la palma, a pesar de  los arreglos que ha recibido de infinidad de coreógrafos; “The Dream”, de Ashton también ocupa un sitio muy especial en mi preferencia. Entre los neo-clásicos, “Serenade”, primer ballet de Balanchine compuesto en América, y “Dances at a Gathering” de Jerome Robbins, los sitúo en un  lugar privilegiado  entre mis gustos. No creo odiar ninguna obra coreográfica, pero siento poco interés en ver trabajos inspirados en música repetitiva (minimalista), o  con pasos fragmentados y obtusos.

Al volver a las fuentes y pensar en el desarrollo de los acontecimientos a lo largo del la historia ¿Piensa que la danza clásica tiene futuro y el reconocimiento que merece? ¿Hay nuevas personalidades a quienes rendirles admiración y veneración como en la década del 60, 70?

Hoy día creo que el ballet no está en la misma categoría de los años  60 y 70. En calidad, sí, pero en el interés del público, parece haber perdido el primer lugar. En esa época anterior que menciono, surgieron en occidente los tres rusos, Rudolf Nureyev, Natalia Makarova y  Baryshnikov, quienes elevaron la danza clásica a alturas insospechadas, y sus carismáticas personalidades convirtieron los medios publicitarios en un verdadero circo. No era extraño: Nunca antes el público había visto bailar así, y la locura se apoderó de todos por igual. Pero esa locura no era solo de los amantes de la danza clásica, sino que los que escribían sobre ella, también parecían estar envueltos en ella; aparte,  muchos corógrafos importantes se apresuraban a componer trabajos para el maravilloso trío. Sin embargo, ahí estaba Fernando Bujones, ganador en 1974 de la Medalla de Oro en la Competición de Varna, y poseedor de una técnica extraordinaria, que por haber coincidido su premio con el exilio de Baryshnikov, la prensa no le dedicó toda la atención  que él deseaba y merecía.  No obstante, Bujones fue el primer bailarín principal hispano que volvería a abrir las puertas a nuestra etnia (ya antes los tres Alonso lo habían hecho), y hoy día la danza cuenta con montones de magníficos bailarines que hablan en la lengua de Cervantes, y  pueden medirse en el escenario con cualquiera de otra nacionalidad.

Hace poco leíamos en Danza Ballet que estuvo en la despedida de Alexandra Ferri en el ABT, y nos comentaba que había sido una noche memorable, también en la despedida de Julio Bocca, dos figuras que han formado una de las parejas mas míticas, fantásticas y perfectas de los últimos tiempos, sin duda ya han pasado a la historia de los grandes. La generación de estos bailarines, Bocca, Darcey Bussell, Alexandra Ferri, ha sido mas inteligente que otras, digamos en como han sabido manejar sus carreras, retirarse en lo alto y sobre todo valorar y  formar su vida privada? (Ferri y Bussell ha sido madres las dos en dos oportunidades)

Las ambiciones son malas consejeras. Ferri, Bocca y Bussell tienen todo mi respeto y admiración, porque  han sabido decir adiós a las tablas, estando aún en total dominio de sus facultades. Lamentablemente, hay otros/as que extendieron su presencia en la escena más tiempo del prudente, negándose  a ver las señales inequívocas  que en silencio  les decían,”basta ya”…..

¿Qué le queda a una estrella, cuando por cuestiones de edad, cuestiones naturales relacionadas al paso del tiempo abandona los escenarios? Varias bailarinas no soportan el hecho de ser olvidadas por su público, no soportan vivir con esa carencia afectiva y sobre todo no toleran la proeza de vivir sin una exposición permanente. A raíz de esta postura continúan largos años bailando, rozando a mi entender la tristeza y el ridículo ¿Qué piensa sobre esta actitud?
Es su deber transmitir la sabiduría adquirida a través de años de dedicación y estudio, como es también su obligación dejar el camino libre para que otros/as  ocupen ese lugar privilegiado cuando llegue el momento.

¿Cómo ve la situación actual del ballet en Cuba bajo la dirección de la Sra. Alicia Alonso? ¿Fue Fernando Alonso un referente cultural en la creación y en el desarrollo del ballet en Cuba?
Este es un tema que me toca muy de cerca y me duele demasiado. Detesto el actual  régimen de Cuba por ser una dictadura, y por haber destrozado mi país. De la misma manera, no perdono a los que han colaborado con la dictadura cubana, con miras a mantenerse en posiciones de gran poder. Fernando Alonso fue el iniciador de la  Escuela de Ballet en 1950, anexa al entonces llamado Ballet Alicia Alonso, hoy conocida como la Escuela Cubana de Ballet;  no obstante, hace muchos años (para ser precisas, 1974, cuando el matrimonio de Fernando y Alicia terminó), su carrera y méritos fueron echados a un lado, al ser obligado a marcharse a Camagüey, en lo que muchos llamaron “un exilio en su propia tierra”. Sin embargo, la presencia de Fernando en dicha ciudad, situó a la compañía camagüeyana  en el mapa, aunque después de su retiro, muy poco sé de ella. Aún así, Fernando continúa viviendo en Cuba,  y no parece tener intenciones de distanciarse del régimen. Todos también sabemos que el Ballet Nacional de Cuba tuvo sus inicios como Ballet Alicia Alonso, y fue fundado por los dos hermanos Alonso, incluyendo a Alicia como su estrella principal, junto a Youskevitch. Y ya que hablo de la Escuela,  hay muchas profesoras excelentes  dedicadas a enseñar ballet en Cuba– entre ellas Ramona de Sáa, alumna de Fernando desde los años 50, y directora de la Escuela desde hace muchos años –,  que a pesar de entregar sus vidas a ese magisterio, son casi desconocidas fuera del país. Cada vez que se menciona  la Escuela Cubana o el Ballet, se nombra a Alicia solamente. No obstante, acaban de aparecer en Danza Ballet, para gran sorpresa mía, dos artículos provenientes de Cuba, que dedican infinidad de elogios a la labor de de Sáa como profesora. El propio bailarín Carlos Acosta, en su reciente biografía (No Way Home, Harper Press, 2007) la menciona como “salvadora de su carrera”. A juzgar por esa nueva tendencia de que alguien en Cuba se atreva a encomiar la labor de la profesora de Sáa,  se nos antoja que su anonimato está en proceso de ser reparado.

Varias anécdotas se conocen sobre la creación en torno al ballet “Carmen” que Alonso creo para Maya Plisetskaya y sus desacuerdos con Alicia Alonso, nos puede comentar algo …..
Yo llevaba nueve años fuera de Cuba cuando Alberto hizo “Carmen”, pero según lo que él me ha contado a través del tiempo, por mis contactos familiares con él, su musa fue Maya Plisetskaya, bailarina muy distinta a la Alonso. Cuando Alicia quiso bailar “Carmen” en Cuba, después del estreno en el Bolshoi, Alberto me contó  haber tenido que cambiar algunos pasos, para que la coreografía le fuera mejor al estilo de Alicia. A propósito de esto, “Carmen” ha vuelto a ser reincorporada al repertorio del Ballet cubano, pero por supuesto, Alberto nunca ha devengado  un centavo por derecho de autor. En ese mismo caso está Jorge García, bailarín exiliado en Portugal desde 1966, y coreógrafo del ballet “Majísimo”, obra que el Ballet de Cuba ha presentado muchas veces, y nunca ha abonado a García lo que le corresponde por derechos de autor.

En estos momentos bailarines cubanos triunfan en escenarios internacionales demostrando una precisión técnica e interpretativa que roza lo sublime como el caso de Carlos Acosta. ¿Los bailarines cubanos y su escuela son actualmente lo que eran los soviéticos hace 30 o 40 años atrás?
Indiscutiblemente que los bailarines cubanos de la actualidad son magníficos, como también lo son los españoles y los argentinos. No obstante, opiniones laudatorias sobre la técnica de los cubanos, que a veces lucen algo exageradas, me temo que en algunos casos están  motivadas por simpatías políticas, más que por la realidad. Referente a la calurosa opinión de los extranjeros sobre el mismo tema, no dudamos sea objeto de curiosidad  que una pequeña isla de sólo 11 millones de habitantes,  produzca  bailarines al por mayor. La realidad es que la producción masiva no puede decaer, porque  en cada jira, la compañía pierde unos pocos que, o se exilian, o simplemente se “quedan” en el extranjero. No creo que le sea difícil a los nativos entender por qué hay tantos compatriotas  estudiando ballet…  La danza es un aliciente que el ciudadano de la actualidad necesita para tratar de mejorar su precaria existencia. Ser bailarín en Cuba también representa un título de prestigio (la danza es uno de los deportes favoritos del régimen), además, viajar fuera del país  puede cubrir otras necesidades, como adquirir  artículos que no existen en Cuba; por último, y de más importancia, está el hecho que viajar trae consigo la posibilidad de conseguir una vida de total libertad fuera del país. Sobre este asunto del exilio de los bailarines, algún día hablaremos más ampliamente…. hay montones de ellos regados por el mundo, y si a estos sumamos los que se “quedan”, el número es aún más sorprendente. Aquí  en Nueva York he visto bailar a Carlos Acosta varias veces, y su técnica es impresionante, como lo es el estrellato alcanzado, nunca visto antes en alguien con el color de su piel. Sobre José M. Carreño, al que también he visto bailar infinidad de veces con el ABT, hay que decir que es un partenaire sobresaliente, y un danseur noble de superior calidad. Hay también bailarines cubanos en compañías de la categoría del San Francisco Ballet, Boston Ballet, Miami City Ballet y Orlando Ballet, en América, igual que en el  English Nacional Ballet, del Reino Unido,  pero ¿dónde están los coreógrafos  cubanos de relevancia internacional? Uno solo,  pero con relativos triunfos, acude a la mente: Alberto Méndez, ya retirado (Alberto Alonso es de época anterior). Respecto al repertorio, las obras que el Ballet Nacional de Cuba  presenta en la actualidad, muchas originales de la “assoluta” (quien hoy también ostenta el título de coreógrafa), y otras rehechas hasta la saciedad, merecieron el siguiente comentario de Nadine Meisner, asistente al Festival de Danza de Cuba del año 2002, que a continuación traducimos: “La danza fue la mejor característica del Festival; la peor fue ver a estos sublimes bailarines, atrapados como moscas en los desastrosos montajes y creaciones de Alicia Alonso –   Dancing Times, Londres, febrero, 2003”,

¿Qué ideal de ballet y que prototipo de bailarín le gusta mas el ruso, el francés, inglés …..
Ya sea ruso, francés, inglés o estadounidense, prefiero el bailarín/bailarina de estilo límpido, con alguna emoción contenida, y en variadas instancias, técnica brillante, aunque hacer infinidad de pirouettes (muy de moda últimamente) no significa todo en la danza clásica. No me gustan los movimientos fríos.  Creo que ya sea en el braceo, en la posición del cuello,  en la amplitud de los hombros y teniendo una espalda plegable,  el bailarín debe mostrar algo de emoción personal que surge de muy adentro.

Imaginemos que pudiéramos llevar el tiempo atrás y  Ud. elige dedicarse de lleno a ser bailarina ¿dónde iría a estudiar? ¿Cuál es a su entender la escuela mas completa para la formación de bailarines?
Creo que, sin duda, en la escuela del Kirov (o Instituto Vaganova, como es llamada en el presente), la de la Ópera de París, o la del Royal Ballet de Londres, me hubiera gustado aprender ballet, sin olvidar la escuela danesa. Una difícil selección, no hay duda, pero guiándome por el corazón, el Kirov hubiera sido mi elección definitiva. Si vamos  al estilo  neo-clásico, no obstante, hubiera preferido  la Escuela de Ballet Americana, para aprender el currículo de Balanchine, de gran velocidad, precisión y limpieza.

¿Puede hablarnos de Mikhail Baryshnikov?
Como dije antes, me tocó en suerte ser testigo de la era de Nureyev, Makarova y Baryshnikov en América. Me siento  bendecida por haber podido asistir al debut de Misha en la Gran Manzana (julio de 1974). Estaba anunciado “Giselle”, con Makarova e Ivan Nagy por el ABT, en el State Theatre del Lincoln Center (en esa época las temporadas veraniegas de la compañía eran en ese teatro, más tarde serían en el vetusto Met). Yo tenia entrada para esa noche, y cuando llegué  al teatro, ví el cartel que anunciaba el cambio de reparto: Nagy iba a ser sustituído por Baryshnikov…. Yo me pellizcaba, pues no podía creer en mi enorme suerte. Ya Misha había acaparado la prensa con su exilio y su debut en Canadá…. Apenas salió a la escena esa noche, el teatro se puso en pie como una sola persona…. después, ¿qué decirte? Ví desarrollarse una historia que aún conmueve el alma y eriza los brazos si la revivimos.  Makarova fue una Giselle gloriosa, con inflecciones  distintas, estaba inspirada…. la Reina de las Willis era Martine Van Hamel, otra colosa de largas piernas, y técnica impecable. Las  Willis estuvieron a la altura que se esperaba.  ¿Qué más puedo añadir después de aquellos “brissés” maravillosos de Baryshnikov en el Acto II, que indicaban su desesperación, y trajeron la casa abajo?  El final resultó apoteósico, cuando Albrecht va dejando caer los lirios, uno a uno, mientras retrocede de la tumba de Giselle, y deja una hilera bien demarcada de flores en el suelo del escenario……y cayó la enorme cortina. Se hizo un silencio absoluto…. un minuto en que el aliento quedó suspendido, y enseguida…..  la gritería, las patadas, los aplausos…. Nadie quería marcharse del teatro. Flores para Makarova, y una corona de laurel para Baryshnikov. ¿Qué hacer para calmar a aquella turba enardecida, que no los dejaba marchar? Después de largos minutos de saludos, ella depositó sus flores a los piés de él…. y él le colgó del cuello a ella su corona. Con eso, el público pareció sentirse satisfecho, y comenzó el éxodo hacia la calle, para formarse un remolino de gente frente a la puerta de entrada y salida del escenario. Por allí desfilaron montones de personajes importantes de la vida neoyorquina del momento, que habían acudido detrás del escenario a darle la bienvenida al maravilloso ruso, entre ellos Jacqueline Kennedy Onassis, quien fuera gran amante del ballet, especialmente del ABT, y contribuyente a la compañía en varias ocasiones (en la actualidad, Carolina Kennedy se cuenta entre  los patrocinadores)

¿Natalia Makarova?
La vi y aplaudí montones de veces. El estreno de  “Other Dances” que Robbins creó especialmente para ella y Baryshnikov, con música de piano de Chopin, fue muy especial para mí, por ser una pieza íntima, hermosa, y llena de momentos sutiles que necesitan la interpretación de un par de colosos como esos dos rusos. Siempre he tratado de mantenerme a cierta distancia de los grandes artistas, para que mis opiniones particulares sobre sus trabajos no se vean influenciadas por mi contacto  personal. Son seres humanos, y como todos los humanos,  tienen sus defectos… por eso prefiero su persona escénica… es mejor así.

¿Conoció a George Balanchine?
Igual que lo anterior. Este “monstruo” sagrado está entre los intocables. Siempre lo he admirado y juzgado a la distancia.

Rudolf Nureyev…
Un personaje muy difícil y arrogante, según definiciones de personas que lo trataron personalmente. Sobre lo demás que preguntas, contesto igual que lo anterior…..

Maya Plisetskaya …
La adoré desde que la descubrí en la cinta fílmica que, entre otros,  contenía “La Fontana de Bakshisarai”. Su maestría y fogosa personalidad me dejaron admirada. He seguido adorándola hasta el día de hoy. Fue rebelde, y por eso su Carmen, como ella ha dicho más de una vez, es inmortal… Nunca se dobló ante las dictaduras. ¡Bravo por ella!

Margot Fonteyn …
La conocí personalmente en un viaje que hice a Nueva York en 1957, antes de marcharme de Cuba definitivamente. Fonteyn tenía contrato con Pro-Arte para bailar con la Escuela de Baile en “Lago de cisnes”, con Michael Somes, en febrero de 1958, y hablé con ella por teléfono, para aclarar ciertos detalles del viaje. Me invitó  a un cocktail party que celebraba en el Essex House en esos días. En fin de cuentas no pude asistir, y algunas semanas después, ella canceló su viaje y el de Somes  a La Habana, y fue sustituida por  Alicia Markova en su segunda visita a Cuba, trayendo con ella como compañero  al bailarín  Michael Maule.

¿MacMillan es el gran coreógrafo del Royal Ballet?
MacMillan merece todo el respeto que se ha ganado, pues tiene varias obras de arte en su haber, pero yo prefiero a Ashton en muchas cosas… Es una lástima que su obra no esté más difundida por el mundo.

¿Qué futuro tiene la danza respecto a nuevas coreografías?
Si bien el ballet está bien servido a través de las  magníficas futuras estrellas que cada año emergen de las distintas academias existentes a todo lo largo y ancho del planeta, el mundo de la coreografía no parece tener sus filas tan repletas. No hay duda que en la actualidad hay varios magníficos hacedores de bailes, cuyos nombres suscitan respeto y admiración (como Christopher Wheeldon, Twyla Tharp,  Alexei Ratmansky, William Forsythe, Stanton Welch. y de más reciente promoción, Jorma Elo), pero  a ninguno de ellos le ha sido pasado todavía el cetro que aún pertenece a Balanchine, Robbins, McMillan y Ashton.

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editora  Célida Villalón, la amante máxima del ballet
Natalia Makarova. Gentileza Célida Villalón para Danza Ballet® Web. Barcelona, 2007.

 

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