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Desmontando a Giselle


10 mayo, 2013
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La ballerina & El Comandante explora con todo lujo de detalles y una abundante documentación, la interrelación entre Alicia Alonso y los hermanos Castro.

Por Iratxe de Arantzibia

Todo el mundo tiene su precio. Así pensaba el multimillonario Howard Hughes (1905-1976), que acuñó la conocida sentencia. Al parecer, 200.000 pesos fue el precio de Alicia Alonso, según afirma la escritora Isis Wirth (La Habana, 1964) en su nuevo libro La ballerina & El Comandante (Editor, François Bourin), primera biografía en francés de la Prima Ballerina Assoluta y fundadora del Ballet Nacional de Cuba (BNC). Graduada en Historia del Arte, la autora trabajó durante una década en el BNC, época en la que dirigió el programa radiofónico “Ballet”. Actualmente afincada en Suiza, Wirth publica así su segundo libro, tras Después de Giselle (Aduana Vieja, Valencia, 2008).

Con el quíntuple de la cantidad ofrecida por el presidente Fulgencio Batista (1901-1973), Fidel Castro y ‘La Cobra Negra’ —apodo impuesto en su etapa en el American Ballet Theatre— sellaron un pacto de mutua colaboración que, superando todo tipo de obstáculos y circunstancias, ha pervivido durante más de cinco décadas. Ésa es la tesis principal que sostiene la escritora y crítica de danza cubana a lo largo de las 240 páginas de su ensayo. Según su punto de vista, la pasión sin mesura por el poder es el pegamento que ha unido el destino del dictador y la diva del ballet. De un parte, para los hermanos Castro —Fidel y Raúl—, el Ballet Nacional de Cuba era una eficaz herramienta de propaganda a nivel internacional, así como un valioso embajador cultural de la Isla. Para Alonso, la consecución del poder por los Castro le puso a sus pies todos los recursos económicos, de infraestructura y lazos políticos para alcanzar su sueño: una compañía internacional de primera línea, el nacimiento y consolidación de la escuela cubana del ballet, y, sobre todo y por encima de todas las cosas, la consagración de la ‘Gitana Cubana’ como la Assoluta sin parangón.

Hija de Antonio Martínez, veterinario del ejército, y de Ernestina del Hoyo, modista, Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, la menor de los cuatro vástagos de la pareja, nació en la Habana el 21 de diciembre de 1920. Siguiendo los consejos del médico de la familia, la joven Alicia comenzó a tomar clases en la academia de Pro Arte Musical con el profesor ruso Nicolás Yavorsky, haciendo su debut en escena a la tierna edad de once años, en el rol de las pequeñas ratas del vals de “La Bella Durmiente”, en el Teatro Auditorium de la capital cubana —hoy Teatro Amadeo Roldán—. En las aulas de Pro Arte Musical, la aún Alicia Martínez coincidió con los hermanos Fernando (La Habana, 1914) y Alberto Alonso (La Habana, 1917 – Gainsville, Florida, 2007), junto con los que forjó el triunvirato que revolucionó la danza en la Isla. Dispuestos a experimentar el sueño americano, Alicia y Fernando se establecieron en Nueva York y contrajeron matrimonio civil a finales del invierno de 1938. Alicia adoptó legalmente el apellido de su marido, Alonso, y de esa unión nació la única hija de la Assoluta, Laura. Su curriculum personal se completa con un segundo matrimonio en 1975, con Pedro Simón, crítico de danza, director de la revista Cuba en el Ballet y del Museo Nacional de la Danza del país caribeño.

Dentro de su trayectoria profesional, Alicia estrenó su etapa americana bailando en musicales de Broadway como “Great Lady” (1938) o “Stars in your eyes” (1939). Posteriormente, se unió al Ballet Theatre —denominado American Ballet Theatre, ABT, a partir de 1956—, dirigido por Lucia Chase y Richard Pleasant. Con la compañía estadounidense vivió uno de los grandes hitos de su carrera. La repentina enfermedad de Alicia Markova (1910-2004) le ofreció la oportunidad de encarnar el rol de “Giselle”, el 2 de noviembre de 1943. Cuenta la leyenda que el éxito fue fulgurante y que, según salió de escena, un balletómano le arrebató las zapatillas de punta de sus pies, exclamando: “¡Para la historia!”. A partir de entonces, el rol de la frágil campesina traicionada y transmutada en espíritu de doncella doliente —Willy— se convirtió en un emblema para la Assoluta cubana. En el ABT, ‘La Cobra Negra’ trabajó con grandes coreógrafos del siglo XX como Michel Fokine, George Balanchine, Léonide Massine, Bronislava Nijinska, Antony Tudor y Agnes de Mille, entre otros. Formó pareja artística con Igor Youskevitch (1912-1994), con quien fue invitada a los Ballets Rusos de Monte-Carlo. Pero no todo fueron mieles en su periplo americano, sufrió su primer desprendimiento de retina del ojo derecho, en 1941. Sus problemas de visión marcaron de forma trascendental su devenir sobre los escenarios.

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Alicia Alondo y Fidel Castro © Festival Internacional de Ballet de La Habana

Paralelamente a su carrera internacional en los principales teatros del mundo como el Bolshoi de Moscú o el Kirov de Leningrado o con las compañías más prestigiosas como el Ballet de la Ópera de París o el Real Ballet de Dinamarca, la ‘Gitana Cubana’ fundó el Ballet Alicia Alonso, el 28 de octubre de 1948, embrión de lo que más tarde se denominó el Ballet Nacional de Cuba (BNC), nomenclatura que adopta en 1959, año del triunfo de la revolución castrista y año en el que, además, fue nombrada Prima Ballerina Assoluta. Como complemento a su compañía homónima, fundó en 1950 la Academia Nacional de Ballet Alicia Alonso, donde se forjaron las siguientes generaciones de bailarines cubanos y se pergeñó el método pedagógico de la calificada como escuela cubana de ballet. Inicialmente, fue dirigida por Fernando Alonso y, desde 1965, por Ramona de Saá (La Habana, 1941).

La ballerina & El Comandante explora con todo lujo de detalles y una abundante documentación la interrelación entre Alicia Alonso y los hermanos Castro. Por devoción ideológica o por conveniencia al hilo de sus propias ambiciones, la ‘Cobra Negra’ fundó un emporio de ballet en la Isla, a cambio de ser fiel a los principios fundadores del castrismo, según sostiene Wirth en su extenso ensayo. Episodios como la celebración de la “epopeya castrista y la victoria del pueblo” con el estreno de “Despertar” (24 febrero 1960) o el homenaje a Tania la guerrillera (1968) son una muestra de la connivencia con el poder. A lo largo del más de medio siglo de coexistencia entre Alonso al frente del BNC y los hermanos Castro también ha habido fricciones y situaciones problemáticas como las detenciones de miembros de la compañía por las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) a consecuencia de su homosexualidad o la deserción de diez integrantes de la formación durante su participación en el Festival de París (1966).

El deseo irrefrenable de continuar sobre los escenarios hasta avanzada edad, convirtió a la entonces septuagenaria Alicia Alonso en una caricatura de la excepcional bailarina que fue en su juventud. En opinión de la escritora cubana, este hecho supuso un freno para la carrera de generaciones de bailarines isleños como las denominadas por el decano de la crítica de danza Arnold Haskell ‘cuatro joyas del ballet cubano’ —Loipa Araújo, Aurora Bosch, Josefina Méndez y Mirta Plá— o impulsó el nacimiento del movimiento contestatario de las ‘cartistas’ —Rosario Suárez, Mirtha García y Caridad Martínez—. Las hermanas Feijóo —Lorena y Lorna—, los Carreño —José Manuel y Joel— o Xiomara Reyes son algunos de los exponentes más recientes de la escuela cubana. Según el punto de vista de la autora, en la actualidad, Carlos Acosta (Los Pinos, 1973), el ‘Mulato de Oro’, proyecta su sombra sobre el imperio de Alicia Alonso, con claras aspiraciones a perpetuar su liderazgo internacional en el ballet dentro de la Isla. Difícil el desafío del ‘Misil Cubano’: epatar a la Assoluta, sus prestigiosos premios internacionales, sus numerosos doctorados honoris causa, sus 130 distinciones nacionales y 180 reconocimientos mundiales es un reto de enormes dimensiones.

Pero la nonagenaria Prima Ballerina Assoluta ha sobrevivido al MacCarthysmo, a la Guerra Fría, a un mundo dividido en bloques, a sus problemas de visión, a la deserción de miembros del BNC, a traiciones profesionales y personales e incluso al propio Fidel Castro en el poder. Según la tesis de Wirth, como una perfecta encarnación de una Willy de su emblemático título “Giselle”, Alicia Alonso ha sido fiel a su promesa con los Castro para mantenerse mutuamente en el poder, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la adversidad y hasta que la muerte los separe. Aunque, atendiendo a diferentes declaraciones de la ‘Cobra Negra’, ella promete vivir 200 años, así que, aún siendo la Isla un estado laico y socialista, ¡Dios salve la Reina del Ballet Nacional de Cuba! ©cubaencuentro.com

*Iratxe de Arantzibia es licenciada en Derecho y en Periodismo por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Trabaja como periodista, crítica de danza y responsable de comunicación.

 

La ballerine & El Comandante. L’Histoire secrète du ballet de Cuba

  • Autora: Isis Wirth
  • Editor: François Bourin
  • Colección Les Moutons noirs
  • 240 páginas
  • Precio: 22,00 €
  • ISBN: 978-2-84941-379-1
  • Código Sodis: 752 503.4
  • www.bourin-editeur.fr
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Alicia Alonso “Giselle” ©Tonatiuth-Gutiérrez

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