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Danza Ballet

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Jerome Robbins llegó a las cumbres de la danza. A ambos (a la danza clásica y a la comedia musical) les fue fiel y ecuánime


13 agosto, 2020
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El ballet y Broadway fueron pasiones inalterables en el corazón del gran coreógrafo y director teatral y de cine Jerome Robbins, que murió en su casa neoyorquina a los 79 años, como lo informamos en nuestra edición de ayer.

A ambos (a la danza clásica y a la comedia musical)les fue fiel y ecuánime. En cuanto a creatividad, su genio se desarrolló libremente en ambos caminos a alturas que no llegaron otros coreógrafos de su nacionalidad.

Jerome Robbins, nacido en 1918 con el apellido Rabinowitz, era conocido en el ámbito del ballet por su sobrenombre, Jerry. Sobre todo, por la pléyade de figuras del New York City Ballet, célebre compañía que formó George Balanchine donde Robbins fue coreógrafo cofundador. Originario de la ciudad que dio nombre al elenco, sólo se inició en la danza en 1936 y en un género que también marcaría su carrera: la comedia musical.

bailarines de ballet  Jerome Robbins llegó a las cumbres de la danza. A ambos (a la danza clásica y a la comedia musical) les fue fiel y ecuánime
Suzanne Farrell, choreographer Jerome Robbins and Patricia McBride, pictured during rehearsals for the New York City Ballet’s “The Four Seasons”. Credit: Martha Swope Collection/New York Public Library for the Performing Arts.

Apenas cuatro años más tarde ingresó como bailarín en el American Ballet Theatre, plantel en el que asumió importantes papeles y donde, en 1944, creó su primera coreografía, “Fancy Free”, que logró enorme éxito por lo que sería la esencia de su estilo: la simbiosis de la escuela clásica con la idiosincrasia norteamericana en movimientos que alían el lirismo con el swing. Su arte fue mundialmente reconocido cuando creó, en 1957, la coreografía de “Amor sin barreras” (“West Side Story”), con música original de Leonard Bernstein.

Su idea de hacer de “Romeo y Julieta” una historia contemporánea, ambientada en un barrio neoyorquino, con danzas que tomaron el ritmo y la esencia de los jóvenes de esa ciudad, fue brillante. Entre otras, realizó las comedias musicales “Billion Dollar Baby”, “High Button Shoes”, “Look Ma I´m Dancing” y, en 1964, la exitosa “El violinista en el tejado”.

Elegancia natural

Su estilo, volátil, ligero, de intensa musicalidad y adaptado a la longilínea estética de los bailarines norteamericanos, introdujo una nueva elocuencia al clasicismo. En general, las obras de Robbins, sin argumento, definían sutilmente ánimos, temperamentos, sensaciones. La natural elegancia de su lenguaje no necesitaba aditamentos para arribar a climas de enorme seducción exclusivamente a través del baile.

Quiso hacer experiencias aparte del NYCB y formó su propia compañía:Ballets USA, que hizo su debut en el Festival de Spoleto de 1958. Después de “Amor sin barreras” se despertó en él un especial interés por los códigos de la juventud de los años 50, que ya había mostrado en la comedia musical y, posteriormente, en la exitosa película del mismo nombre, que Robbins codirigió junto a Robert Wise. Con su elenco y en coreografías como “Moves”, “Opus Jazz” y “N.Y. Export” mostró rasgos que marcaron a aquella generación.

Más adelante, con una beca gubernamental, de 1966 a 1968, se dedicó a explorar diferentes formas teatrales que incluían danza, canto y textos en una serie de proyectos experimentales que nunca se mostraron al público.
Regreso al hogar

Al término de esa etapa regresó al NYCB como coreógrafo residente de la compañía. Con su sempiterna barba entrecana, sarcástico, con la sola mira en su quehacer, trabajaba a la par de Balanchine y era respetado en su misma medida. A la muerte de éste, cuando ingresó Peter Martins como director del elenco, Robbins ya era calificado como el máximo de los coreógrafos norteamericanos en la vía neoclásica y no tuvo rival en lo suyo.

Aunque el NYCB era su niña mimada, otras compañías tienen algunas de sus obras, como el American Ballet Theatre (ABT), el Kirov y la Opera de París. Muy celoso de cómo y de quiénes harían sus coreografías, sólo permitía que se montaran en aquellos elencos que suponía superlativos. Excepcionales son “Dances at a Gathering”, “Golberg Variations” y “Piano Concerto in G”.

Más tarde, en 1989, una comedia musical se convirtió en celebración de su propio arte. Se tituló “Jerome Robbins´ Broadway”.

Este año, el NYCB había comenzado a poner en marcha las actividades que festejarían sus bodas de oro como coreógrafo de ese elenco. Heredera de la mayor parte de su patrimonio creativo, ahora este cincuentenario tendrá carácter de homenaje, no sólo de esa compañía, sino del universo del ballet, que hoy despide a uno de sus más grandes artistas.

Recuerdos

En Buenos Aires se vieron muy pocas de sus obras por cuanto jamás vino aquí el elenco que las tiene como base. Pero entre las que se pudieron apreciar, “Others dances”, con música de Chopin, quedará imborrable en el recuerdo de los espectadores. Robbins la montó en el ABT, para Mikhail Baryshnikov y Natalia Makarova. Aquí la bailó en distintas oportunidades Julio Bocca, a quien el coreógrafo mucho respetaba, junto a Alessandra Ferri y Eleonora Cassano.

Por Silvia Gsell para La Nación (31 de Julio de 1998).

bailarines de ballet  Jerome Robbins llegó a las cumbres de la danza. A ambos (a la danza clásica y a la comedia musical) les fue fiel y ecuánime
Jerome Robbins (October 11, 1918 – July 29, 1998)

Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

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