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Danza Ballet

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El trabajo coreográfico de Pina Bausch


10 junio, 2006
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Pina Bausch: La mejor coreógrafa del siglo XX. Desde niña Pina Bausch “bailó sus sentimientos”, prefería expresarse en movimientos antes que en palabras. Hoy, a los 63 años de edad, la pequeña Pina Bausch es considerada por la crítica mundial la “Mejor coreógrafa del siglo 20”

Por Vicky Larrain

Así denominada por el público, críticos y algunos de sus pares esta mujer, bajita y delgada ha sentado un precedente fundamental en el género de la danza-teatro. Desde niña Pina Bausch “bailó sus sentimientos”, prefería expresarse en movimientos antes que en palabras. Hoy, a los 63 años de edad, la pequeña Pina Bausch es considerada por la crítica mundial la “mejor coreógrafa del siglo 20”. Desde sus primeras creaciones a finales de la década de 1960, Pina Bausch decía “Lo que me interesa no es cómo se mueve la gente, sino que se mueva”.

Pina Bausch divide quizás todavía las opiniones, pero menos que en sus comienzos, y sus coreografías, calificadas a menudo de “revolucionarias”, no dejan indiferente al público, ya sea satisfecho o escéptico. Creadora potente y obsesiva, Pina Bausch despierta filias y fobias encendidas. Gran parte de una generación de coreógrafos contemporáneos en Europa ha vivido, por lo menos en algún momento de su carrera, la influencia de la danza-teatro realizada con tanta fuerza y acertado oficio escénico por Bausch y su fiel equipo de bailarines y colaboradores.

Pero todavía se recuerdan sus piezas Nelken e Ifigenia en Taúride que hace cinco temporadas provocaron abucheos y deserciones entre el público de abono del Teatro Real de Madrid que esperaba una lectura convencional de la ópera.

Las obras de Pina Bausch no siguen una estructura narrativa ni una progresión lineal. Se construyen más bien a partir de una serie de episodios. Múltiples acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes, la utilización de las experiencias específicas de sus bailarines, de actividades cotidianas, de textos dirigidos a menudo al público y de una gran variedad de músicas en la banda sonora son elementos que llevan el sello reconocible de Bausch y que han pasado a formar parte de un léxico de la danza-teatro en Europa.

Como ha dicho la coreógrafa, “No me interesa el movimiento. Me interesa lo que mueve a las personas. Mis obras crecen desde dentro hacia fuera”

Actitud más vitalista

Sus bailarines son a la vez consumados actores y materia prima que ella potencia a través de las preguntas que les plantea y los retos que les propone. Esta manera de trabajar requiere una fuerte aportación creativa por parte de los intérpretes, muchos de los cuales llevan más de una década en la compañía. Es una situación privilegiada pero no apta para todos. Como se preguntó en una ocasión la bailarina clásica Sylvie Guillem, “¿Trabajar con Pina Bausch? Yo no. Sería como entrar en una secta”.

La exploración del lado más despiadado y desesperado del ser humano (que durante los años 80 arrancó el rechazo de la crítica neoyorquina denominando su obra de “eurotrash” o eurobasura) parece haber dado paso a una actitud más vitalista. Desde mediados de los años 80 la coreógrafa ha creado una serie de coproducciones con distintas ciudades donde la compañía reside y trabaja durante tres semanas, empapándose del ambiente local, su gente, su música, su luz y sus imágenes. Creado a raíz de una residencia de tres semanas en Hong Kong en octubre de 1996, justo en el momento en que se preparaba la devolución de la colonia inglesa a la República China , Der Fensterputzer ( El limpiador de ventanas ) muestra una visión mucho más luminosa y lírica, con momentos de humor. “Lo que recuerdo de la pieza de Hong Kong,” comenta Nazareth Panadero, bailarina de la compañía desde 1979, “Es el viento, lo abierto del terreno, el color rojo, el darse la mano en el sentido de unirte con alguien, y el contraste entre la masa y el individuo. Tengo que decir que las coproducciones no son piezas sobre la ciudad, sino que están inspiradas en las situaciones y las experiencias vividas”.

“En Hong Kong vimos lo mucho que teníamos en común con los chinos a nivel humano, con una cultura que nos parecía en principio lejana y exótica,” dice la bailarina. “Entrábamos en un café y al entablar conversación con la gente nos sorprendió encontrar un temperamento casi latino”.

Una montaña de flores rojas

Imágenes a destacar: una montaña de siete metros de flores de seda rojas en una esquina del escenario o el limpia cristales suspendido en el aire con su cubo frente a la tarea imposible de mantener impecable las superficies de vidrio de los grandes rascacielos de la ciudad. La banda sonora aborda todo un mundo, desde Cesaria Evora, hasta canciones y danzas tradicionales chinas, pasando por Vangelis, música gitana de Rumanía, Burt Bacharach y Dizzy Gillespie. Marcada por un talento innegable, Bausch recibió 32 premios y distinciones desde su primera coreografía, titulada ‘Fragmento’, en 1968.

Pina Bausch desarrolló su propio lenguaje corporal, un nuevo estilo resultante de una mezcla de géneros que ella descubrió a lo largo de su formación entre 1955 y 1958 en la escuela Folkwang de Essen (oeste de Alemania), donde todas las disciplinas artísticas están representadas. Diplomada en 1958 en la Folkwang , Bausch obtiene una beca de intercambio para continuar su formación en la Juillard School of Music de Nueva York, junto a prestigiosos profesores como Anthony Tudor, José Limón o Mary Hinkson.

Pina Bausch trabaja sobre temas predilectos que son especialmente el amor y la muerte, así como las relaciones hombre-mujer, la violencia contra la mujer, y las relaciones entre el individuo y el grupo.

Bausch creó últimamente ‘Nefés’, traída de Turquía en 2003, y ‘Ten Chi’ (‘Cielo y tierra’) a continuación de una etapa en Tokio en 2004.

De bailarina a coreógrafa. Al finalizar la década de los 60, Pina Bausch obtiene cada vez más reconocimiento como coreógrafa. El complejo relacionamiento entre hombres y mujeres es un tema reiterativo de sus piezas, a lo largo de toda su carrera. Su destreza radica en mostrar las debilidades de ambos géneros, mujeres y hombres como víctimas y victimarios. Ya sus primeras coreografías, aún las más tradicionales, basadas en grandes textos de la literatura mundial o piezas musicales, dejaban entrever que algo nuevo estaba surgiendo. La artista expresaba los temas existenciales, como la vida y la muerte, a través de imágenes visionarias y de una fuerza arcaica inusual para la época.

A partir de ese momento dejó de contar una historia, para contar varias historias pequeñas sobre el amor y la ternura, la soledad y el poder.

Durante toda su carrera Pina Bausch se atrevió a ir más allá de las convenciones fijadas y experimentó con improvisaciones de free-jazz , ballet sobre canciones de moda o coreografiando música de Bertolt Brecht y Kurt Weill. En 1969, luego de haber ganado el primer premio en el concurso coreográfico de Colonia, asume la dirección del Estudio de Danza Folkwang y comienza su trabajo docente en la Escuela Superior Folkwang.

El misterio de Wuppertal

Desde 1973 la Bausch dirige su propia compañía, el Tanztheater Wuppertal, que se convirtió en sinónimo de excelencia para el teatro-danza en el mundo. Aunque viaja muchísimo con su ensamble siempre vuelve a la ignota ciudad a orillas del río Wupper. En Wuppertal creó más de 30 coreografías, muchas de ellas en cooperación con instituciones culturales de otros países. Pina Bausch considera imprescindible viajar, en el sentido más amplio de la palabra: tanto dentro de sí, como explorando otras culturas. Es famosa por la energía con la que se lanza en estos viajes exploratorios.

Por ejemplo, en Los Angeles, preparando “Nur Du” (Solamente tú, 1996), visitó clubes de música salsa, bares de strip-tease, un club de boxeo y un templo budista.

Pina Bausch no pretende hacer la réplica exacta de un determinado lugar, sino más bien reflejar las impresiones recogidas por ella y sus bailarines. “No me interesa cómo se mueve el ser humano, sino aquello que lo conmueve”, explica la coreógrafa.

A pesar del éxito mundial, que le abrió las puertas de todos los grandes teatros, Pina Bausch optó por quedarse en Wuppertal.

El dramaturgo alemán Heiner Müller alguna vez dijo que “Solamente en la provincia surge la creatividad, no en las grandes ciudades”, corroborando de este modo la opción de la Bausch.

selecciones bailarines de ballet  El trabajo coreográfico de Pina Bausch
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