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Estreno mundial del ballet Petite Messe solennelle de Martin Schläpfer en Düsseldorf

12 Junio, 2017
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Juan Carlos Tellechea
Periodista y crítico. Nacionalidad: Uruguayo. Lugar de residencia: Berlín. El señor Tellechea se formó en la Universidad de la República Oriental del Uruguay y en la Escuela Latinoamericana de Periodismo. Reside en Alemania desde 1980 (primero en Bonn, y desde 1999 en Berlín) donde colabora con numerosos medios de comunicación de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica. Ver más información

El espectacular y audaz ballet b32 – Petite Messe solennelle, del coreógrafo suizo Martin Schläpfer, con música homónima de Gioacchino Rossini (1792 – 1868), fue estrenado por la compañía Ballett am Rhein con gran éxito este viernes 2 de junio en la Ópera de Düsseldorf.

Schläpfer logra casi irrespetuosamente en su bellísima pieza de poco menos de dos horas de duración (con un intervalo) llevar a una profunda reflexión al público sobre el sentido de la vida, la espiritualidad, la religiosidad y la tendencia innata (muy humana) de procurar la comunicación con alguna supuesta divinidad sobrenatural; todo esto, lejos de tomar partido por una u otra fe.

El director del Ballett am Rhein hace suya, en cierto modo, la irónica dedicatoria del ingenioso Rossini cuando al concluir su obra sacra se dirigía así a quien ciertos agnósticos consideran como el Arquitecto Creador del Universo: Buen Dios – contempla terminada esta pobre y pequeña misa – de verdad es música sagrada (la musique sacrée) que acabo de escribir o meramente algo de música maldita (la sacré musique)? Lo sabes bien, nací para la ópera cómica. Poca ciencia, un poco de corazón, eso es todo. De manera que puedas ser bendito ¡y me concedas el paraíso!

colaboradores bailarines de ballet  Estreno mundial del ballet Petite Messe solennelle de Martin Schläpfer en Düsseldorf
Ballett am Rhein Düsseldorf/Duisburg B.32 Petit messe solennelle ch.: Martin Schläpfer

 

La Petite Messe solennelle, una pieza refinada, elegante que evita toda opulencia sentimental, fue compuesta por Rossini en 1863 en Passy/Francia, donde pasó sus postreros años, y él mismo la describió como el último de sus pecados de vejez (péchés de vieillesse).

Algunos, quizás sumidos en el desconcierto, tras la impresión recibida, pueden tildar de blasfema y atrevida a esta brillante y bien lograda pieza coreográfica (¡enhorabuena Martin Schläpfer!!!). Otros, tal vez, pueden considerarla como profundamente religiosa. Lo cierto es que logra su objetivo, impacta al espectador, lo deja estupefacto, anonadado, adherido a su butaca durante todo el tiempo, sin permitirle un segundo de respiro, y por ende desata la polémica entre los críticos.

Al fin y al cabo la religiosidad es un asunto meramente humano, subjetivo, íntimo, que ocupa al Hombre desde que tiene conciencia de si mismo; desde que se interroga, sin respuesta cierta e inequívoca, más allá de la fe (creer o no creer), para qué y por qué se encuentra sobre la Tierra y qué hay más allá de este breve pasaje terrenal.

Las diferentes confesiones religiosas creadas por el Hombre, bajo la presunta influencia de un llamado mensaje divino, no son un asunto que ataña directamente a esa inextricable e inefable figura que los monoteístas llaman Dios, ser supremo hacedor del universo, y que los politeístas consideran una deidad sagrada a la que se le debe rendir culto.

colaboradores bailarines de ballet  Estreno mundial del ballet Petite Messe solennelle de Martin Schläpfer en Düsseldorf
Ballett am Rhein Düsseldorf/Duisburg B.32 Petit messe solennelle ch.: Martin Schläpfer

Petite Messe solennelle, interpretada por casi toda la compañía en pleno, es además un canto a la filosofía de vida, a la falibilidad humana, al amor, a la sensualidad de las gentes del sur, a la poesía, al teatro, a la danza y a la Commedia dell’arte. La escenografía y el vestuario (Florian Etti), así como la iluminación (Volker Weinhart) ambientan la obra en la Italia de la década de 1940 (en plena Segunda Guerra Mundial). El lugar de encuentro es la plaza del mercado, rodeada de soportales, de algún pueblo perdido de la península. Pero se asemeja también a la sobria y elegante nave principal de alguna pintoresca iglesita cristiana, como las que he visto en la propia Suiza de Schläpfer.

Las figuras allí reunidas nos evocan lejanamente a personajes de los filmes del realismo italiano, Vittorio de Sica (1901 – 1974) o de Luchino Visconti (1906 – 1976), aunque sin ser una copia de éstos. Una bailarina (Camille Andriot) descalza entra al escenario durante la ejecución del Crucifixus (soprano), al promediar la primera parte de la función, y de sus brazos penden numerosos rosarios. Es una terrible carga la que porta, pero no logra entrar en un éxtasis religioso. De pronto lleva la sarta de cuentas a su pecho, como si se tratara de un bebé, se reclina sobre una silla, deja caer sobre su regazo los rosarios, mientras la vida continúa a sus espaldas en el concurrido recinto de la plaza.

Schläpfer, con su inagotable creatividad, rompe con todos los esquemas, especialmente en el Et resurrexit (solistas y coro), pero combina a la vez con unción, temeridad y singularidad la danza moderna con las diversas partes y ritos litúrgicos de la versión original de la obra de Rossini para soprano, contralto, tenor, bajo, coro mixto, dos pianos y armonio (durante la pausa suena, el volumen 12 de su Péchés de vieillesse Quelques riens pour album: Nro. 5 Allegretto moderato y Nro. 21 Andantino sostenuto).

colaboradores bailarines de ballet  Estreno mundial del ballet Petite Messe solennelle de Martin Schläpfer en Düsseldorf
Ballett am Rhein Düsseldorf/Duisburg B.32 Petite messe solennelle ch.: Martin Schläpfer

El Kyrie (coro) es interpretado muy reflexiva y ágilmente por 18 integrantes del elenco; el Gloria in excelsis Deo (solistas y coro) con brillantes pas de deux de cuatro bailarines (Rubén Cabaleiro Campo, Vincent Hoffmann, Marcos Menha y Alexandre Alexandre Simões); el Gratias agimus tibi (contralto, tenor y bajo) maravilloso en los movimientos y rápidas piruetas con 21 bailarinas y bailarines; el Domine Deus (tenor) con gran elevación, por otros 17 miembros de la compañía.

En el Qui tollis peccata mundi (soprano y contralto) el acto de la flagelación la consuman las parejas (Marlúcia do Amaral – Alexandre Simoes, Yuko Kato -Eric White, Julie Thirault – Rashaen Arts) así como Boris Randzio, Alban Pinet y Yoav Bosidan, golpeándose las espaldas con piezas enteras de jamones del tipo Parma; y en el Et vitam venturi saeculi (solistas y coro) los bailarines (entre ellos, Rubén Cabaleiro Campo, Marcos Menha y Bruce Asnar) son exigidos a fondo, tras lo cual se toman una pausa con un cafecito y un pitillo (tabaco en lugar de incienso, para ahuyentar a los demonios) antes del intervalo, mientras el pianista Eduardo Boechat interpreta los fragmentos de Péchés de vieillesse mencionados más arriba.

En el Offertorium: Prelude religieux el elenco termina de fumar y vuelve a toda prisa a la danza con una magnífica estética, fuera de serie, que se mantiene hasta el final (Ritournelle pour le Sanctus, Sanctus (solistas y coro), O salutaris hostia (soprano) que no forma parte habitualmente de la misa, y el Agnus Dei (contralto y coro).

Desde el foso, el coro de la Deutsche Oper am Rhein, la soprano Morenike Fadayomi, la contralto Katarzyna Kuncio, el tenor Corby Welch, el bajo Günes Gürle, los pianistas Wolfgang Wiechert y Dagmar Thelen (en la Petite Messe solennelle) y Eduardo Boechat (en Péchés de vieillesse), así como Patrick Francis Chestnut en el armonio ofrecieron una excelsa versión de sus respectivas partituras bajo la dirección musical de Axel Kober.

Tuvieron que pasar algunos segundos hasta que la fascinada, alucinada platea en trance pudiera reaccionar, aplaudir, ovacionar, proferir exclamaciones y silbidos de aprobación durante prolongados minutos al final de esta inolvidable velada del Ballett am Rhein, titulada b32, que tiene abundancia de movimientos, un cúmulo para expresar, mostrar, sentir y cavilar, y mucho de indescriptible en su ejecución.

Düsseldorf, viernes 2 de junio de 2017. Ópera de Düsseldorf (Deutsche Oper am Rhein). Compañía Ballett am Rhein, dirigida por Martin Schläpfer. Petite Messe solennelle, coreografía de Martin Schläpfer y música de Gioacchino Rossini (1792 – 1868). Escenografía y vestuario Florian Etti. Iluminación Volker Weinhart. Maestras y maestros de ballet Kerstin Feig, Callum Hastie, Antoinette Laurent, Uwe Schröter. Soprano Moreneike Fadayomi. Contralto Katarzyna Kuncio. Tenor Corby Welch. Bajo Günes Gürle. Piano Wolfgang Wiechert y Dagmar Thelen (Petite Messe solennelle); Eduardo Boechat (Péchés de vieilleise). Armonio Patrick Francis Chestnut. Coro de la Deutsche Oper am Rhein preparado por Gerhard Michalski. Dirección musical Axel Kober. 100% del aforo.

 

 

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