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Danza Ballet

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Fall for Dance, en el City Center de Nueva York

16 octubre, 2014
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Célida Villalón

Nacionalidad: Cubana
Ocupación: Crítica de ballet.
Se radicó en Nueva York desde 1959 y escribe en en diversos medios.
Uno de sus trabajos se publicó en la International Encyclopedia of Dance (Oxford University Press, New York, 1996).

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BUEN PLATO DE DULCES OFRECE “FALL FOR DANCE”.

Como cada año, el festival de dos semanas titulado “Fall for Dance”, en el City Center de Nueva York, siempre ofrece programas diversos con artistas de compañías distintas.

La primera función a que asistí resultó de corta duración, en el que se presentaron cuatro compañías internacionales de danza. El acompañamiento fue electrónico, a excepción de uno.

La función dio comienzo con el grupo conocido como “Black Grace”, que es dirigido por Neil Ieremia. Este conjunto presentó dos números, MINOI y PATTI, de los cuales. el segundo,  tenía su premier en esta ciudad. En “Minoi”, los seis hombres presentes, mezclan danzas originales de Samoa, que con ellas se introducen en el mundo occidental, y en la segunda, se les unen cuatro bailarinas, que como el título del ballet indica, se golpean las manos al compás de la música; no hay duda que sea interesante. Ambas obras llevan coreografías originales del director del conjunto, Neil Ieremia.

El Ballet de San Francisco estuvo representado por dos parejas, Sofiane Sylve acompañada por Luke Ingham,  y Vanessa Zahorian con Carlos Quenedit, interpretando una moderna coreografía de Hans van Manen, sobre música de Britten.
Las entradas y salidas de cada pareja, independientemente, le dieron movilidad al trabajo,  y los bailarines demostraron su magnífica capacidad danzaría, en bailes,  muy agradables y novedosos.

Después del intermedio, subió a escena la pieza titulada TWO + TWO, que debe la coreografía a Russell Maliphant. Dos solitarias intérpretes, Fang-Yi Sheu y Yuan Yuan Tan, no pudieron salvar el  baile, muy aburrido y largo, que no decía nada.

No obstante, la perla de la noche estuvo a cargo de los miembros del Mark Moorris Dance Group, que presentó en estreno una obra coreográfica de Morris  titulada WORDS, que le dio luz a la escena, como si hubiera sido iluminada por un rayo de sol y alegría. Alguno de sus simpáticos  momentos  estuvieron acompañados por piezas de Mendelssohn, interpretadas bellamente por Georgy Valtchev al violín, y Colin Flower al piano.

Contrario al título, allí no hubo palabras sino magníficas danzas, donde algunos de los intérpretes simplemente caminaron al irse de la escena. Para  indicar las entradas y salidas, dos bailarinas pasaban de lado a lado de la escena con  una cortina. Había  igualmente  parejas, y puedo cómodamente atestiguar que los diez bailarines y cuatro bailarinas que lo interpretaron, rindieron una magnífica labor de las danzas coreografiada por su director, el impredecible Morris. Dos días después, en la otra función que asistí, volvió  a subir a la escena del teatro un programa formado también por cuatro piezas nuevas para el público que abarrotaba el teatro. Quiero recalcar aquí,  que los bajos precios que el festival le da a los programas cada año, iguales  para todos los pisos del teatro, hace posible introducir a las danza en todos sus estilos, a jóvenes (así como a los de mayor edad) que nunca antes han tenido la oportunidad de conocer lo que la danza.

La función mencionada, dio comienzo con un  trabajo de  Lucinda Childs en la que aparecían ocho bailarines de ambos sexos, ataviados todos en negro, con acompañamiento de sonidos que daban lugar a bailes tan repetitivos como la coreografía.  Tanto el acompañamiento como los cantos  y ruidos que las acompañaban, no lograron impresionar.

La presencia del “Semperoper Ballet de Dresden”– actualmente dirigido por Aaron S. Watkin –, sirvió  para mostrarle al público lo que es el ballet clásico en su más perfecta exposición, por las bellas imágenes que cada una de las seis parejas presentes, individualmente proyectaron.

La coreografía de William Forsythe, autor de los trabajos que aparecieron  en  el ballet titulado “Neue Suite”,  contiene fractura de pasos, que son como la marca personal del coreógrafo y no  podían faltar en esta pieza, y pudieron verse en algunos de los Pas de Deux interpretados esa noche. Las bailarinas tenían piernas largas y bien colocadas para el ballet. Sus “arabesques penchés” eran altos y bien logrado, y la altura de los saltos, así como los “entrechats” de los hombres, muy bien logrados. Mis aplausos para todos.      

El trabajo que continuó el programa, “Apis”, en su premiere mundial, fue un divertido encanto, por los muchos motivos, tanto espectaculares como  cómicos que incluía. La iluminación se merece muchos aplausos, por la pericia del luminotécnico de la compañía, Wilton Taylor que podía hacer que los dos bailarines intérpretes, Sebastián Ramírez y  Honji Wang — ambos son los coreógrafos — , en los primeros momentos, parecía como si Ramírez soñara en tocar a la graciosa y  pequeña oriental (en tamaño), y esta a su vez tratara de tocarlo a él. Una vez logrado el contacto, aparecieron momentos de comicidad de Wang, y otros  de bravura por parte de Ramírez, que es un magnífico bailarín.

Para terminar la noche, el Alvin Ailey American Dance Company que dirige Robert Battle, trajo a la escena la obra titulada  “Minus 16”, original de Ohad Naharin, que usa música de varios compositores, y fue dedicada a Mari Kajiwara, quien fuera esposa de Nahatin y miembro de la compañía por 14 años. Kajiwara falleció en 2001.

Un nutrido grupo de bailarines de la compañía, de ambos sexos – dieciséis entre ellos – muy brillantemente, cerraron el programa.

Con las luces del teatro a medio encender y la cortina aún cerrada, apareció delante de ella un bailarín, que con el sonido de música que tocaba ritmos latinos,    comenzó poco a poco a moverse cómicamente al compás de lo que sonaba.

Después, fueron apareciendo en la escena, uno a uno, dieciséis bailarines más, vistiendo todos traje formal de calle, negro, con camisas blancas abiertas al cuello y fedoras oscuras. Ya en la escena, sentados en pequeños taburetes blancos, comienzan a abrirse las camisas y a quitarse cada pieza de ropa que visten, girando acto seguido, mientras al final de cada vuelta, arrojan una pieza de ropa al suelo y el bailarín que está sentado en el último lugar del círculo, se tira al suelo, terminando todos en paños menores. ¿Qué significa aquel desbarajuste? ¿Rebelarse ante las opresiones que en muy distintas formas sufren algunas sociedades o religiones? ¿Y por qué aquel hombre se tiraba al suelo en cada vuelta? ¿Es que se sentía derrotado, vencido? Esas parecían las causas que el coreógrafo quería indicar.

Después de tan diferentes insinuaciones, la escena se puso en movimiento, con los hombres vestidos como al principio y algunos bailarines bajaron al público y escogieron a unas cuantas damas para bailar seriamente,  movida música de ritmos alegres, mientras el público, puesto de pie, aplaudía ruidosamente. Los aplausos y los gritos de aprobación no cesaban, por lo que los bailarines tuvieron que complacer la insistencia.

Un final muy exitoso, que próximamente, no dudo, volverá a repetirse en el mismo  teatro, durante la temporada que el Alvin Ailey American Dance Theatre anuncia para  el próximo mes de diciembre que ya se aproxima.       

 

colaboradores  Fall for Dance, en el City Center de Nueva York
Mark Morris. Laurel Lynch and Billy Smith in Words Photo Credit – Ani Collier

 

colaboradores  Fall for Dance, en el City Center de Nueva York
Dresden Pavel Mosqvito & Duosi Zhu in Neue Suite. Photo Costin Radu

 

colaboradores  Fall for Dance, en el City Center de Nueva York
Robyn Hendricks from The Australian Ballet. Photography Georges Antoni

 


Ballet Barcelona - Carolina de Pedro Pascual

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